Usted está aquí: miércoles 30 de julio de 2008 Opinión Isocronías

Isocronías

Ricardo Yáñez

■ Mayor y no

Me llega, sutilmente dedicado, un libro desde la perla tapatía; es uno que pedí, que busqué porque en Internet, antes de su salida, ya había noticia suya. Es Poesía mayor en Guadalajara, de Enrique G. Gallegos, lo publica el gobierno de Jalisco y tiene como subtítulo: anotaciones poéticas y críticas. Me lo hace llegar el autor, con quien quedo en doble deuda, por el envío, por ocuparse, con el de otros cinco colegas, de mi trabajo (de lo cual, por supuesto, me desentiendo en esta nota).

“Poesía mayor” no parece significar muy otra cosa que poesía con algunos años a cuestas y algunos logros en cuanto a resonancia, “lo cual, dicho sea de paso, podrá obedecer en cierta medida al contexto de la ‘sociedad de la información’ que vuelve potencialmente exponencial cualquier fenómeno social” (remember Warhol); o bien, aunque no nada más, aludir a la “formación de centros de poder e influencia gubernamental, mediática y social”.

Los poetas objeto de examen son, en orden de aparición en el mundo, Patricia Medina, quien esto escribe, Ricardo Castillo, Raúl Aceves, Raúl Bañuelos y Jorge Esquinca. Diez años (1947-1957) abarca esta generación por el autor llamada de los 80, la cual, con las necesarias diferencias entre los examinados, no deja muy contento a Gallegos: “para los radicales como yo que todavía buscan a su Homero el panorama es preocupante”, indica, casi al final de su texto en el breve volumen (52 páginas, nueve de las cuales dedicadas a exponer su general visión respecto al tema y la crítica, y 10, no sé si ese sea su preciso nombre, a las legales).

De Patricia Medina cabe destacar esta cita: “soy ellas, las suicidas/ que amarraron su lengua/ y mi voz son sus pies/ y mis palabras manos.”

“Toda la poesía de Ricardo Castillo parece atravesada por la tensión”, observa Gallegos. El sinsentido, el “sarcasmo teñido de amargura... o la desolación bañada en humor negro”, lo crítico, crítica de poeta, no de intelectual, son características que distingue en el autor de El pobrecito señor X.

De Raúl Aceves: “el gusto por la fabulación, el erotismo y la tendencia a la reflexión”.

En Bañuelos, la naturaleza (“¿De qué tamarindo de qué canela sale el sabor de la paz/ en los adentros?”) y lo urbano (“Caminar a solas por una ciudad desconocida sin lugar para dormir”) se conjugan de modo que las palabras dicen más de lo que insinúan.

Esquinca es mirada, erotismo y cercanía a lo maldito, “aunque este aspecto aparece de forma soterrada”.

Quizá el mayor acierto de este libro, ambicioso y reticente, que sin embargo “acude al llamado de una vocación”, esté en una anotación que no parece impertinente pluralizar: “Si la palabra es poderosa, la realidad es un misterio”.

 
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