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■ La “promiscuidad” en su fertilización hace imposible evitar y controlar combinaciones

Granos transgénicos amenazan el carácter alimenticio del maíz

■ En EU, 90 por ciento del cultivo tradicional del grano está contaminado, señalan científicos

■ Impulsan trasnacionales creación de biorreactores; base para antibióticos, vacunas y plásticos

Angélica Enciso L.

Ampliar la imagen Agrupaciones de indígenas rarámuris, huicholes, purépechas, yaquis, yoreme, totonacas, zapotecas, tlapanecos, mixtecos y nahuas, exhortan a la población para que se organice e impida la aprobación del uso experimental de maíz transgénico. Imagen de archivo del poblado de Chiepetepec, Guerrero Agrupaciones de indígenas rarámuris, huicholes, purépechas, yaquis, yoreme, totonacas, zapotecas, tlapanecos, mixtecos y nahuas, exhortan a la población para que se organice e impida la aprobación del uso experimental de maíz transgénico. Imagen de archivo del poblado de Chiepetepec, Guerrero Foto: José Carlo González

El uso experimental de maíz transgénico para fines industriales o farmacéuticos y el cultivo comercial de desarrollos biotecnológicos han provocado que 90 por ciento de las siembras del grano convencional en Estados Unidos esté contaminado con estos productos, advierten especialistas de la Unión de Científicos Preocupados de ese país.

Los expertos señalan que hay riesgos para la alimentación de millones de personas, porque trasnacionales biotecnológicas utilizan el maíz para convertirlo en un biorreactor y a partir de él desarrollar fármacos, vacunas, plásticos y bionenergía.

Frente la contaminación que se presentó en 2001 en los cultivos tradicionales de maíz en Oaxaca –que en su momento fue reconocida por el gobierno mexicano– y la eventual autorización de cultivos experimentales del grano transgénico en territorio nacional, estudios realizados por expertos de Estados Unidos dan cuenta de que en su país quedan pocas zonas libres de estos materiales.

El mayor riesgo que observan los expertos –en los estudios que aparecen en su página de Internet– es que estos nuevos desarrollos, que se usan para la producción de materiales industriales y fármacos, lleguen a los alimentos. Además, destacan que no se hacen estos experimentos con trigo –principal grano que consumen los países desarrollados– y arroz, sino con maíz, el principal alimento en los países pobres.

Detallan que los granos de una mazorca resultan de la fertilización de los óvulos por polen que, movido por el viento, llega de muchas otras plantas de maíz localizadas a largas distancias, por eso es “promiscuo”. Precisan que los genes de las plantas se mueven en el intercambio de granos que hacen productores, por lo cual es imposible evitar el flujo, acumulación y combinación de distintos transgenes en una misma planta.

Refieren que frente a esto es fácil que los transgenes de plantas de maíz con características para producir fármacos puedan llegar a los cultivos que se utilizan para producir alimentos. Consideran que la contaminación transgénica amenaza la integridad genética y el carácter alimenticio del cultivo tradicional; se hacen experimentos con maíz para convertirlo en un biorreactor a partir del cual se produzcan antibióticos, espermaticidas, anticuagulantes, plásticos, vacunas, aceites y bioenergía, entre otros productos.

Los científicos estadunidenses advierten que estos desarrollos representan un negocio aún mayor que el actual, basado en la agricultura industrial. Actualmente se estima que hay experimentos de maíz biorreactor en alrededor de 50 mil hectáreas, por parte de empresas como Payer, Dupont y Pionner.

Detallan que existen casos de fuga de transgénicos no autorizados para consumo humano y que llega a los alimentos; se trata de los casos del arroz LL 601 y el maíz Starlink, en Estados Unidos.

Los científicos advierten que ya hay industrias del sector alimentario que se oponen a estos desarrollos; se trata de embotelladoras de refrescos y grandes supermercados, así como la Federación de Productores de Arroz de Estados Unidos.

En México, la asociación civil Agro Bio, que agrupa a trasnacionales de la biotecnología –como Monsanto y Dupont–, en los comentarios que envió a la Cofemer en relación con el régimen especial de protección al maíz, consideró un “grave error” que se pretenda “establecer una prohibición para el uso de maíces genéticamente modificados que contengan características que impidan o limiten su uso alimentario”. Indicó que en el caso del maíz “nos referimos a la posibilidad de contar con excelentes insumos para la producción de plásticos biodegradables, biocombustibles y proteínas terapéuticas”.

 
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