Usted está aquí: lunes 4 de agosto de 2008 Capital Lleva a La Joyita 30 años salir del olvido y el abandono

■ Asentamiento en la ladera del Peñón Viejo

Lleva a La Joyita 30 años salir del olvido y el abandono

■ Es uno de los proyectos de mejoramiento barrial

Rocío González Alvarado

Ampliar la imagen Con un presupuesto de un millón 900 mil pesos del programa de mejoramiento barrial del GDF, se realizaron obras de pavimentación, así como un muro de contención, entre otras, en la colonia La Joyita Con un presupuesto de un millón 900 mil pesos del programa de mejoramiento barrial del GDF, se realizaron obras de pavimentación, así como un muro de contención, entre otras, en la colonia La Joyita Foto: Jesús Villaseca

Ampliar la imagen Durante un recorrido por la colonia La Joyita, en Iztapalapa, el secretario de Desarrollo Social, Martí Batres, constató ayer las carencias de servicios urbanos que enfrentan los habitantes Durante un recorrido por la colonia La Joyita, en Iztapalapa, el secretario de Desarrollo Social, Martí Batres, constató ayer las carencias de servicios urbanos que enfrentan los habitantes Foto: Jesús Villaseca

Después de tres décadas de existencia, en lo que por años fue un tiradero clandestino de basura y hasta hace poco un deshuesadero de vehículos robados, justo en una ladera de cerro del Peñón Viejo, hábitat de familias marginadas y de escasos recursos, comenzaron a trazarse las primeras calles, banquetas y escaleras de lo que ahora se conoce como la colonia La Joyita, en la delegación Iztapalapa.

“Aquí todas las casas eran de techo de cartón, no había ningún servicio, teníamos que caminar lejos para conseguir agua, y para ir al baño detrás de las rocas nos acomodamos”, recuerda doña Elia Guzmán, de 42 años de edad, que llegó aquí a los 13 con su familia y levantó su hogar en un cuartito de cuatro por cuatro metros cuadrados, con tabiques sobrepuestos.

Cuenta doña Elia que la suya fue la quinta familia que arribó al lugar, cuando todo era puro cerro lleno de rocas, que poco a poco fueron cediendo terreno, a base de picos y palas, para dar paso a una ciudad pérdida. “Desde los tiempos del PRI era un campamento, aquí vinieron y nos dejaron, la gente vivía en cuevas”, apunta.

“Llegué recién había terminado la primaria, después ya no estudié, pero desde entonces –agrega– aquí ha sido mi vida. Aquí me casé y aquí nacieron mis tres hijos. Ellos ya están casados, pero ya cada quien agarró su cachito, uno trabaja en la Marina, otro es herrero, y mi hija es contadora auxiliar”.

Las historias similares se multiplican en este lugar, donde aún se observan enormes montículos de piedra amenazantes sobre las viviendas, que a diferencia de aquellas que dieron origen a este predio irregular han comenzado a ser hechas de concreto, algunas de ellas de hasta dos niveles.

La necesidad nos hizo meternos en cuartos sin piso y sin puertas, comenta doña Brígida Márquez. quien llegó en 1980 procedente de Acatlán, Puebla, con su esposo y dos hijos, dos más nacieron aquí, pero ahora, viuda desde hace algunos años, señala que sólo vive con sus nietos y una de sus nueras, ya que todos sus hijos emigraron a Estados Unidos.

Durante años –cuenta Karen Quiroga, una de las representantes vecinales– se luchó para que las autoridades hicieran mejoras, pero dada la falta de certeza jurídica del terreno, jamás contaron con el apoyo. De hecho, asegura que el aplanado de las calles y la introducción de la red de agua potable corrió a cargo de la comunidad, que al conocer la convocatoria para el programa de mejoramiento barrial de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) del Distrito Federal, presentó su proyecto.

Con un presupuesto de un millón 900 mil pesos, lograron introducir una red de drenaje, abrir una nueva vialidad, construir banquetas, escaleras y muros de contención, con lo que se ha comenzado a dejar atrás esa imagen de olvido, abandono y decadencia.

Pero aquí en La Joyita, donde la recolección de basura se hace por medio de una carreta desvencijada, en lugar de un camión, jalada por un caballo viejo, dista mucho de tener las mejores condiciones de vida. Sus moradores, la mayoría obreros, albañiles y comerciantes, aún tienen la esperanza de que sus predios sean regularizados, pero de manera urgente reclaman se les proporcione el servicio de energía eléctrica.

“Nos colgamos de los postes de Santa Marta, pero cuando se enojan nos quitan la luz, las teles se queman, pero debería de ver en la noche como todo está oscuro”, comentan los lugareños, que viven practicamente a un costado de El Hoyo, conocido por ser guarida de delincuentes.

De acuerdo con el titular de Desarrollo Social, Martí Batres, que ayer dio por inauguradas las obras, los trabajos realizados forman parte de los 102 proyectos aprobados del programa de mejoramiento barrial, que este año contó con una inversión de 130 millones de pesos.

 
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