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Enrique Calderón Alzati

La reforma de la educación media superior

Uno de los retrocesos visibles de la sociedad mexicana, y de manera especial entre sus jóvenes, es el decaimiento del interés por la ciencia y por el conocimiento científico. Las dimensiones de las matrículas en las carreras profesionales de matemáticas, física, química y biología se han reducido significativamente durante las últimas décadas a favor de las carreras asociadas a la administración, al mercadeo y a la publicidad. El fenómeno no es particular de nuestro país, algo similar está ocurriendo en otros, incluyendo a Estados Unidos, a partir de los procesos de trivialización de la cultura, como consecuencia del desarrollo de la televisión.

El fenómeno es grave por sí mismo, pero lo es más en cuanto que el escenario mundial es de un acelerado desarrollo científico y tecnológico, que marca el nivel de competitividad y crecimiento económico de las naciones; aquellas que se rezagan se convierten en zonas de pobreza, marginación y desempleo, o a lo más en países generadores de mano de obra barata para las maquiladoras internacionales. Proceso este que ha venido ocurriendo en nuestro país, y que ha sido presentado como un avance por los gobiernos neoliberales, cuando en realidad es la única alternativa posible para tener empleos, aunque éstos sean de los más bajos niveles y con ninguna posibilidad de mejoría para los trabajadores y trabajadoras que se ocupan en ellos.

Cuando existe un problema de este tamaño, es deber del gobierno buscar sus causas y proceder a corregirlas. En este caso, el problema está sin lugar a dudas en el sistema educativo. La Secretaría de Educación Pública cuenta con un diagnóstico, sabe lo que está mal y lo que se debe hacer para corregirlo; sin embargo, tanto el diagnóstico como las soluciones propuestas contienen lagunas que pueden llevar al traste todo el proyecto de reforma educativa que ha sido puesto en marcha.

Una de estas lagunas tiene que ver con la mala formación de los profesores de las disciplinas científicas, y muy particularmente los de física y matemáticas; la reforma educativa plantea la necesidad de cursos de actualización para esos maestros, tanto en aspectos pedagógicos como del contenido de las materias, pero todo ello suponiendo que cuentan con bases sólidas en las disciplinas que imparten, lo cual definitivamente no es cierto en muchos casos, para los cuales los nuevos cursos poco o nada resolverán.

Adicionalmente, la enseñanza de la ciencia requiere de los profesores actitudes abiertas hacia el cuestionamiento, hacia la observación y la búsqueda de explicaciones en torno de los fenómenos que observan, posiciones críticas sobre sus propios conocimientos, actitudes que simplemente no existen entre los profesores, excepto en aquellos casos de científicos de formación que han pasado a ser profesores a partir de su interés por la educación, o bien, por la falta de otras opciones de trabajo (problema relacionado con el modelo de desarrollo económico impuesto al país, en el que se fortalece la escasa importancia del conocimiento en las actividades productivas).

Otro aspecto no mencionado en los diagnósticos es la falta de preparación de los estudiantes y las deficiencias respecto de los perfiles esperados al ingresar a los diferentes niveles educativos. Así, la existencia de estudiantes que al llegar al sistema de educación media superior son incapaces de comprender lo que leen, o que no pueden realizar operaciones con fracciones, ni entender el significado de las expresiones algebraicas más básicas, causando retrasos y desmotivación en los procesos de aprendizaje de sus compañeros, es un problema que no se reconoce ni se menciona.

Al no reconocerse estos problemas, tampoco hay soluciones específicas para ellos. En el caso de los estudiantes mal preparados, las expectativas del sistema educativo son que ellos mismos opten por abandonar los estudios (aceptando implícitamente que la responsabilidad del fracaso es sólo suya) y que con su salida, los niveles de conocimiento mejoren mediante un proceso darwiniano de selección natural, muy acorde con los criterios neoliberales de mercado; de esta manera el problema “se resuelve solo” y la responsabilidad del Estado no existe, aunque el proceso resulte más costoso y se ignoren los daños colaterales. En el caso de los malos profesores, el sistema sabe bien que el engaño implícito en el ofrecimiento de un servicio educativo que simplemente no se da (como es el caso de los telebachilleratos) difícilmente habrá protestas de los estudiantes, sabiendo que ellos aceptan bien el engaño y participan en él, sin percatarse del daño futuro que una mala formación les causará.

En los aspectos de instrumentación de la reforma de la educación media superior, el proyecto no contempla la existencia de mecanismos que permitan dar seguimiento a sus avances y desviaciones, particularmente en lo que se refiere a los profesores, sus actitudes y sus conocimientos, probablemente con la idea de evitar conflictos con el sindicato, pero sin estos mecanismos me temo que todo terminará en loas y congratulaciones que se llevará el viento. La reforma tiene planteamientos positivos y objetivos novedosos, especialmente por su orientación al desarrollo de competencias, pero desafortunadamente son los descuidos y las fallas los que terminan definiendo la suerte de los proyectos de esta naturaleza.

Otra falla de esta reforma es la poca importancia que le da a las tecnologías de la información como herramientas de experimentación, ignorando que siendo la educación esencialmente un proceso de comunicación, han sido los grandes desarrollos tecnológicos en las comunicaciones los que han marcado el rumbo y las formas de los procesos de educación, trátese del desarrollo de la escritura, de la invención de la imprenta, de la aparición del cine y la televisión, cada uno de los cuales ha modificado incluso los paradigmas educativos existentes. Es posible que en este caso la omisión se deba al deseo de la administración actual de desmarcarse del proyecto educativo del gobierno anterior, en el que los excesos cometidos en el proyecto de Enciclomedia han sido motivo de controversias públicas.

Otra posibilidad radica en que los funcionarios de la nueva administración simplemente desconozcan lo que hoy la tecnología puede significar y ofrecer, o que siendo conscientes de ello no sepan cómo instrumentar su integración a los nuevos procesos educativos que desean implantar. En cualquiera de los dos casos, la omisión es grave, porque hace a un lado posibilidades enormes para lograr un avance sólido a corto plazo.

 
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