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A 40 años

Días de agosto exitosa marcha y fallido plantón

Alberto del Castillo Troncoso

Ampliar la imagen Mientras diarios como La Prensa privilegiaron la difusión de imágenes sobre el desalojo del Zócalo, revistas como Life en español (la fotografía de arriba corresponde a la edición de esos días) y el suplemento "La cultura en México", de Siempre!, dieron espacios preferenciales a fotografías de la multitudinaria marcha del 27 de agosto Mientras diarios como La Prensa privilegiaron la difusión de imágenes sobre el desalojo del Zócalo, revistas como Life en español (la fotografía de arriba corresponde a la edición de esos días) y el suplemento “La cultura en México”, de Siempre!, dieron espacios preferenciales a fotografías de la multitudinaria marcha del 27 de agosto

La espectacular marcha del 27 de agosto marca el punto más alto en la capacidad organizativa del movimiento estudiantil. También exhibe, de manera dramática, sus límites y fisuras, los primeros errores en la conducción del Consejo Nacional de Huelga (CNH), la sombra de los servicios de inteligencia gubernamentales y la estrategia mediática de las autoridades, que optaron por el control cada vez más directo de las coberturas fotográficas cotidianas y permitieron la existencia de espacios alternos marginales mediante la publicación de algunas imágenes en algunas revistas ilustradas semanales de alcances limitados.

La última semana de agosto parecía propicia para la negociación entre el gobierno y el CNH. Un representante de Gobernación se había comunicado telefónicamente el 22 de aquel mes con algún representante del consejo para manifestar su disposición a discutir algunos de los puntos del pliego petitorio.

La respuesta del CNH fue convocar a una segunda marcha multitudinaria el día 27 y exigir la realización de diálogo público entre los representantes gubernamentales y una comisión de 36 representantes del consejo, seis por cada uno de los puntos del pliego petitorio, con una cobertura informativa del episodio.

La expectativa del encuentro se mantuvo durante varios días y se esfumó en la madrugada del día 28, con la intervención de las fuerzas armadas para dispersar la guardia que los estudiantes montaron en el Zócalo para exigir el diálogo público con Gustavo Díaz Ordaz y la evidente articulación de una estrategia represiva gubernamental ejecutada en las horas posteriores al desalojo.

La marcha del 27 partió del Museo Nacional de Antropología y desembocó en el Zócalo. Reunió a unas 300 mil personas y transcurrió pacíficamente, exhibiendo el enorme poder de convocatoria logrado por el consejo en apenas tres semanas de existencia.

En el mitin se leyeron varios discursos y durante el transcurso del mismo se izó en el astabandera un trapo rojinegro. Al final, uno de los líderes estudiantiles arengó a la multitud y propuso la provocadora idea de dejar una guardia de 3 mil estudiantes para exigir el diálogo público con Díaz Ordaz en el Zócalo capitalino el día del Informe. En la madrugada intervino el Ejército para dispersar a los estudiantes y recuperar el control de la plaza.

La prensa se alinea

La cobertura de la prensa sobre la marcha se alineó a la estrategia gubernamental y apoyó la teoría de la conjura. En esta ocasión mostró su perfil más claro y contundente, al evidenciar vínculos más sólidos de colaboración con el gobierno.

Lo primero que llama la atención es que la mayor parte de los periódicos priorizaron el capítulo del desalojo de los estudiantes del Zócalo, a la una de la madrugada, como nota principal, desplazando la información gráfica sobre la marcha a las páginas interiores.

De esta manera, el gobierno capitalizó la decisión política del CNH sobre la permanencia de una guardia de estudiantes en la plaza. Como en un operativo previo concertado entre la prensa y el Estado, se minimizó el peso político de la enorme manifestación y se centró la atención en la provocación de los estudiantes.

Si tomamos en cuenta que el cierre de edición se realizaba en condiciones normales a las once de la noche, llama la atención la disposición de la prensa en su conjunto a utilizar un material que registró acciones ocurridas entre la una y las tres de la madrugada. Se trata de un hecho que sólo puede ser explicado por el dictado de lineamientos gubernamentales a los directores y dueños de los medios.

Ofensiva mediática

El caso límite que ilustra esta confluencia de intereses es el que se refiere al episodio de la inclusión en las primeras planas de la fotografía del mitin nocturno con el astabandera luciendo el trapo rojinegro, como parte de la línea inducida desde la Presidencia de la República. Así lo muestra la correspondencia sostenida entre Gabriel Alarcón, director de El Heraldo, y Díaz Ordaz, en la que el primero informa al presidente que ha comunicado a otros directores la pertinencia de utilizar dicha imagen para contrarrestar la influencia del movimiento, según consta en una documentación abierta recientemente a la consulta pública en el Archivo General de la Nación.

La prensa uniformó como nunca antes su cobertura de los hechos. En periódicos como El Heraldo, El Sol de México, El Universal y La Prensa se cabeceó en los titulares la operación del desalojo y se publicaron gráficas parecidas de mantas con la imagen del Che Guevara y carteles con el retrato de Demetrio Vallejo, como pruebas para desacreditar al movimiento, toda vez que en los textos se insistía en la ausencia de argumentos académicos por parte de los estudiantes.

La gigantesca marcha juvenil, con todo su poder de convocatoria, quedó opacada así en la percepción pública por el énfasis de los medios en la irracionalidad de la presencia de una guardia estudiantil permanente y la eficiencia del operativo militar de desalojo.

Puntos de vista sobre la marcha

Un espacio alterno puede encontrarse en algunas revistas ilustradas, con modalidades ideológicas distintas. Life en español tomó distancia de las posturas oficiales, al señalar que los gobiernos latinoamericanos descalificaban de inmediato las movilizaciones sociales etiquetándolas de “comunistas”, y en cambio señaló que el móvil verdadero de la rebelión había que encontrarlo en la naturaleza autoritaria de un “régimen de partido único”.

Con esta lógica la revista publicó una fotografía panorámica de la marcha a su paso por avenida Juárez, captada desde la Torre Latinoamericana, lo cual le permitió dimensionar una protesta cívica que calculó en 200 mil personas.

Por su parte, “La cultura en México”, suplemento de la revista Siempre!, publicó una secuencia de imágenes de Héctor García sobre la marcha, en las cuales se destacaba tanto la multitud como distintos aspectos de la manifestación, recuperando su carácter cívico y propositivo, con una mirada documental propia.

Esta crónica visual estuvo contextualizada por la ironía de Carlos Monsiváis, quien intercaló párrafos con argumentos y distintas opiniones sobre el movimiento, entre las que se podía encontrar la defensa servil del gobierno, a cargo del periodista Carlos Denegri, junto a posturas lúcidas y certeras como las de Daniel Cosío Villegas, quien cuestionaba, con enorme inteligencia, la politización y el nivel académico del estudiantado.

 
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