Usted está aquí: lunes 21 de julio de 2008 Opinión Súperpeso

León Bendesky
[email protected]

Súperpeso

Al final de la semana pasada el dólar se vendió al menudeo en 10.28 pesos y esa semana en la subasta de los Certificados de la Tesorería, Cetes, a plazo de 28 días, la tasa de interés se fijó en 8.02 por ciento, nivel que no se veía desde fines de 2005. La combinación de una apreciación del peso con más altas tasas de interés se da en un entorno franco de crecimiento de los precios que a finales de junio registró una tasa anual de 5.26 por ciento.

En las últimas semanas se advierte un cambio en las condiciones financieras de la economía mexicana. La tendencia marca un periodo de presión sobre la estabilidad que la ha caracterizado recientemente. Las razones de este cambio se han puesto convencionalmente en el alza de los precios del petróleo y los productos energéticos, así como de los alimentos.

La variabilidad de los indicadores como son las tasas de interés y del tipo de cambio en un régimen de paridad fluctuante como el que opera aquí hacen posible, en ciertas condiciones, que se inicien procesos de ajuste que pueden ser deseables. Éste no es necesariamente el caso en las circunstancias actuales en México.

Los ingresos extraordinarios por la exportación del petróleo, medidos con respecto del precio establecido en el presupuesto federal de 2008, están provocando efectos que pueden ser adversos en los meses por venir.

El Banco de México reportó un valor de las reservas internacionales de 85 mil 671 millones de dólares a junio, mientras en el mismo mes del año anterior ese valor había sido de 69 mil 939 millones. La diferencia indica que la entrada de dólares se está gastando y que el nivel actual de la reserva es suficiente para mantener el tipo de cambio e incluso provocar su apreciación. Esto se complementa con la restricción monetaria y la gestión del gasto público.

Los recursos petroleros excedentes no sólo apoyan el valor del peso, sino que están subsidiando el precio de los energéticos (combustibles y electricidad). Con ello se agrava la distorsión de los precios relativos en la economía, situación que después habrá que corregir a un costo muy elevado.

La apreciación del peso cumple en las condiciones prevalecientes un efecto con respecto de la inflación. Se abaratan las importaciones en general y, en especial, las de alimentos, rubro clave de la inflación. Por el lado de los subsidios y por el de la paridad del peso frente al dólar se intenta una estabilización que se basa en una cada vez mayor distorsión de los precios y no en un aumento de la productividad sustentada en una asignación efectiva de los recursos y del financiamiento.

Esta experiencia ya se ha tenido en México, como ocurrió en 1994: usar el tipo de cambio como instrumento de contención del crecimiento de los precios. El resultado fue desastroso.

Si el Banco de México no está registrando el total de la entrada de divisas en la cuenta de las reservas y las mantiene fuera del balance de esa institución, podría seguirse revaluando el peso y no en términos reducidos. Otra vez el gobierno federal está cayendo en la tentación de abatir la inflación y mantener artificialmente la estabilidad engendrando al super peso. En estas condiciones se va a advertir muy pronto qué tanta independencia tiene el banco central o, puesto de otra manera, qué tanto está dispuesto a usarla.

La fuerte entrada de divisas y su impacto adverso en las condiciones financieras generales de la economía se conoce como la “enfermedad holandesa”. La apreciación cambiaria castiga las exportaciones y favorece las importaciones. El resultado inicial puede ser el de abatir la inflación, luego tiene que hacerse cargo de las distorsiones que se generan en la estructura productiva y en el mercado de trabajo.

Durante varias semanas ya el súper peso se ha visto como una invitación a vender pesos y comprar dólares. El proceso sigue y las autoridades financieras y monetarias en el gobierno están llevándolo al límite, ¿por cuánto tiempo más? La racionalidad económica tal como se plantea en la teoría y en la gestión de las políticas públicas está sujeta finalmente a la incertidumbre.

En una economía con tan alta concentración de la propiedad y de la riqueza como es ésta, y dónde los circuitos financieros están prácticamente controlados por bancos extranjeros, los riesgos de un cambio brusco en las expectativas que definen la estabilidad de corto plazo son muy grandes.

El asunto no se limita solamente a una cuestión técnica, sino que se enmarca en los elementos que caracterizan el entorno político. La fragilidad que muestra la estabilidad económica es un reflejo de la que padece el gobierno, que enfrenta elecciones el año entrante y que pueden debilitarlo aún más. Es grande la tentación de usar el tipo de cambio para alcanzar objetivos que lo rebasan.

Otra vez se dilapida la riqueza derivada del petróleo y ésta puede ser la última oportunidad de malgastarla. No hay elementos que permitan pensar que así será. Miguel de Cervantes dijo respecto de la situación española de su tiempo que la gratificación de la ganancia no se encuentra en su mera posesión o en su gasto extravagante, sino en su juiciosa aplicación. Pero esto a quién le importa.

 
Compartir la nota:

Puede compartir la nota con otros lectores usando los servicios de del.icio.us, Fresqui y menéame, o puede conocer si existe algún blog que esté haciendo referencia a la misma a través de Technorati.