Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 17 de agosto de 2008 Num: 702

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

El sueño de Quetzalcoatl
ROGER VILAR

Edad madura
NIKOS FOKÁS

Premios, gloria y fortuna
HAROLD ALVARADO TENORIO

El beso: Munch, Rodin y Klimt
HÉCTOR CEBALLOS GARIBAY

Maritain y el sentido olvidado de la historia
BERNARDO BÁTIZ VÁZQUEZ

Pensar escribiendo
MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ entrevista con RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO

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Columnas:
Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
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Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Oasis (II Y ÚLTIMA)

Habida cuenta de la ausencia prácticamente total de comentarios en este espacio a cualquier cosa que huela a blockbuster, no faltará quien se sorprenda de hallar aquí, y encima elogiosas, algunas líneas dedicadas a Wall-e (Andrew Stanton, Estados Unidos, 2008). A quien haya visto el filme no se le escapará cuán obvia es la razón del entusiasmo, pues haría falta tener las entendederas totalmente tapadas para no darse cuenta de que, independientemente de su inocultable condición de summer movie, la más reciente producción de Pixar –a la cual se le debe esa otra delicia llamada Ratatouille– trasciende con mucho su condición de filme animado infantil de temporada vacacional, en virtud de su muy bien ponderada combinación de futurismo catastrofista, gracia, ternura y sentido del humor; atributos estos últimos condensados en el personaje principal, llamado Waste Allocation Load Lifter Earth-Class, Wall-e por sus siglas, es decir el robot compactador de metales que resulta más humano que las fofas y zánganas masas de carne cuyos antepasados abandonaron la Tierra setecientos años antes, luego de haberla dejado inhabitable.

Fecunda en contradicciones, la industria del entretenimiento estadunidense ha sido capaz de avizorar, en la gran alegoría que es Wall-e, precisamente aquello a lo que dicha industria, consumista por antonomasia, parece apuntar todo el tiempo: a que la humanidad entera, aislada individuo por individuo, se dedique de tiempo completo a la consumición indigesta de productos chatarra, tanto por vía oral como por vía visual, y sus esfuerzos físicos y mentales estén limitados a la recepción inopinada de todo lo que alguna megaempresa tenga a bien suministrarle.

Multigenérica, Wall-e es a un tiempo comedia, ciencia ficción, drama, romance y cinta de aventuras. Que se me llame exagerado, pero detrás de Hal-9000 en 2001: una odisea del espacio, y de Roy Batty, el réplico rebelde de Blade Runner, Wall-e es el tercer más logrado y entrañable personaje cibernético que el cine ha producido.


Escena de Wall-e

El quinto surtidor de este oasis de verano se titula Media Luna (Niwemang), es una coproducción austríaca- francesa-iraní-iraquí de 2006, dirigida por Bahman Ghobadi con guión de él mismo y de Behnam Behzadi, que en primera instancia cuenta la historia de un viejo y afamado músico kurdo llamado Mamo, el cual reúne a su propia familia de músicos con el propósito de dar un concierto en Irak, tras la caída de Saddam Hussein. Pero lo que en segunda y más profunda instancia narra esta road movie va mucho más allá de la anécdota, pues al mismo tiempo que pone de relieve las condiciones de vida actuales en el que quizá sea el lugar del mundo más inhóspito para vivir, socialmente hablando, destaca el valor insustituible de la fuerza de voluntad personal frente a las adversidades, en este caso las trabas burocrático-militares que no cesan de poner piedras en el trayecto de la banda de músicos, así como el factor cultural que, en aquellas tierras, censura la participación de las mujeres en actos públicos o artísticos. Muy próxima a la mexicana El violín no sólo por cierta afinidad temática, sino también en aspectos como la fuerza dramática y la capacidad estética de su director para forjar espacios y atmósferas que no son meros adornos visuales, sino que dialogan eficientemente con la trama, Media Luna es capaz de traducir la angustia del individuo en acto creador colectivo, de trocar la impotencia en sabiduría y de transformar la percepción pesimista de una realidad poco halagüeña en esperanza, por mínima que ésta pueda ser.

Empero, lo anterior no es todo, pues el filón más profundo de la cinta tiene que ver con la dicotomía humana última y primera: la de la vida y la muerte. A la manera del Moisés bíblico, Mamo, el protagonista, conduce a su pueblo rumbo a una tierra prometida de la cual los han relegado sinrazones políticas, ideológicas, económicas y religiosas. Lo hace aun sabiendo, en su fuero interno, que muy probablemente la muerte no le dé permiso de llegar a su destino, y es con la muerte, más que con los obstáculos terrenales, con quien Mamo se está enfrentando. Cercano a fenecer, este músico sabe, atávicamente, que a la muerte sólo puede uno aproximarse armado de actos vitales que cierren los ciclos y le den sentido a un trayecto que, como el recorrido por él y sus hijos, por más accidentado que haya sido, será venturoso al final en virtud del espíritu que haya impulsado cada paso.