Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 14 de septiembre de 2008 Num: 706

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Visión del polvo
LEANDRO ARELLANO

Dos poemas
TASOS DENEGRIS

Tres crónicas tres

Alessandro Baricco: configurar la maravilla
JORGE ALBERTO GUDIÑO

Cuarenta años de la Teología de la Liberación
ÁNGEL DARÍO CARRERO entrevista con GUSTAVO GUTIÉRREZ

Noticieros matutinos: la insolencia de los mediocres
FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

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Columnas:
Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Paso a Retirarme
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Visión del polvo

Leandro Arellano

Acaso el portento ocurra desde el momento mismo de la Creación. Al presente llega sin anunciarse: ninguna señal, ninguna advertencia, ningún aviso, sólo el conocimiento de que arribará. Se presenta cualquier día, apenas el más intenso frío ha comenzado a ceder. Todos lo identifican, pues ataca de frente, lanzando su zarpa borrosa al descubierto. El cielo parece anegarse de una bruma pastosa que enturbia el sol. Empeora año con año, desluciendo la visibilidad.

Los más antiguos registros lo consideraban la furia desatada de los dioses. Los ancestros de Gengis Khan lo asumían con el respeto con el que los antepasados reverenciaban a las potencias germinales, como a una manifestación de esas fuerzas oscuras y ordenadoras que impulsan la trayectoria del universo.

Transformado en un manto inmenso, cubre las superficies que topa y se introduce en los rincones más escondidos, asentándose en cualquier objeto que se le cruza. Toldos y techos amanecen cubiertos de una sábana tenue y pegajosa. Pisos y cristales se nublan con capas de un velo de tul amarfilado. Las vías respiratorias se congestionan y se irritan los ojos y la piel. Suspenden clases las escuelas de párvulos y las primarias. Los pacientes se agolpan en clínicas y farmacias con virus y alergias que se expanden por todas partes. Las autoridades civiles vigilan que los menesterosos tengan acceso a tratamiento.

Lo resienten también los seres inanimados: motores, aviones, computadoras y otros instrumentos y aparatos de precisión pierden el orden, invadidos por las fantasmales partículas.

Aunque se lo ha reportado en varios inviernos, acaece regularmente durante la estación florida, como efecto de la presión atmosférica que baja hacia el sureste, acompañada de vientos fríos que lo impulsan y desparraman en su peregrinaje, sin nadie que le exija pasaporte. Baña ciudades tan lejanas como Pekín, Tokio y Seúl. ¡Quién sabe si el Mar Amarillo haya derivado ese nombre en seguimiento de aquel fenómeno, que por tiempo inmemorial ha dibujado sus aguas!

El viento lo esparce convertido en silenciosas tolvaneras, que recuerdan a las que empañan el firmamento del Valle de Anáhuac cada principio de año. Su textura es delicadísima y tiene color pardo o blancuzco. Asentado, se torna amarillento. Comúnmente lo llaman polvo amarillo. Es el polvo que se levanta inclemente en el desierto de Gobi y en las zonas áridas del norte de China.

En años recientes la mano aviesa del hombre ha magnificado el problema, amputando su inocencia de antaño. La cortina boscosa que en siglos pasados atajaba el polvillo arenoso, se ha doblegado ante el hacha artera de los mercaderes de madera. Los palillos que consume la hinchada población china demandan la tala de cuarenta y tres millones de árboles anualmente. Y en su actual itinerario, las plantas industriales que topa en el camino le aportan su tributo venenoso. Se arguye que sólo hay una cosa superior a los dioses: la necesidad.

Así, el fenómeno no ha de detenerse. Pero como el equilibrio de la naturaleza no admite contravenciones, igual se anticipará en cualquier estación o se presentará con cada primavera. Hasta que una futura catástrofe nos abata a todos, o a la humanidad, trocada en ceniza cósmica, le alcance la caída postrera.