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A 40 AÑOS

■ La fotografía y el nuevo protagonista social: la juventud

El inicio de la rebelión

■ Los medios dieron cabida en el 68 a la teoría del complot comunista

■ Justificada la represión, se dio amplio espacio a imágenes de la violencia

Alberto del Castillo Troncoso

Ampliar la imagen Es una muestra de la cobertura informativa que la revista Life en español hizo del naciente movimiento estudiantil en México –marcado desde el principio por la brutal represión policiaca y militar– y del mayo francés; las gráficas fueron captadas por Héctor García y Gilles Caron. Abajo aparece la secuencia de la persecución y golpiza que sufrió uno de los jóvenes manifestantes, publicada en el mismo medio y que fue acreditada a "Dávila Arellano". La violencia de las fuerzas del orden contra los jóvenes que demandaban libertades democráticas se convirtió, en 1968, en eje del trabajo periodístico de aquellos años Es una muestra de la cobertura informativa que la revista Life en español hizo del naciente movimiento estudiantil en México –marcado desde el principio por la brutal represión policiaca y militar– y del mayo francés; las gráficas fueron captadas por Héctor García y Gilles Caron. Abajo aparece la secuencia de la persecución y golpiza que sufrió uno de los jóvenes manifestantes, publicada en el mismo medio y que fue acreditada a “Dávila Arellano”. La violencia de las fuerzas del orden contra los jóvenes que demandaban libertades democráticas se convirtió, en 1968, en eje del trabajo periodístico de aquellos años

Ampliar la imagen Aparece la secuencia de la persecución y golpiza que sufrió uno de los jóvenes manifestantes, publicada en el mismo medio y que fue acreditada a "Dávila Arellano". La violencia de las fuerzas del orden contra los jóvenes que demandaban libertades democráticas se convirtió, en 1968, en eje del trabajo periodístico de aquellos años Aparece la secuencia de la persecución y golpiza que sufrió uno de los jóvenes manifestantes, publicada en el mismo medio y que fue acreditada a “Dávila Arellano”. La violencia de las fuerzas del orden contra los jóvenes que demandaban libertades democráticas se convirtió, en 1968, en eje del trabajo periodístico de aquellos años

La primera etapa de lo que hoy conocemos como el movimiento estudiantil de 1968 comprende la última semana de julio y se caracteriza gráficamente por dos elementos: el exceso de la represión –materializado en el abuso policiaco– y la presencia del Ejército en el primer cuadro capitalino, así como el activo protagonismo de los adolescentes, estudiantes de preparatorias y vocacionales, que se enfrentaron a los agentes del orden, arrinconados en sus planteles ubicados –con algunas excepciones– en el llamado barrio universitario del centro de la ciudad de México.

La crónica intensa de estos diez días de violentos enfrentamientos puede leerse en el trabajo clásico de Ramón Ramírez y en la posterior recopilación de Daniel Cazés. En ese lapso, las autoridades urdieron de manera vertiginosa la teoría de la conjura como plataforma oficial desde la cual iba a ser interpretado el movimiento, esto es, como parte de un complot internacional de carácter comunista, financiado desde el extranjero para boicotear los Juegos Olímpicos.

En términos generales, la prensa se alineó rápidamente con el discurso oficial y reprodujo boletines y declaraciones de las autoridades, predominando, en esta primera etapa, las figuras de dos militares: el jefe del Departamento del Distrito Federal, Alfonso Corona del Rosal, y el jefe de la policía capitalina, Luis Cueto.

El Centro, escenario principal

La diversidad del material fotográfico de esta etapa contiene varios elementos a destacar: el acotamiento urbano al primer cuadro capitalino y el énfasis en la calle como escenario privilegiado de la trifulca y el enfrentamiento, pero también de las aprehensiones ilegales de los jóvenes a cargo de policías de civil y uniformados; la escasa edad de los estudiantes protagonistas de este primer periodo, víctimas de las redadas oficiales, asunto que no debemos subestimar, ya que el crecimiento acelerado del 68 en las siguientes semanas se basó en esta etapa; la militarización del centro de la ciudad y las primeras reacciones de curiosidad de la población frente a tanques y vehículos militares en pleno Zócalo capitalino; la represión brutal de las fuerzas armadas, representada en forma límite por el disparo de una bazuca con que el Ejército destruyó la puerta de San Ildefonso, hecho negado sistemáticamente por las autoridades, pero que encontró eco inmediato en las diversas visiones fotográficas publicadas al día siguiente del suceso, en un momento inicial en el que las confiscaciones de rollos a los fotógrafos todavía no operaban en forma sistemática como consigna oficial entre los mandos civiles y militares.

Casi todos los testimonios recogidos de los fotógrafos de la época coinciden en ubicar este episodio como el momento simbólico más representativo de la primera etapa del movimiento, que marca un salto cualitativo en el uso de la violencia por el Estado. Los estudiantes recogieron este hecho como uno de los acontecimientos fundadores que justificaron la existencia del movimiento, e incorporaron las fotos del momento a su propia narrativa en los periódicos murales que elaboraron en los días posteriores.

Díaz Ordaz y sus “jilgueros”

Entre muchos otros ejemplos, destaco algunos matices presentes en la narración de El Heraldo de México, dirigido por el empresario poblano Gabriel Alarcón, muy cercano al presidente Gustavo Díaz Ordaz y portador de toda una autoproclamada “modernidad gráfica”, reflejada en la amplitud de su cobertura.

Estas coordenadas contradictorias permanecerán a lo largo de los siguientes meses: por un lado, el conservadurismo expresado en la reproducción de las tesis anticomunistas y la xenofobia concentrada en la figura de los supuestos “agitadores extranjeros”, y por el otro, la modernidad reflejada en la multiplicidad de miradas de una cobertura atenta a los distintos escenarios y representada por un grupo eficiente de cerca de diez fotógrafos que llegaron a actuar juntos en algunos de los episodios.

Las revistas encontraron la pausa para la narración de hechos como elemento distintivo, y esto se muestra en Life en español y su seguimiento testimonial del hostigamiento de un estudiante, con el crédito de Dávila Arellano y pies de foto muy precisos que denuncian la prepotencia de los soldados, así como la propuesta editorial, que presenta un sugerente diálogo visual de las persecuciones policiacas en México, vista por Héctor García, y Francia, a través de la lente de Gilles Caron, lo que muestra la voluntad de leer los acontecimientos desde una perspectiva más amplia, o en La cultura en México, y el equilibrio establecido entre las imágenes de Héctor y la crónica de Monsiváis, y finalmente en la portada y páginas interiores de Por qué?, dirigida por el polémico periodista Mario Menéndez, que omite créditos fotográficos, pero registra meticulosamente la represión y el encarcelamiento de los jóvenes desde una perspectiva muy particular, en la que se asume como portavoz único de la verdad.

La imagen del estudiante molido a culatazos por un soldado del grupo de paracaidistas, captada por la lente de Héctor García, circuló sin crédito por las distintas opciones periodísticas hasta convertirse en uno de los iconos más contundentes de esta primera etapa del movimiento.

 
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