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■ Cuenta la historia de tres mujeres de épocas distintas, aunque con las mismas pasiones

En silencio, la lluvia, llamado de Silvia Molina a no huir de la propia conciencia

■ Una beguina, una colombiana y una mexicana con vidas diferentes, pero que coinciden en la búsqueda de ellas mismas

■ Hacemos de la vida una fuga sin sentido, dice Mónica, la protagonista

Fabiola Palapa Quijas

Ampliar la imagen Primero hay que encontrarse para después poder escapar de los demás, plantea Silvia Molina en su reciente novela Primero hay que encontrarse para después poder escapar de los demás, plantea Silvia Molina en su reciente novela Foto: Carlos Ramos Mamahua

En su más reciente novela la escritora Silvia Molina plantea el encuentro y la aceptación de uno mismo, y evitar huir de las situaciones deprimentes en voz de tres mujeres de distinta época, aunque con las mismas pasiones.

En el libro En silencio, la lluvia la protagonista se pregunta si su horizonte es de veras el que vivieron y le trasmiten sus padres, así que viaja a Bélgica mediante una beca; ahí se da cuenta que no bastan el deseo o la pasión para combatir al mundo si antes no se combate a sí misma.

En este lugar descubre la historia de Catharina de Lovaina, beguina del siglo XVI que se debate entre el amor a un hombre y el amor a Dios; posteriormente conoce a Irene, una colombiana posmoderna.

En la novela, “la protagonista ve su vida reflejada tanto en la beguina como en la colombiana, que es su amiga, y eso le permite encontrarse a sí misma luego de huir del país por una ruptura amorosa. En el libro trato de reflexionar que no hay que escapar de uno mismo, sino al contrario, hay que encontrarse primero para poder huir de los demás.

“No te puedes escapar de ti mismo. Víctor Hugo tiene un poema que se llama La conciencia, donde dice que hay un ojo que lo persigue por todas partes. Puedes huir pero hay un ojo que te busca y te encuentra porque es tu conciencia, no se puede huir de uno mismo, por eso la protagonista plantea que hacemos de la vida una huida sin sentido.”

En el volumen, la beguina Catharina de Lovaina acepta que el novio la traiciona y se queda en España; la colombiana termina una relación en el momento en que las reglas impuestas no eran las que ella quería jugar y porque el marido la engaña; la mexicana quiere ser ella misma.

En entrevista, Molina explicó: “quería contar la historia de tres mujeres muy distintas entre sí, pero que finalmente expresan sus pasiones de la misma manera”.

Al referirse al Gran Beguinaje, en Bélgica, donde se desarrolla la historia, la autora indicó: “me impresionó la forma de vida de esa época (siglo XVI), porque las mujeres estaban un poco encerradas en estas ciudades, y percibí que no eran conventos, porque las mujeres eran laicas y no hacían votos de castidad, pero cumplían reglas de obediencia. Eran mujeres que salían a trabajar a la ciudad o administraban sus propiedades al ser hijas de familia.

Bélgica, España y México

“Las beguinas tenían una vida interior muy grande, ya que no sólo era de reclusión, sino también cultivaban el espíritu y las artes: pintaban, cantaban, enseñaban a los demás, eran mujeres muy interesantes, por eso inventé a Catharina y la puse en una situación amorosa con un pintor.”

A lo largo del volumen, Molina describe la arquitectura, el paisaje, la cocina y la forma de vida en Bélgica. De igual modo, destaca la importancia de la pintura flamenca en España, que había dejado una huella profunda en las obras de iglesias y conventos de la Nueva España.

“Quería señalar de alguna manera cómo la pintura de los flamencos llegó a nuestro país mediante los españoles. Bélgica tiene cosas muy cercanas a México; por ejemplo, hay lugares de Bruselas que se parecen a las colonias Roma y Condesa, por esta arquitectura afrancesada de art nouveau y decó.”

Tres historias intensas y entrecruzadas donde convergen la rebeldía, la evasión amorosa y la lucha por el rencuentro definitivo de Mónica, relata Silvia Molina en la novela En silencio, la lluvia.

 
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