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■ En sus textos, el subcomandante Marcos nunca se refirió a los protestantes, señala

Cuestiona Monsiváis que la izquierda no defienda derechos de las minorías religiosas

■ Los 100 años de persecución no le han merecido un solo comentario, afirma en foro en San Lázaro

Roberto Garduño

Ampliar la imagen El escritor Carlos Monsiváis durante la presentación del libro-catálogo de obras del artista plástico Daniel Lezama El escritor Carlos Monsiváis durante la presentación del libro-catálogo de obras del artista plástico Daniel Lezama Foto: Notimex

El escritor Carlos Monsiváis cuestionó la “escasa capacidad” de la izquierda mexicana y de los sectores liberales en la defensa de los derechos humanos de las minorías religiosas.

“¿Por qué ninguno de los grupos que defienden los derechos indígenas se ha preocupado por mencionar la persecución religiosa? En los textos del subcomandante Marcos, que tuvo presencia mediática, que es la única presencia, por lo visto, jamás se mencionó a los protestantes, nunca; en todas sus enumeraciones, en sus catálogos de días enteros, jamás se refiere a la disidencia religiosa”, señaló.

Al participar en el foro Religión en el siglo XXI, en el mes de la Biblia, organizado por el diputado Alfonso Suárez del Real en San Lázaro, el escritor y ensayista cuestionó la lenta inclusión del tema de las persecuciones religiosas en el ámbito de los derechos humanos, por lo que ponderó la organización del foro referido. En otra época –dijo–, un ejercicio de tal naturaleza hubiera sido inconcebible. Recordó distintos sucesos que los medios de comunicación refirieron en torno a la persecución e intolerancia contra minorías religiosas.

Si no compartes mi fe...

“Son notas a las que intitulé con una frase dicha en un intento de linchamiento colectivo ocurrido en el cerro del Ajusco: si no compartes mi fe, te parto la madre; estas notas están amparadas bajo un epígrafe del cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, de 1998. Se necesita no tener madre para ser protestante. Entonces, si no tiene madre, ¿a quién se la parte? El 12 de abril de 2001, 24 familias de la comunidad San Nicolás, cerca de Ixmiquilpan, Hidalgo, denuncian al delegado comunal Heriberto Lugo y a varios de sus colaboradores por hostigamiento y amenazas de muerte por no profesar la fe católica (...); luego los amenazó con agredirlos e incluso matar a Celerino González si no se retiran del poblado”.

Tales referencias le llevaron a poner sobre la mesa del foro preguntas referentes a la persecución religiosa y las implicaciones en la historia contemporánea en México.

“Si la fe es la única verdadera, un fanático es sólo un defensor de la verdad. La pregunta más significativa es: ¿por qué no se han dado las reacciones críticas en los sectores liberales, democráticos de izquierda ante la intolerancia religiosa? El surgimiento de este interés es muy reciente; todavía en la década de los años 70, los antropólogos marxistas insistían en que los protestantes estaban dividiendo a las comunidades, hablaban de su oposición al tequio –el trabajo colectivo en fiestas religiosas– como una manera de profundizar la división”.

Durante el acto, celebrado en el auditorio E del Palacio Legislativo de San Lázaro, Monsiváis preguntó por qué fue tan lenta la inclusión de las persecuciones religiosas en el campo de los derechos humanos. “Para mí, esta es la pregunta básica. Y ahí, en parte, las comunidades protestantes son responsables, con su idea de que todo quede en manos de Dios; entonces defender los derechos humanos es superfluo, porque de cualquier manera Dios lo sabe, y citan los salmos, pero mañosamente, porque éstos sí hablan de la persecución”.

Los asistentes e invitados le escucharon con atención cuando insistió en cuestionar el papel de la izquierda política en el terreno de la defensa de las garantías individuales. “La izquierda no ha reclamado lo que es propiamente suyo; la defensa de los derechos humanos ha sido una causa de la izquierda, la derecha nunca la ha tomado, la ha considerado nula porque ahí lo importante es derechos, no humanos”.

Refirió las causas de la ausencia de debate sobre la violencia contra las religiones. “¿Por qué no se ha dado un debate preciso? Este debate no sólo atañe a cuestiones religiosas, sobre los usos y costumbres, como legitimización del monopolio religioso, y lo que es más categórico, de parte de los caciques, el uso religioso y caciquil del tequio. Se considera a los protestantes y evangélicos como ciudadanos de segunda o de tercera clases, los excluidos de la identidad nacional.

“La comunidad evangélica ha sido minimizada por la marginación, por todo el proceso de exclusión, y porque internamente asimila la idea de que son excluibles y marginables. Esto no es tema menor en la medida en que, efectivamente, si uno no ejerce los derechos no los tiene, es una obviedad, pero en la práctica es una categoría del fatalismo”.

El ensayista cuestionó que los 100 años de persecución religiosa no han merecido de la izquierda, del sector del nacionalismo revolucionario, un solo comentario, uno, el que quiera, el más descuidado, el más leve.

“La izquierda no entiende o no asimila que se trata de un asunto de derechos humanos, y ahí hay ventajas del nominalismo; antes de que el término derechos humanos cundiera, la idea misma de los derechos humanos estaba disminuida, arrinconada; ahí esta 1968, y ahí esta una de mis insistencias, el pliego petitorio es un pliego de derechos humanos. Por eso insisto en el nominalismo: como no había el término derechos humanos con toda la evolución y uso de las leyes de legitimidad de los sentimientos, se aletargaba la movilización, aquí el término mismo hubiera impulsado la movilización”.

 
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