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A 40 AÑOS

Persecución militar y desalojo del Zócalo

Gustavo Castillo

Ampliar la imagen La bandera rojinegra en el asta del Zócalo La bandera rojinegra en el asta del Zócalo Foto: Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación / Archivo Histórico de la UNAM / Colección Manuel Gutiérrez Paredes / MGP2496 y MGP2346

Ampliar la imagen La enseña nacional luego del desalojo de los estudiantes por el Ejército La enseña nacional luego del desalojo de los estudiantes por el Ejército Foto: Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación / Archivo Histórico de la UNAM / Colección Manuel Gutiérrez Paredes / MGP2496 y MGP2346

El 27 de agosto de 1968, miles de personas participaron en la marcha convocada por el Consejo Nacional de Huelga (CNH), del Museo Nacional de Antropología al Zócalo. Se cumplía un mes del inicio del movimiento.

El gobierno federal movilizó batallones de fuerzas aerotransportadas (que en aquella época eran consideradas el cuerpo de elite del Ejército), artillería ligera e infantería. Un reporte de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (DGIPS), dependiente de la Secretaría de Gobernación, documentó que a las 15:40 horas “los tanques ligeros del Ejército que en número de 12 cruzaron Reforma y el Museo de Antropología (sic), van en dirección al centro de la ciudad, por Reforma (…) la embajada de Estados Unidos está custodiada por miembros del Ejército, granaderos y bomberos”.

Otro reporte de la misma dependencia señaló que desde el 26 de agosto los estudiantes tenían “conocimiento de que el Departamento Central (se refiere al Departamento del Distrito Federal, DDF) (…) ha formado grupos de choque”, y también que “el regente (en realidad, jefe del DDF, general Alfonso Corona del Rosal) ha preparado a gran cantidad de barrenderos de la oficina de Limpia y Transportes para que (…) insulten a los manifestantes, diciéndose que irán armados para agredir a los estudiantes”.

A las cinco de la tarde con 20 minutos se inició la marcha. La DGIPS reportó: “la cabeza de la manifestación llega a la Fuente de la Diana Cazadora. A la vanguardia llevan una camioneta de sonido de la UNAM (…) Atrás van las madres de los estudiantes heridos y llevan una manta con el siguiente texto: madres de los estudiantes heridos, libertad a los presos políticos”.

La retaguardia de la movilización tardó poco más de tres horas en salir del Museo Nacional de Antropología. El periódico El Día informó que fueron 400 mil las personas que marcharon.

En el Zócalo ya esperaban a la marcha “unas 15 mil personas”, señalaban los informes de Gobernación. A las 18:50 horas, “las campanas de la Catedral fueron lanzadas a vuelo, ignorándose los motivos”, informaron los agentes de la DGIPS, pero una nota del diario Excélsior afirmó que el sacerdote Jesús Pérez dio permiso a los estudiantes para que entraran al templo y subieran a tocar las campanas. Después (el religioso) “encendió las luces del templo a petición de los estudiantes”.

A las 19:20 horas, cuando la retaguardia aún no salía del Museo Nacional de Antropología, un grupo de jóvenes izó “una bandera rojinegra en el asta-bandera (sic)”. El informe de la Femospp señala que tanto ese hecho como la irrupción en la Catedral fueron actos de provocación. En la explanada, la multitud demandaba la libertad de los presos políticos (los líderes ferrocarrileros presos desde 1959 y más de 80 estudiantes confinados en Lecumberri).

El mitin dio inicio con la lectura de un poema de Isaías Rojas, uno de los estudiantes presos en Lecumberri. Luego se sucedieron discursos en los que los oradores “lanzaron censuras al gobierno y a los legisladores que rechazaron el diálogo con el Consejo Nacional de Huelga”, refiere Ramón Ramírez en su libro El movimiento estudiantil de México.

Esos reclamos tenían el antecedente de que se había invitado a los diputados de todos los partidos a sostener un diálogo público con la representación estudiantil el 18 de agosto en Ciudad Universitaria, a lo cual se negaron, a pesar de que las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) habían expresado su acuerdo en establecer mesas de negociación para poner fin al conflicto.

Sin embargo, el silencio de las autoridades terminó el 22 de agosto, cuando Luis Echeverría Álvarez, secretario de Gobernación, declaró: “el gobierno de la República expresa su mejor disposición de recibir a los representantes de los maestros y estudiantes de la UNAM y del IPN y de otros centros educativos vinculados al problema existente, para cambiar impresiones con ellos y conocer en forma directa las demandas que formulen y las sugerencias que hagan, a fin de resolver el conflicto que ha vivido nuestra capital en las últimas semanas, y que han afectado en realidad, en mayor o menor grado, a todos sus habitantes”.

No obstante, para el 27 de agosto el diálogo no se había concretado; inclusive, en un intento por afectar la unidad estudiantil, Corona del Rosal continuaba apoyando su idea de conformar una comisión investigadora y mantenía sus vínculos con la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos, a pesar de que ésta había sido desconocida como organización representativa del movimiento estudiantil.

Aquel 27 de agosto, casi al finalizar el mitin, “Sócrates Campos Lemus hace a la multitud que vote porque el diálogo sea realizado el 1º de septiembre durante el informe presidencial y la custodia del zócalo quede en manos de brigadas que permanecieran asentadas en él, hasta la realización del diálogo público”, menciona la tarjeta 11-4-68 L 34 H 328-353, elaborada por agentes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS).

Informes de la DGIPS señalaron que a las 21:20 horas, “los estudiantes están colocando tiendas de campaña en el Zócalo y frente a la puerta central de Catedral (…) sobre la acera de Monte de Piedad y Madero (…) continúa llegando gente”. Simultáneamente, aseveran esos reportes, un grupo realiza pintas y coloca pancartas en las paredes de Palacio Nacional, pero estudiantes, agregaban los reportes de Gobernación, “han estado separando a todos los que pintaron leyendas, diciéndoles que la manifestación no era en la acera de Palacio, sino dentro de los límites del Zócalo”.

A las 21:35 horas, un grupo de 700 estudiantes se separa del mitin y se dirige a Lecumberri para exigir la liberación de los presos políticos

Cerca de las 10 de la noche, según informaban los agentes de la DGIPS, los estudiantes “cantan el himno nacional con todo respeto”, luego “incendian (sic) antorchas, queman los palos y pancartas que tienen en la mano y se empiezan a dispersar por las calles adyacentes” al Zócalo.

Amenaza militar

Un dato relevante en los informes de la DGIPS es el siguiente: los estudiantes “izan la enseña patria (no se refiere ese informe a la bandera rojinegra) en la Plaza de la Constitución, informando a los que les toca la guardia que cada seis horas serán remplazados”. Había concluido el mitin, y entonces vendría la represión contra los “3 mil 500 estudiantes dispersados (sic) en pequeños grupos”.

Hacia las 23:00 horas, “un grupo de 200 estudiantes llegó al frente de la penitenciaría de Lecumberri” y 20 minutos después se retiraron, reportó la DGIPS, y agregó que a las “23:55 tanques y carros ligeros del Ejército circulan alrededor de las calles circunvecinas al Zócalo”

A la 1:05 horas: “el sonido de la Presidencia sigue exhortando a los presentes a retirarse ordenadamente debido a que están violando el artículo 9 de la Constitución.

“En ese momento va entrando el Ejército por las calles de Pino Suárez y Moneda, están frente a Palacio pie a tierra, los tanques ligeros vienen entrando por Seminario y Moneda, viene un cordón replegando a los estudiantes sobre la pizarra (sic), vienen también algunos tanques ligeros y por el sonido local se llama a la cordura.

“El Ejército va con bayoneta calada y los carros blindados destruyen los campamentos (levantados con cartones de pancarta y mantas) que habían levantado los estudiantes.

“La primera fila es de soldados y detrás de ellos siguen granaderos, cuatro carros de bomberos y patrullas; los carros ligeros desalojan a la gente (…) Todo el Zócalo está lleno de patrullas formando un cordón.

“Los estudiantes gritan: ¡México, libertad!, ¡México, libertad!, retirándose por Madero siendo aproximadamente mil 500 personas”, otros trataron inútilmente de detener la marcha de los tanques ligeros tirándose a su paso o subiéndose a ellos. Al final todos fueron desalojados del Zócalo.

A la 1:15 horas: “un militar con magnavoz grita vivan los estudiantes, pero con la razón”, reportaron los agentes de Gobernación. El informe de la Femospp señala que “participaron el 43o. y el 44o. Batallones de Infantería y 1º de Fusileros Paracaidistas, al mando del general Benjamín Reyes García; así como 12 carros blindados de la guardia presidencial, cuatro carros de bomberos, alrededor de 200 patrullas de la policía preventiva, cuatro batallones de tránsito y unos diez motociclistas de la Dirección General de Tránsito”.

El mismo documento agrega que “los estudiantes no sólo fueron desalojados, sino perseguidos a lo largo de las calles del centro histórico hasta la Torre Latinoamericana, donde el Ejército corta cartucho. En El Caballito, en las inmediaciones de Bucareli y Reforma, arremete a culatazos contra los estudiantes”.

A pesar de que a las diez de la noche los estudiantes habían retirado la bandera rojinegra, un informe de la DGIPS señalaba que a la 1:35 horas del 28 de agosto: “en el astabandera continúa izadala bandera rojinegra.

Para las diez de la mañana del 28 de agosto, “la bandera que amaneció (…) izada en el asta monumental (del Zócalo) era una rojinegra de seda de tamaño enorme y no pintada, sino fabricada con tela de color rojo y negro”, revela el informe histórico de la Femospp.

Acto de “desagravio”

El mismo documento describe así lo que sucedió después: el gobierno “realizó un acto en el Zócalo para desagraviar a la bandera, que terminó siendo un acto de repudio hacia el gobierno y de apoyo al movimiento (estudiantil). Burócratas del DDF (que) habían sido acarreados (…) al acto de desagravio, ante lo ominoso del evento, empezaron a corear ‘¡somos borregos!’, ‘¡somos acarreados!’. El acto terminó con la intervención policiaca y del Ejército, con una nueva persecución por las calles del Centro Histórico.

“Desde los edificios (…) la gente lanza a los soldados botellas, macetas y otros objetos. La tropa responde con descargas de fusilería y ametralladoras ligeras. El Hotel Majestic recibe varios impactos de bala.”

El CNH reiteró, mediante declaraciones, su disposición al diálogo. Manifestó “que crearía las mejores condiciones para la realización del mismo y se comprometió a no realizar movilizaciones durante el cuarto Informe de gobierno de Gustavo Díaz Ordaz”.

A partir de ese día, la represión a las brigadas estudiantiles, los actos de provocación y las declaraciones a la prensa contra el movimiento se incrementaron sustancialmente.

Siguiente entrega: primero de septiembre

 
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