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■ El llamado Comandante Pantera tampoco podía ser ministro de culto

El Templo de la Santa Muerte de Tultitlán carecía de registro ante Gobernación

José Antonio Román

Ampliar la imagen En la avenida José López Portillo, en el municipio de Tultitlán, se le rinde culto a una imagen de la Santa Muerte, de 22 metros de altura  Mario Antonio Núñez En la avenida José López Portillo, en el municipio de Tultitlán, se le rinde culto a una imagen de la Santa Muerte, de 22 metros de altura Mario Antonio Núñez Foto: Mario Antonio Núñez

Jonathan Legaria Vargas, líder de la Santa Muerte, quien fue acribillado la semana pasada en el municipio mexiquense de Coacalco, nunca solicitó a la Secretaría de Gobernación el registro como asociación religiosa para su Iglesia ni el suyo como ministro de culto.

Sin embargo, en abril de 2005, la Subsecretaría de Población, Migración y Asuntos Religiosos de esta dependencia canceló por “desvió de fines originalmente establecidos” el registro constitutivo como asociación religiosa a la Iglesia Santa Católica Apostólica Tradicional Santa Muerte Mex-USA –con sede en la colonia Tepito, de la ciudad de México–, la cual, aún cuando también rinde culto a la imagen, mantiene fuertes diferencias con la encabezada por quien fuera llamado Comandante Pantera.

Para Gobernación, el homicidio de Legaria Vargas pertenece al orden del fuero común, por lo que las investigaciones corresponden a las autoridades del estado de México. Además, se precisó también que ninguna instancia gubernamental puede impedir el ejercicio del derecho constitucional de la libertad de culto, siempre que éste se mantenga dentro del orden público y el derecho de terceros. Es decir, no hay impedimento alguno para las actividades de ambas organizaciones.

En julio de 2007, David Romo, arzobispo de la Iglesia católica con sede en Tepito, notificó a Gobernación la apertura de varios templos en la ciudad de México, Puebla y Quintana Roo, con lo cual sugirió la posibilidad de solicitar más adelante el regreso de su registro constitutivo como asociación religiosa, cosa que nunca hizo el Templo de la Santa Muerte de Tultitlán, cuyo líder era Legaria Vargas, conocido también como Padrino Endoque.

Hay que destacar que era pública la fuerte rivalidad que había entre ambos líderes, aunque sus dos organizaciones rinden culto a la Santa Muerte, principalmente porque la Iglesia Santa Católica Apostólica Tradicional Santa Muerte Mex-USA se autoproclama como el único rito oficial de la Santa Muerte en el país.

Legaria, de 27 años de edad, oficiaba misa todos los domingos ante cientos de seguidores del culto a la Santa Muerte que se congregan en la colonia Santa María Coatepec, en Tultitlán, donde levantó un monumento de 22 metros de altura.

El también conocido como “culto a la niña blanca” es un fenómeno que desde hace varias décadas ha adquirido cada vez más importancia en las colonias populares de la ciudad de México, situación que ha ido extendiéndose a otras regiones del país, principalmente en la zona fronteriza con Estados Unidos, multiplicándose la construcción de altares, monumentos y sagrarios, donde se le rinde culto y se les colocan flores, velas y diferentes símbolos religiosos. Inclusive, el culto ya ha penetrado en algunas colonias de clase media.

En diversas ocasiones, y por diferentes medios, la Arquidiócesis de México ha condenado la veneración a la Santa Muerte, considerándola como herética y diabólica. Junto con otras diócesis del país, ha lamentado que esta veneración haya crecido durante los años recientes y que sea promovida por los que se dedican a la hechicería, esoterismo y santería, que representan “fundamentalmente todo aquello contra lo que Cristo luchó”.

 
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