Usted está aquí: lunes 28 de julio de 2008 Opinión Racionar las fuentes de energía

Iván Restrepo

Racionar las fuentes de energía

Nadie duda ya que el gobierno de Estados Unidos debe adoptar medidas extremas en materia energética. El aumento del precio de la gasolina y la dependencia de ese país del petróleo existente en regiones “hostiles”, llevó la semana pasada al presidente Bush a revocar el decreto que su padre aprobó en 1991 y que prohibía la explotación petrolera en las costas estadunidenses por razones ambientales.

El hijo afirma que el petróleo de la plataforma marina es clave para disminuir el precio de la energía a escala local e internacional y depender menos del exterior. Estados Unidos produce 5 millones de barriles diarios de petróleo, pero consume 20. El anuncio recibió el inmediato rechazo de los congresistas demócratas y del candidato Obama. Consideran que se trata de un “absoluto engaño” de Bush, pues es mejor liberar parte del crudo que conforma la reserva estratégica de la nación y tomar otras medidas para racionalizar el consumo y diversificar las fuentes de energía.

El anuncio de Bush no tiene otro sentido que meter el tema del petróleo en la campaña electoral. En efecto, además de la prohibición de Bush padre, el Congreso aprobó en 1981 una moratoria que impide las explotaciones en las 200 millas marinas a partir de la franja litoral. Presionar al Congreso para que cambie de opinión en plena campaña presidencial no tendrá éxito. Ni siquiera si Bush alega que la tecnología para explotar yacimientos en aguas marinas o en el Ártico es “limpia”. No se sabe además el tiempo que llevará sacar petróleo de los nuevos pozos ni de qué manera incidirá en la economía familiar, asediada por la inflación y el desempleo. A Bush las cosas le salen mal hasta con otro tesoro escondido: el del Ártico, donde se localiza una quinta parte de los recursos petroleros sin descubrir y, sobre todo, gas natural.

Extraer ese tesoro y llevarlo a los centros de consumo cuenta con el rechazo de las organizaciones ecologistas y choca con los intereses de los otros cuatro países con territorio en el Ártico: Canadá, Rusia, Noruega y Dinamarca.

Igual que Estados Unidos, el resto del mundo vive en medio de las contradicciones energéticas: las reservas probadas de petróleo ascienden a cerca de mil 300 billones de barriles, pero más de la mitad se localizan en Medio Oriente, 144 en Europa y Eurasia, 117 en Africa, 111 en América Latina, 69 en Estados Unidos y Canadá, y los restantes 41 billones de barriles en Asia y el Pacífico. Esta distribución explica la prioridad de los dos candidatos a suceder al señor Bush de buscar alianzas en Medio Oriente y no cejar en su cruzada contra todo lo que considera terrorismo. El petróleo bien vale una plegaria en Bagdad y otra en Jerusalén y Amman.

En contraste con sus enormes reservas, el Medio Oriente apenas consume al año poco más de 6 mil millones de barriles de petróleo, contra 25 mil de Estados Unidos y Canadá, cantidad muy parecida demanda la región de Asia y Pacífico, seguida de Europa y Eurasia, con 20 mil, los 5 mil 400 de América Latina y los 3 mil millones de África. Es la región Asia Pacífico la que tuvo la última década mayor aumento en el consumo por el acelerado crecimiento económico de China e India: 5 mil millones de barriles, contra 3 mil de Estados Unidos y Canadá y 700 millones de América Latina. Europa y Eurasia apenas aumentaron su consumo en 300 millones de barriles. De nuevo, el área de mayor consumo, Estados Unidos y Canadá, cuenta apenas con poco más de 5 por ciento de las reservas mundiales, lo que explica el interés de la gran potencia por conservar y acrecentar su hegemonía en ciertas partes del mundo.

Ahora que el gobierno promete modernizar Pemex, olvidando hacer más racional el consumo de hidrocarburos, aparecen estudios según los cuales en Belice y la plataforma de Yucatán existe un enorme yacimiento, del cual le corresponderían al país más de 750 millones de barriles. Además de que el Golfo de México (donde también tienen intereses Cuba y Estados Unidos) será la provincia petrolera más importante del mundo, atrás del golfo Pérsico. Ese nuevo tesoro, dirá pronto la costosa publicidad oficial, hay que aprovecharlo. De acuerdo, pero no en beneficio de quien vive del petróleo ajeno y del derroche energético.

 
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