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A 40 AÑOS

La voz del amo

Atenazada por el temor y la censura, la prensa se convirtió en vehículo para justificar la represión

Alberto del Castillo Troncoso

Ampliar la imagen Primera plana de El Universal del 19 de septiembre de 1968, en la cual se da cuenta de la ocupación militar de Ciudad Universitaria; la fotografía fue captada por Daniel Soto Primera plana de El Universal del 19 de septiembre de 1968, en la cual se da cuenta de la ocupación militar de Ciudad Universitaria; la fotografía fue captada por Daniel Soto

Ampliar la imagen Fotografía de los Hermanos Mayo publicada en la revista Tiempo el 23 de septiembre de 1968. El pie de la imagen cita textualmente un fragmento del informe presidencial de Gustavo Díaz Ordaz, para reforzar la perspectiva oficial sobre el movimiento estudiantil Fotografía de los Hermanos Mayo publicada en la revista Tiempo el 23 de septiembre de 1968. El pie de la imagen cita textualmente un fragmento del informe presidencial de Gustavo Díaz Ordaz, para reforzar la perspectiva oficial sobre el movimiento estudiantil

La ocupación de Ciudad Universitaria (CU) se justificó como una medida dolorosa pero necesaria por la mayor parte de la prensa capitalina. Las reacciones de intelectuales fueron diversas. Mientras Salvador Novo declaró que se había desayunado con la mejor noticia recibida en mucho tiempo, Daniel Cosío Villegas escribió que se trataba de una medida irracional y contraproducente, pues obligar a los jóvenes a salir a las calles en una ciudad virtualmente tomada por las fuerzas armadas era una acción que rayaba en la estupidez.

En la Cámara de Diputados, el locutor Luis M. Farías, entonces presidente de la Gran Comisión, felicitó al rector y le aseguró que debería estar agradecido con el gobierno por haber recuperado las instalaciones de la universidad.

El propio Javier Barros Sierra declaró que la ocupación había significado el uso de fuerza desmedido que la Universidad Nacional Autónoma de México no merecía, y un par de días después renunció a su cargo con el argumento de que no le importaban las críticas de algunas personas menores, sin autoridad moral, pero que obedecían inequívocamente a la voluntad presidencial.

Testimonio de Daniel Soto, de El Universal

Un testimonio obtenido recientemente en una entrevista con Daniel Soto, jefe del departamento de fotografía de El Universal, confirma que la cobertura del episodio se trató de un operativo de Estado diseñado en la Secretaría de Gobernación, de cuya sede partió, a las 22 horas, la comitiva oficial con los fotoperiodistas hacia el campus universitario.

Una vez en CU se organizaron varios recorridos para los fotógrafos de la lente, que incluyeron una visita guiada a las aulas con letreros y grafitis irreverentes y obscenos, la exhibición de botellas vacías con estopas que “mostraban” el “peligroso arsenal” de bombas molotov decomisadas a los estudiantes y, lo más revelador, los cientos de jóvenes obligados a permanecer acostados con los brazos extendidos en la explanada de rectoría.

Una vez concluida la sesión dirigida, se conminó a los fotógrafos a abandonar CU, pero Daniel Soto permaneció unos minutos captando imágenes, y cuando quiso salir la pinza se había cerrado y se topó con una impasible (e impasable) valla de soldados, que le cortó la salida.

Entonces se produjo una escena digna de Costa Gavras, que en realidad es una alegoría de la resistencia civil contra el autoritarismo de Estado y que el propio Soto describe con las siguientes palabras:

“No nos dejaban salir, ya eran casi las 12:30 de la noche y había que entregar el material. En avenida Insurgentes estaba el cordón de soldados y uno trataba de salir hablando con ellos, pero no: ‘¡Aquí no pasas! Tenemos órdenes de que nadie salga. ¡Oigan, pero somos periodistas, ustedes nos trajeron! Pues no, no sabemos nada de eso. ¡Aquí no pasa nadie!’ Y en eso pasó uno de los muchachos que trabajaba como fotógrafo, que estaba del otro lado de la valla. Yo ya había quitado el rollo de la cámara, lo traía en la mano y le dije: ‘¡Quiubo!, ¿qué haces aquí? Nada, ando por aquí a ver si puedo entrar. No –le digo–, ¿cómo te va? –le di la mano y le pasé mi rollo; él sintió la película e inmediatamente entendió de qué se trataba. Y le dije–: ‘¡Ándale, vete rápido!’ Se fue y entregó todo ese material”.

La mirada de Aarón Sánchez, de Excélsior

No todos los fotógrafos corrieron la misma suerte. Era el caso de Aarón Sánchez, quien entonces tenía 20 años y trabajaba en Excélsior. Se había destacado por la obtención de algunas imágenes importantes sobre las marchas estudiantiles publicadas en ese diario y en el Magazine de Policía, la noche del 18 de septiembre resultó nefasta, ya que le fue decomisado su material fotográfico por militares. En una entrevista reciente, explica los hechos y asume las consecuencias de su novatez:

“Al hacer fotografías de la tropa en la universidad, me detuvieron los soldados y me llevaron con el general, que me quería quitar la cámara o cuando menos los rollos. Entonces le dije: ‘Oiga, general, mire, ¡yo soy de Excélsior! Este es un trabajo serio. ¡No vamos a hacer escándalo! Por favor, ¡no me vaya a quitar el rollo! Es más, mire, tengo una colección de fotos en mi coche de lo que ha venido sucediendo, para que vea lo que hemos venido fotografiando. A ver, ¡tráelas!’ Entonces me mandó con unos soldados a mi coche, porque yo estaba haciendo una colección de fotos y debo de haber tenido unas 300 imágenes en la cajuela del carro. Y entonces me dijo: ‘Mira, vamos a hacer una cosa: préstame tus fotos y se las voy a enseñar al Presidente y mañana te las devuelvo y te dejo ir’. Pues con eso de que te dejo ir, le dije: ‘¡Órale pues, general!’ Por supuesto, nunca me las regresaron”.

Los testimonios orales y fotográficos de Daniel Soto y Aarón Sánchez, junto con los de otros destacados profesionales como Enrique Metinides, Rodrigo Moya, Enrique Bordes Mangel, María y Héctor García puede verse en la exposición Miradas sobre el 68, que actualmente se exhibe en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. Las versiones de todos enriquecen y diversifican los puntos de vista sobre los hechos del movimiento estudiantil.

Control oficial y usos editoriales de las imágenes

La cobertura fotoperiodística de la ocupación de CU muestra el grado de injerencia del Estado en los contenidos de la prensa y se produce en momentos en los que la salida represiva había ganado la partida en la voluntad presidencial y sus círculos más cercanos.

Los siguientes episodios de las ocupaciones violentas del Casco de Santo Tomás y de Zacatenco así lo demuestran. Los usos editoriales de las fotografías se acotaron, por lo general, a las coordenadas de esta estrategia represiva.

Las imágenes incómodas se omitieron (algunas han venido publicándose en los pasados años ) y el resto fueron presentadas con pies de foto convenientes para el guión oficial, aunque debe tomarse en cuenta el enfoque alternativo que representaron algunas revistas ilustradas, las cuales tomaron cierta distancia de los parámetros gubernamentales.

Un ejemplo emblemático es el de algunas de las imágenes de los Hermanos Mayo, que fueron publicadas por la oficialista revista Tiempo, dirigida por Martín Luis Guzmán, el laureado escritor de la Revolución Mexicana, quien aplaudió la intervención militar en CU y que fueron retomadas en secuencias más amplias en la revista Por qué?, de Mario Menéndez.

La mirada del editor se impuso en lo inmediato a la impronta de los fotógrafos y fortaleció la versión oficial, en el primer caso, mientras la elección editorial de una secuencia de imágenes del mismo hecho, contextualizada con pies de foto críticos, permitió otra lectura, en el segundo ejemplo. A 40 años de distancia, este importante corpus de imágenes puede ser leído desde distintas perspectivas.

 
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