Usted está aquí: miércoles 20 de agosto de 2008 Opinión Rendon Group en Colombia

José Steinsleger/ II y última

Rendon Group en Colombia

Las técnicas de Rendon Group (RG) recurren a disciplinas de naturaleza compleja (sociología, sicología, antropología), pero su credo ideológico (línea Bush) resulta vegetalmente simple: “ellos son de izquierda: luego tienen que ser malos”. ¿Quiénes son “ellos”? La derecha está más clara que las izquierdas: “de izquierda” son los presidentes Evo Morales y Cristina Fernández, Fernando Lugo, y Rafael Correa, el líder Andrés Manuel López Obrador y los senadores colombianos Piedad Córdoba y Gustavo Petro (liberales).

En 2002, el ministro de Defensa de Colombia, Juan Manuel Santos, contrató a RG (empresa de propaganda favorita del Pentágono) y se firmaron contratos con el Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea y la Policía Nacional. “Vean señores ¿les dijo RG¿ el ventilador de ¿última generación¿ funciona así y asá.”

Para RG no hace falta verificar las calumnias que difunden los servicios de inteligencia a través de los grandes medios. Es más: si el calumniado desmiente y la autoridad se ve obligada a rectificar (en Colombia, cómo no, hay “democracia”), RG la tranquiliza: “Lo importante es hacer daño. Era la aclaración que necesitábamos” (Javier Darío Restrepo, El Colombiano, Medellín).

RG trabaja según los principios de la llamada “guerra de cuarta generación”, que no necesariamente requiere de control territorial (primera generación), ni de los recursos naturales (segunda), ni del conocimiento del idioma y la religión de los países ocupados (tercera). Ninguna de estas modalidades queda excluida, pero la guerra de cuarta generación prioriza el control de las masas a través de los medios masivos de comunicación.

El especialista venezolano Néstor Aponte estima que este tipo de guerra guarda un componente militar, otro de guerra sicológica, y otro que manejan la diplomacia internacional y la opinión pública internacional. Se trata, en suma, de planificar la propaganda y la acción sicológica, orientada a direccionar la conducta social y la búsqueda de objetivos de control social, político o militar, sin recurrir al uso de las armas. Dicho de otro modo: que las masas asistan al drama político con atención y toma de partido similar a la que experimentan frente a una telenovela o espectáculo de reality-show. Que el poder real, factual o faccioso de un gobierno equis (que puede ser transitorio), radique en los medios de comunicación antes que en las instituciones formales que representan a la sociedad.

Luego, los equipos de guerra sicológica se complementan con los grupos operativos insertados en la población civil “¿ con la misión de detonar hechos de violencia social: pequeños conflictos localizados, con violencia social extrema, y sin orden aparente de continuidad”. La cosa funciona. De ahí la “popularidad” de Uribe y la total confusión informativa que impera en Colombia. Ejemplos: en las elecciones presidenciales de 2006, el ministro Santos acusó al senador Rafael Pardo Rueda (liberal) de haber propuesto a las FARC unirse a las fuerzas de oposición para impedir la relección de Uribe. Pardo desmintió tajantemente las afirmaciones de Santos. Días más tarde, Uribe se retractó de las aseveraciones contra Pando, pero los medios siguieron dándole cuerda al asunto (¿no que a López Obrador lo maneja Chávez?). Igualmente, Uribe tildó de “comunista disfrazado” al candidato Carlos Gaviria, presidente del Polo Democrático. Días después, en la Universidad de Antioquia, aparecieron pintadas de un supuesto “brazo armado” de las Autodefensas Unidas (AUC, paramilitares), que recomendaban eliminar a los “comunistas disfrazados”.

Ni en Colombia (ni en México) nada de lo referido se puede conseguir sin la complicidad de los medios. En la primera entrega de estas notas habíamos comentado el papel que cumplen Germán Espejo y Alfredo Rangel, presidente y director de la Fundación Seguridad y Democracia, que en Bogotá trabaja en estrecha cooperación con RG.

El 9 de marzo pasado, Rangel escribió en El Tiempo, periódico de la familia Santos: “¿ Las computadoras de Raúl Reyes confirmaron de manera fehaciente que la presencia de las FARC en Ecuador han tenido el beneplácito y el apoyo del alto gobierno de este país, y que la alianza de Chávez con las FARC supera todas las sospechas”.

Veamos en qué consistieron las pruebas “fehacientes”. Según Interpol, y antes de que la policía entregase las computadoras, los archivos creados en la primera de las laptops de Reyes fueron 273, visitados 373, modificados 786, borrados 488. En la segunda fueron creados 589 archivos, visitados 640 de sistema y de usuarios, modificados 552 de sistema y borrados 259. En la tercera máquina portátil se crearon mil 479 archivos, se visitaron mil 703 de sistema y usuarios, se modificaron 5 mil 240 de sistema y 103 archivos fueron borrados.

En las tres laptops fueron creados, modificados y borrados un total de 48 mil 55 archivos. Según la Interpol (que tampoco pudo dar por cierto que el origen de esos aparatos sean del campamento de Reyes, en otra misteriosa laptop (¿la cuarta?), aparecieron 668 archivos creados entre el 7 de marzo y el 26 de agosto de¿ ¡2009!

 
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