Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 27 de julio de 2008 Num: 699

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

El último beso
LETICIA MARTÍNEZ GALLEGOS

Resumen de una época
TASOS LIVADITIS

El erotismo de la escritura
ADRIANA CORTÉS entrevista con MARGO GLANTZ

Luis Cernuda y la ética de Las nubes
RUBÉN D. MEDINA

Diario de viaje a Cuba
CLAUDIO MAGRIS

Aunque
JUAN GELMAN

Leer

Columnas:
La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

La propaganda ilícita (I DE II)

¿Quién revisa, acepta, autoriza y suscribe los jugosos contratos de propaganda de las instancias de gobierno, de los gobiernos federal, estatales y municipales que vemos todos los días en la tele?, ¿en qué otro lugar del mundo se permite que funcionarios e instituciones se promocionen en el medio masivo más caro por hacer simplemente y en todo caso el trabajo por el que deberían justificar existencia, permanencia y colosales salarios?

Da coraje, en un país como el nuestro, llenecito de taras y adolescencias, que los funcionarios públicos se crean dueños del erario y se lo gasten en campañas de propaganda, principalmente en televisión, con que se nos quiere convencer de que están haciendo bien su trabajo, sofisma pendejo de ésos tan del sistema sociopolítico mexicano, plétora de dogmas tontos: basta echar una miradita a la realidad de todos los días para entender a las claras que los tales funcionarios hacen exactamente lo contrario a lo que tanto cacarean, culecos: cualquier cosa menos su trabajo. Rutilante ejemplo son los anuncios de pasadas y actuales legislaturas, en que se nos repite y repite y repite como la perica lo mucho que los diputados (¡en un país donde diputado es ya por uso y costumbre y, salvo extrañísimas, casi extraterrestres excepciones, sinónimo de güevón, de bueno para nada, de abusivo, trácala, eterno chupasangre, acepciones todas, por cierto meritoriamente extensivas desde luego a la mayoría de los senadores!) se preocupan por el bienestar (sic que monsivaisianamente dice já y recontrajá) de sus representados. O los anuncios de cualquier dependencia del gobierno federal, como las de choque, la Defensa Nacional, la Procuraduría General de la República, u otras de menor punch mediático que, tal vez precisamente por eso, tiran a la infinita gorga del duopolio televisivo sendas toneladas de dinero, que debería estar siendo aplicado en sus rubros respectivos y en beneficio real, no de un puñado de perversos malnacidos que están prendados de los hocicotes en puestos clave para clavarse nuestro dinero, sino del pueblo que los sigue soportando por estoico y por otra cosa que suena más feo. Allí, por primer ejemplo de muchos, de demasiados, los anuncios del inefable Instituto Federal Electoral, ese conciliábulo de contlapaches de incontables fraudes electorales, habitado por lamesuelas que estrenan coche a cada rato y se regalan los belfos, perfectamente adaptados para besar culos de jefe, con unos sueldazos de escándalo que coronan con bonos y prestaciones que son una bofetada al jodido.

Ni qué decir entonces de las televisoras y las radios regionales, las que dependen de los gobiernos de los estados, o de los capítulos estatales o regionales de Televisa y TV Azteca, lamentables ejemplos de cómo el periodismo se convierte por arte mágica de la sumisión y el dinero en panegírico de los políticos del momento, aunque para efectos prácticos, y con perdón de los pobrecitos suidos arquiodáctilos, casi siempre esos políticos sean unos puercos. Baste ver cualquier noticiero de esas empresas o de de las emisoras públicas estatales en Puebla, en Veracruz, en Monterrey o Tampico para entender cómo todos, absolutamente todos: conductores, locutoras, secretarias, contadores, camarógrafos, ingenieros, escenógrafos, switchers, recaderos, reporteras, administradores, intendentes, choferes, directores, jefes de piso, productores, sonidistas, editores, electricistas, maquillistas, carpinteros, vestuaristas, peinadores, utileros, telefonistas, los técnicos que se encargan del mantenimiento a todos los equipos, desde computadoras hasta focos, todos ellos y además sus jefes, los encargados de los despachos de comunicación social que suelen ser personeros y tapadera del régimen en cuestión, todos, todos ellos están allí para un solo fin y solamente uno (pero nunca agilizar y proveer de información veraz y oportuna al pueblo que paga sus sueldos sudando impuestos onerosos y de los que nunca recibirá reciprocidad ninguna): ensalzar –o tratar de limpiar, como tv Azteca de Occidente en Guadalajara con el monaguillo embravecido que los pobres jaliscienses tienen que soportar como gobernador, que conste, porque así lo quisieron, igual que los poblanos con su protector de pederastas– la imagen de un solo pobre diablo entronizado hasta la indecencia demencial por nuestro sistema de agachados, de necesitados de un caudillo protector que resulta ser siempre, a la vuelta de cada mandato que termina, un inveterado ratero, si no es que algo peor.

(Continuará)