Usted está aquí: martes 29 de julio de 2008 Política Cosas de la evaluación educativa

José Blanco

Cosas de la evaluación educativa

La semana antepasada ocurrió un hecho en la Universidad Veracruzana (UV), relacionado con su proceso de primer ingreso, que muy probablemente no ha ocurrido en el pasado en ninguna otra institución. Al menos los medios no han registrado un caso así.

Los aspirantes a ingresar a la educación superior en la UV los evalúa, mediante el EXANI II (así se llama el examen), el Centro Nacional para la Evaluación de la Educación Superior (Ceneval). Esta institución entrega a la UV la lista de las claves de los alumnos que se inscribieron al examen, ordenados de mayor a menor, respecto del número de aciertos que alcanzan los aspirantes.

La línea de corte entre quienes ingresan y quienes no logran ingresar la establece el cupo que la institución tiene en cada carrera. Éste es el procedimiento que siguen –con variantes– todas las instituciones de educación superior (IES), aunque en algunos casos no es el Ceneval la institución que realiza la evaluación para el ingreso, sino la propia institución que recibe a sus alumnos de primer ingreso. Es el caso de la UNAM, por ejemplo. La excepción es la Universidad de la Ciudad de México, que en lugar de examen hace un sorteo.

Esta vez el Ceneval, con la evaluación de un grupo de aspirantes a ingresar, cometió un grave error que la UV detectó e hizo público: fueron inscritos alrededor de mil 600 alumnos que por el número de aciertos obtenidos en sus exámenes no debieron ser ingresados y, por el contrario, fueron dejados sin inscripción un número equivalente de aspirantes que sí tenían derecho a ingresar.

La UV detectó el problema cuando ya estaban inscritos quienes, por el número de aciertos en sus exámenes, no habrían alcanzado inscripción. Es decir, el derecho de inscripción estaba formalizado para los alumnos aludidos y el derecho a ser inscritos estaba ganado en el examen por los que no habían sido inscritos. La UV tomó la decisión de dar inscripción también a quienes la merecían.

Sin duda se trató de un error humano, pero una institución como el Ceneval tendría que contar con los controles estrictos para que esos errores fueran imposibles. El EXANI II tiene dos partes: un tronco común y una segunda parte que varía según el área de conocimiento a la que quiere ingresar el aspirante. De esta segunda parte suelen hacerse dos versiones –que cada año cambian– a efecto de reducir al mínimo la posibilidad de que unos aspirantes copien los resultados de otros y eventualmente “ganen” un lugar sin merecerlo.

El Ceneval realiza anualmente alrededor de 2 mil 900 aplicaciones; evalúa a 1.6 millones de sustentantes; imprime más de 15 millones de piezas y “lee” poco más de 5 millones de hojas de respuesta. Es, desde luego, un proceso automatizado. Una hoja de respuestas de un aspirante se califica mediante un mecanismo cibernético que compara la hoja en cuestión con una “plantilla” que contiene las respuestas correctas. En el caso de los mil 600 afectados ocurrió que fueron calificadas partes de sus exámenes con las “plantillas” de respuestas que no correspondían a esos exámenes. Al ser aplicada la “plantilla” correcta, sus exámenes arrojaron el número de respuestas correctas como para alcanzar inscripción.

Ahora la UV tendrá que gestionar los recursos federales y locales que requiere para atender a ese número adicional de nuevos ingresos. Es de esperarse que ambos niveles de gobierno comprendan la circunstancia y apoyen a la UV a efecto de que pueda cumplir su tarea.

Pero la prensa local ha dicho cosas inverosímiles, por desconocimiento de esos procesos de evaluación, o por ignorancia acerca de las instituciones involucradas y hasta por intereses políticos. Un diputado local, quien debe creerse notablemente perspicaz, cree que fue un “error inducido” para que la UV “consiga más lana”. Algunos columnistas opinaron que la UV debe cambiar de “empresa” por una más eficaz para hacer evaluaciones, ignorando que el Ceneval no es una empresa, sino una asociación civil sin fines de lucro originada en 1994 por una decisión de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), cuyos asociados (que no “socios”) son a su vez asociaciones e IES; que no tiene “socios” individuales; y que constituye uno de los primeros pasos del vasto sistema de evaluación de la educación que tiene ahora al país, aun cuando aún le falta mucho por hacer en materia de evaluación.

Si una IES pública cree –correctamente– que su selección de nuevos ingresantes debe hacerla una institución especializada y no ella misma, sólo puede recurrir al Ceneval, porque no existe otra institución que lo haga y menos aún empresas dedicadas a tan delicado asunto académico.

El problema mayor de ese error es que ha asestado un duro golpe a la credibilidad y legitimidad del EXANI. Éste es el asunto que el consejo directivo y la asamblea general deben limpiar.

 
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