Usted está aquí: miércoles 17 de septiembre de 2008 Economía Ni las salidas de emergencia de Wall Street resguardan del temblor financiero

■ Destaca editorial del New York Times la inclinación autodestructiva del capitalismo

Ni las salidas de emergencia de Wall Street resguardan del temblor financiero

David Brooks (Corresponsal)

Nueva York, 16 de septiembre. Los rascacielos de las empresas financieras más poderosas del mundo que definen el perfil de Nueva York son monumentos al “mercado libre”, autoelogios a su papel como generadoras de riqueza, pero hoy ni las salidas de emergencia ofrecen refugio al temblor de la crisis que ellas mismas provocaron.

“Las revoluciones devoran a sus hijos”, advierte el economista James K. Galbraith, de la Universidad de Texas. “La desregulación ha sido la fe pública del sector financiero desde Ronald Reagan”, afirma y dice que esas políticas de “finanzas predatorias” han sido promovidas por el gobierno de George W. Bush. “Durante un año, la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro han sostenido a los mercados con la esperanza de que este sistema se recuperaría por sí solo. No lo hará, y el colapso de Lehman Brothers debería marcar el fin de esa mentalidad”, indicó en entrevista con el Institute for Public Accuracy.

El editorial del New York Times sobre las “bajas en Wall Street” concluye que “es necesario elaborar y hacer cumplir nuevas reglas, pero no será suficiente. La nación necesita una nueva perspectiva sobre los mercados, una que reconoce la inclinación autodestructiva del capitalismo sin cadenas y su capacidad, sin frenos, de devastación mucho más allá de Wall Street”.

Contradicciones del mercado libre

La intervención gubernamental en la creciente crisis financiera, la cual estalló hace un año al desplomarse el valor de la vivienda generando consecuencias en cadena por toda la compleja red de instrumentos de deuda basados en hipotecas –un gran negocio en el cual participaron desde bancos de inversiones, bancos comerciales, aseguradoras y fondos de inversión de todo tipo–, tiene cierta ironía en que viola justo los principios promovidos por un gobierno republicano: ceder al llamado “mercado libre” cada vez más poder con menos regulación o “interferencia” gubernamental con la fe en que las reglas “del mercado” son más sabias que las de las autoridades públicas.

El economista Doug Henwood, autor del libro Wall Street y editor de Left Business Observer, dijo a La Jornada que “esto es sólo un capítulo más del desenredo de la burbuja de vivienda, y esa crisis no está resuelta. Cada vez que parece que hay una solución, sea la intervención gubernamental en Bear Stearns de hace unos meses o el rescate de Freddie Mac y Fannie May la semana pasada, hay más. Esto tiene más conclusiones falsas que una mala película de horror”.

El origen de esto, explicó, es simple: mucha gente obtuvo hipotecas sin los ingresos necesarios para pagarlas y muchos bancos que no deberían de haberlas ofrecido se las otorgaron, y al estallar la burbuja de los precios de vivienda, todo se empezó a derrumbar. Pero lo que intensificó la crisis es que al suceder esto, se generó una crisis de confianza en las propias empresas financieras, provocando un desplome en el valor de sus acciones, y eso generó aun más desconfianza, en un círculo vicioso.

Henwood cita a un experto del sector bancario quien lo caracteriza como “un zoológico financiero” y que argumenta que se debería de colocar a los banqueros en jaulas porque sino se comen uno al otro y a todos alrededor —no se les puede dejar libres.

Para Kathleen Day, vocera del Centro para el Crédito Responsable, grupo de investigaciones pro consumidor, hubo una falla de las autoridades. “La tarea de los reguladores es, cuando la fiesta está a todo dar, asegurarse de que los que están festejando beban responsablemente. En lugar de ello, dejaron que todos bebieran lo que deseaban y después les dieron las llaves del coche”, indicó a la cadena de periódicos McClatchy.

Para los afectados por la crisis hipotecaria, ser testigos de cómo los bancos son rescatados por el gobierno provoca ira. “Si el gobierno de Estados Unidos puede rescatar a bancos de Wall Street y tomar posesión de las dos instituciones de hipotecas más grandes, lo cual le costará al contribuyente estadunidense cientos de miles de millones de dólares y pondrá al gobierno de Estados Unidos en control más o menos directo de toda la industria hipotecaria, ¿por qué no puede detener que entre 8 mil y 9 mil familias pierdan sus hogares por juicios hipotecarios cada día?”, declara la Red Nacional contra los juicios hipotecarios y los lanzamientos, coalición de agrupaciones en defensa de quienes enfrentan la pérdida de sus casas. Señalan que hoy, casi un 10 por ciento de los que tienen hipotecas a nivel nacional están amenazados con juicios hipotecarios.

 
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