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■ El proyecto nada propone para elevar la productividad laboral, señala estudio de UNAM

Dan inmunidad al sindicato petrolero para que apoye la reforma energética calderonista

■ Especialistas advierten sobre el riesgo de entregar al gremio más puestos en el consejo de administración

Patricia Muñoz Ríos

La reforma energética “no toca” en lo más mínimo al sindicato petrolero, ya que se cuidó mantener todas las prebendas a esta organización, porque el presidente Felipe Calderón “busca tener apoyo a su proyecto de parte de esta dirigencia sindical, si no, no funcionaría”.

En el análisis que hizo la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sobre reforma laboral, catedráticos e investigadores de esta casa de estudios coincidieron en tal planteamiento al hacer una radiografía del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), en el cual además señalan que la iniciativa calderonista garantiza las actuales beneficios que tiene la organización, no ataca los problemas de corrupción ni propone aspectos fundamentales para elevar la productividad laboral, controlar la subcontratación ni nada que cambie o modifique la situación gremial.

Todo ello, para garantizar el apoyo del sindicato a la iniciativa del Ejecutivo en materia energética.

Raúl Robles Segura, contralor de la UNAM; Alfredo Sánchez Castañeda, investigador titular de Instituto de Investigaciones Jurídicas, e Irán Lagos Chávez, profesor de asignatura de la Facultad de Estudios Superiores Aragón, quienes hicieron la parte del análisis referente a las relaciones laborales de Pemex, coincidieron en que al dejarse fuera al sindicato de esta reforma laboral, en realidad lo que se hace es vacunar de inmunidad a la organización y su dirigencia.

A la pregunta de si al sindicato le conviene la privatización, Lagos Chávez señaló que a la organización no le conviene, a los trabajadores tampoco, pero a la dirigencia sindical sí.

Igual al caso Telmex

Para responder por qué no se toca al STPRM, el catedrático pone un símil de lo que pasó con la privatización de Telmex, cuyo sindicato tampoco se tocó en todo el proceso de cambio de empresa pública a privada, y éste incluso ayudó en este paso, fue el operador de toda una reforma en la empresa y de la aplicación de la nueva cultura laboral. El dirigente de entonces, que sigue hasta la fecha al frente de la organización, es Francisco Hernández Juárez.

También en cuanto al sindicato, Sánchez Castañeda, del Instituto de Investigaciones Jurídicas, planteó que el Estado, a cambio de que garanticen la “paz social”, permite a los líderes sindicales –de éste y también de otros gremios– manejar de manera autónoma su organización, lo que “en muchos casos se ha convertido en sinónimo de impunidad sindical, falta de transparencia y ausencia de democracia interna”.

El sometimiento de la organización sindical se compensa también con amplias dádivas otorgadas a los líderes sindicales, y este modelo se encuentra plasmado y vigente en las relaciones existentes entre el STPRM y Pemex. Por ello es preciso revisar si las prestaciones laborales “no son en el fondo otra cosa que componendas para los líderes sindicales”, plantea el especialista.

También alerta que en el caso de Pemex el sindicato ha prosperado a costa del Estado, de las finanzas públicas, de la transparencia y de la democracia sindical, y ha generado relaciones laborales perversas, que es uno de los principales obstáculos para que haya una verdadera reforma en la paraestatal. Añadió que una decisión en este sentido tendría que ir de la mano de una revisión y reformulación de varios aspectos del contrato colectivo de trabajo de la empresa.

Raúl Robles Segura, contralor general de la UNAM, quien además trabajó ocho años en Pemex, llama la atención respecto de que incluso en la reforma laboral propuesta se quieren dar más asientos al sindicato en el consejo de administración de la empresa. Advierte, según su experiencia, que “esto es riesgosísimo”.

La representación de consejeros sindicales en al empresa es excesiva, e invariablemente en las juntas de consejo tocan puros problemas laborales, lo cual está bien si es en defensa de los trabajadores, “pero normalmente es en defensa de los intereses del sindicato, y eso evidentemente está muy mal”.

Desde la perspectiva de este especialista, el problema del sindicato prácticamente empezó desde el nacimiento del organismo y se ha ido recrudeciendo. Puntualiza que el problema no es en cuanto al personal, el cual es calificado, digno y comprometido, sino “es de corrupción”, y añade que los aspectos laborales son el gran ausente de la reforma, cuando debían ser uno de los pivotes de la misma.

En este sentido, el análisis de Lagos Chávez apunta que los “gánsteres sindicales” son la tragedia laboral en este país, y que todo parece indicar que la reforma energética “olvidó” o pasó de largo el Pemexgate, la persecusión penal de los dirigentes, los desvíos de dinero del sindicato a campañas políticas. Todo lo obvió en pos del apoyo de esta organización al proyecto de reforma, indicó.

En abono a esta afirmación, Sánchez Castañeda apuntó que dentro de este esquema de organización, administración y relaciones laborales evidentemente también se tiene que revisar la situación salarial de los altos funcionarios de la paraestatal, la cual se ha dejado a la total discrecionalidad de los gobiernos en turno, sin regulación y bajo condiciones, algunas veces, de abuso laboral.

 
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