Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 24 de agosto de 2008 Num: 703

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Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

La Francia se Bruni
JOSÉ GAXIOLA LÓPEZ

Nuevas aventuras de Pigmalión
AUGUSTO ISLA

La verdad de la novela
MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ entrevista con ÁLVARO POMBO

Octavio Paz y el budismo de Wang Wei
ALEJANDRO PESCADOR

J.M. Coetzee: ¿a dónde nos lleva el progreso?
RAÚL OLVERA MIJARES

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Columnas:
La Casa Sosegada
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ALONSO ARREOLA

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Alonso Arreola
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Lila Downs, culebreando

Será en octubre próximo cuando Lila Downs regrese al Teatro Metropólitan del df (11 y 12), así como a otros foros del país (Teatro Diana de Guadalajara, Festival Revueltas de Durango, Explanada del cecut en Tijuana). La razón: Ojo de culebra, nuevo disco que conmoverá a base de fuerza interpretativa, de una bien balanceada mezcla entre sonidos norteños y blues, entre aires balcánicos y olores a Nueva Orleáns, entre ska y bolero, entre rock y pop... Una colección de trece temas bien diferenciados en formas y géneros, unidos gracias a una actitud vocal expresiva, a letras preocupadas por el rito, la migración y la magia de los curanderos, a un sonido parejo y bien logrado en tres estudios distintos, con cuatro productores notables: la misma Lila, su director musical Paul Cohen, el ingeniero Aneiro Taño y el gran músico y arreglista Brian Lynch. Además, he aquí otra de las sorpresas: Lila no sólo sonará acompañada por sus colegas de siempre (banda La Misteriosa ), sino por invitados de mucha altura en el cancionero hispanoamericano y anglosajón. Enrique Bunbury, Rubén Albarrán (Café Tacuba), Mercedes Sosa, Gilberto Gutiérrez (Mono Blanco), La Mari (Chambao) y Raúl Midón, todos cantando en composiciones de Downs y Cohen, pero también en algunos covers con los que, mucho más que en sus trabajos anteriores, la mexicana intentará penetrar el gusto estadunidense. Nos referimos a versiones encomiables de “Black Magic Woman” (Peter Green), “Yo envidio el viento” (Lucinda Williams) y “I Would Never” (Paul Buchanan). A propósito de estas y otras cosas platicamos con ella, hace unos días, en un parque de Coyoacán.

Háblanos sobre los arreglos de vientos que atraviesan el disco.

– Es el hilo conductor. La idea era fusionar las escalas del blues, la influencia de Nueva Orleáns, Texas, Luisiana y los Balcanes con la banda mexicana y el fraseo ranchero. Así se lo propusimos a Brian Lynch, quien encontró tiempo para escribir los arreglos.

Ahora el sonido es más crudo, menos producido…

– Digamos que estaba harta de la onda de la postproducción, por lo que dejé fuera cosas hip hop y me enfoqué a los sonidos acústicos.

Como en “Minimum Wage”, una especie de road song fronterizo…

– Sí. Es un blues minimalista en la onda Johnny Cash, pero con elementos mexicanos. La narrativa trata de un mojado que se cruza y vive experiencias difíciles. En vivo tiene unos visuales en los que los mexicanos nos vemos como frijolitos. Es sarcástica pero con alma.

¿Y por qué inspirarte en los curanderos y culebreros?

– Al principio Paul, que ya me tiene muy amaestrada [ríe], se burlaba de que me metiera con los curanderos. Se ponía a roncar cuando hablábamos del tema. Pero yo quería hacerlo de manera divertida. Tengo un amigo cuya madre es curandera y con ella me di cuenta de que lo más interesante era el asunto de la culebra, pues tiene que ver con lo prehispánico, con lo ritual y lo sagrado, pero también con lo misterioso y con nuestros miedos.

– Es curioso hablar de curanderos hoy, cuando tanta gente se preocupa superficialmente por una “salud” medio torcida.

– Sí. Hay una salud que hace daño. A mí me gustó hablar con doña Queta, la curandera, una señora preparada que viaja a Japón y da talleres de herbolaria por el mundo; ella me dijo “habla con tus riñones, con tu cuerpo”. Algo que no se me había ocurrido; muchas veces se nos olvida tener esos diálogos con nuestro cuerpo.

En tu boletín dices que estando en los Tuxtlas pediste perdón por castigarte…

– Me castigaba mucho por no poder preñarme. ¡Fíjate por lo que tiene que pasar una! Primero era la borrachera, sacar el monstruo y tirarte a la catarsis… otro tipo de sanación. Así era mi disco anterior, pero ahora se trata de parar la borrachera y cultivar algo bueno para la salud.

Tus invitados son distintos, pero comparten interés por la canción y sus raíces…

– Son personas con las que tengo mucho en común y son influencia. Por ejemplo, Raúl Midón andaba muy ocupado, pero para “Black Magic Woman” yo sabía que era necesario un dueto con él. Con Rubén hace diez años que nos conocemos, pero no habíamos podido coincidir. Con muchos no pude grabar cara a cara, ni con Mercedes ni con Bunbury, pero con todos los demás sí se pudo y estoy muy contenta por ello. Cacharon el lazo que les tiré.

“Little Man” es una pieza tipo Santana para la que se antoja un videoclip…

– Sí, Pedro Jiménez está haciéndolo, pero también está trabajando con La Mari y Jaime Rasos, bailarín de danza butoh, para el de “Ojos de culebra”. Al bailarín incluso lo vamos a invitar para los conciertos en México.

Hablando de México, ¿qué piensas del ambiente de inseguridad que respiramos?

– Mi opinión está en el disco, en el tema “Justicia”, con Bunbury. Hice tres o cuatro temas pensando en el temor que sentimos en México… por eso lo de la culebra: la hemos venerado pero nos da pavor, es un ser superior, hermoso. Es como el miedo con el que tenemos que aprender a convivir.