Usted está aquí: domingo 7 de septiembre de 2008 Opinión “Sinfonía maravillosa”

Ángeles González Gamio
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“Sinfonía maravillosa”

Así definió Miguel León Portilla la diversidad lingüística actual del continente americano durante la conferencia magistral, que verdaderamente lo fue, que impartió en la inauguración del Encuentro Internacional de Literatura en Lenguas Indígenas, que se llevó a cabo hace unos días en el Colegio Nacional. Explicó que las lenguas son el “inventario de las culturas” y cada una de ellas son el parto de un pensamiento diferente, pues con su fonética, gramática y sintaxis particular dan cauce y orden a la visión del mundo. Por ello, cuando una lengua se extingue, la humanidad se empobrece, ya que pierde una manera única de ver el universo.

El sabio y humanista León Portilla agregó que las lenguas y pueblos indígenas y sus culturas son un baluarte contra la cara negativa de la globalización. La presentación la hizo Eduardo Matos Moctezuma, el sobresaliente arqueólogo, miembro ilustre, igual que León Portilla, del Colegio Nacional, que por vez primera abre sus puertas a los escritores en lenguas originarias de diversos paises de América. Durante su disertación, Matos hizo una propuesta trascendente: que las lenguas indígenas sean declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Por supuesto que la iniciativa fue aceptada por todos los asistentes, entre otros, Fernando Nava, director del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, quien señaló que aunque los valores intrínsecos de cada lengua serían suficientes para integrar el expediente, sería mejor acompañarlo de una muestra de su vitalidad y vigencia, reflejada en las obras de los escritores en idiomas originarios del país.

El marco en el que se celebró el encuentro no podía ser mejor, ya que originalmente fue la sede del convento de la Enseñanza, que fundó una inteligente y acaudalada dama coahuilense, María Ignacia de Azlor y Echevers, con el objeto de que se dedicara exclusivamente a la educación femenina.

Comenzó a funcionar en una sencilla construcción, que permitió la operación de la escuela y desde luego un templo para las funciones religiosas. En el siglo XVII el notable Ignacio Castera edificó el convento, que vino a anexarse al bello templo que había construido 10 años atrás Francisco Guerrero y Torres, uno de los mejores arquitectos de la época.

Tras las Leyes de Exclaustración, el convento fue abandonado por las monjas que en esa fecha poseían, además de sus enormes instalaciones conventuales, 34 casas en la ciudad que les producían jugosas rentas. El hermoso templo, uno de los mejores exponentes del barroco, afortunadamente permaneció intacto con todos sus contenidos: retablos extraordinarios recubiertos de oro, magníficas pinturas y esculturas de tela engomada que decoran el altar principal. El convento fue fraccionado y padeció diversas modificaciones, pero logró conservar su estructura original: patios, muros y muchos elementos que han sido muy bien restaurados.

Un tiempo se instaló ahí la Suprema Corte de Justicia y más tarde los tribunales. En 1943 una parte la ocupó la Secretaría de Educación Pública y la otra se la repartían el Archivo de Notarías y el entonces recién nacido Colegio Nacional, cuyo lema “Libertad por el saber” define el ser de sus miembros, todos ellos dignos representantes de la cultura nacional. A esta institución se le otorgó toda esa área en 1988, siendo hasta 1992 que obtuvieron los permisos y los recursos para su recuperación, que llevó a cabo el arquitecto Teodoro González de León, quien realizó una obra soberbia, que vale la pena visitar.

En las cercanías, en la calle de Guatemala 18, en una hermosísima casona barroca, de tezontle y cantera, se encuentra el Centro Cultural de España, en cuya terraza de la azotea hay un restaurante que ofrece comida española, y de miércoles a sábados por la noche: jazz, rock, y viernes y sábado música electrónica. Puede cenar muy sabroso tapas españolas o unos pimientos del piquillo rellenos de bonito, buenísimos. La vista de la Catedral es espectacular.

 
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