Usted está aquí: sábado 9 de agosto de 2008 Cultura Las semillas íntimas

Las semillas íntimas

Pablo Espinosa

La iniciativa ciudadana Instrumenta llega a su quinto aniversario y sus frutos ya los disfrutan de manera cotidiana el pueblo oaxaqueño y sus visitantes. Se trata de uno de los escasos proyectos importantes de la cultura nacional en este lustro ilustre. Su existencia genera al mismo tiempo entusiasmo y reflexión, recupera la esperanza de un futuro y trae a análisis la práctica de la difusión cultural en el país.

Entre otras virtudes, le da una vuelta de tuerca al manido recurso mexicano de la festivalitis. Por inercia muchos dicen “festival Instrumenta” cuando no es tal. Es un programa, un proyecto, un camino a transitar juntos, un ente a construir en comunidad. Es una alegre realidad.

Hoy por hoy es dable ver en México festivales “culturales” por doquier en los cuales lo que abunda son los contenidos propios de las secciones de espectáculos que entienden su trabajo como mero apéndice de la industria del entretenimiento. Los festivales de cultura nacionales acusan severa decadencia; no sólo ha mermado la calidad y cantidad de sus contenidos culturales, sino que su única manera de “masificarlos” es convocar a las estrellas comerciales.

Instrumenta no es un festival; el cometido no es el usual de prestigiar al gobernante en turno, sino enriquecer al pueblo en lo esencial, su espíritu.

La reflexión mayor que genera sin proponérselo Instrumenta es que la ciudadanía ya en la práctica ha puesto en duda desde hace muchos años la pertinencia de los organismos gubernamentales de cultura, ocupada por una burocracia que se alterna los puestos y se olvida del bien común. Campean, las evidencias sobran, improvisación, mediocridad, oportunismo, ineficacia, corrupción.

Pero no es por contraste que Instrumenta brilla. Es notable el sentido de humildad de sus quehaceres. No busca poner en evidencia a nadie, ni siquiera llenar los vacíos que la negligencia oficial genera. Simplemente aporta, propone, suma. Construye el futuro.

Confirmar en la ciudad de Oaxaca la puesta en práctica de esta experiencia de armonía social es un privilegio. Es como observar al campesino en el bello ritual de poner sobre los surcos fértiles las semillas íntimas.

 
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