Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 21 de septiembre de 2008 Num: 707

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Intermisiones
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

En este lugar sueño y amanecer
KATERINA ANGUELAKI-ROUK

Carta abierta a Jane Austen
RICARDO BADA

Vida y teatro
ESTELA LEÑERO FRANCO

Un inédito de Rimbaud
Nota de MARCO ANTONIO CAMPOS

Cruce de lenguas en el sur
ESTHER ANDRADI entrevista con GLORIA DÜNKLER

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Columnas:
La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

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Hugo Gutiérrez Vega

ALLENDE Y LA DEMOCRACIA (II DE V)

No tuvo tiempo el gobierno de Allende para cumplir todas las rutas señaladas en su programa en materia de difusión de la cultura, promoción del libro y reforma universitaria y educativa en general. Su programa de la nueva organización de la escuela primaria, que contenía principios de la llamada educación activa y algunos aspectos de educación sexual, fue saboteado en las Cámaras y reprobado por el Episcopado y por las fuerzas de la derecha. Sin embargo, se lograron algunos avances en materia educativa, y el magisterio recibió apoyos, tanto financieros como intelectuales, inéditos en la historia de Chile. Por esa razón un buen número de maestros fue partidario de la Unidad Popular y salió a las calles para apoyar las nacionalizaciones y las medidas de planeación social del gobierno allendista que, contra viento y marea y siempre dentro del marco legal, cumplió una buena parte de sus promesas de campaña y tuvo que enfrentar las feroces reacciones del capital privado, salvo honrosas excepciones, y del capitalismo transnacional. Para apoyar nacionalizaciones como la del cobre, fue importante la limitada, pero muy inteligente campaña llevada a cabo por intelectuales y, en particular, dibujantes y cartonistas que encabezaron una labor de respuesta a la machacona y mendaz cantilena de la extrema derecha.

El 2 de diciembre de 1972, el presidente Salvador Allende pronunció un admirable y valiente discurso en el auditorio de la Universidad de Guadalajara que ahora lleva su nombre. En ese documento indispensable para conocer la idea de nación y la definición de las tareas culturales, especialmente las universitarias, Allende recordó la figura del presidente Benito Juárez, personaje central de nuestro siglo xix y ejemplo de perseverancia y de fe en el imperio de la ley. La izquierda mexicana (o, por lo menos, un sector de ella) nunca registró en toda su enorme valía la figura de Juárez, y puso el énfasis en el programa liberal para reprocharle una supuesta falta de compromiso social. Allende lo llama “el hombre de la independencia mexicana proyectada en el ámbito continental”, y reconoce la gran importancia de su lucha contra la intervención extranjera, y de su defensa a ultranza del orden constitucional. Recuerda que “México es el primer país de Latinoamérica que en 1938, a través de la acción del general presidente Lázaro Cárdenas, recuperó el petróleo”. En esos momentos, Allende tenía ya bien organizado su programa de nacionalizaciones y el siniestro Kissinger, premio Nobel de algo, la itt , los monopolios transnacionales y sus cómplices locales, empezaban a mover sus tentáculos para desestabilizar al gobierno chileno. Por eso, el compañero presidente apeló a los sentimientos del pueblo mexicano que tantas y tan meritorias luchas había emprendido para recuperar su patrimonio y defender sus recursos naturales. “Chile está hoy realizando el mismo camino liberador que ustedes”, afirmó en medio del aplauso de cientos de estudiantes universitarios.

(Hago un paréntesis para lamentar nuestra situación actual. Ya saben ustedes que el gobierno de la derecha mexicana está intentando dar marcha atrás en materia petrolera por medio de un chapucero proyecto de privatización de algunas actividades relacionadas con la explotación de nuestro principal recurso natural. Las transnacionales, entre ellas Repsol, afilan ya las uñas para dividir las tajadas del pastel. Recientemente recibimos la pragmática visita de la vicepresidenta del gobierno de España, que anunció el interés de las empresas españolas en participar en el pillaje. Algo habló, como de paso, de nuestra soberanía y de la opinión del pueblo mexicano sobre el tema, pero su discurso estuvo más cerca de los intereses empresariales que de los sentimientos de la nación. No se lo reprocho. Si el gobierno mexicano ofrece al mejor postor nuestra riqueza petrolera, es de esperarse que los negociantes del mundo se entusiasmen ante la perspectiva de ampliar sus inversiones y sus zonas de influencia. Me pregunto lo que opinarían Juárez, Cárdenas y los mismos fundadores del partido vendedor, Gómez Morín y González Luna, de todos estos despropósitos, tonterías financieras y aceptación, sin pataleo alguno, de las instrucciones de los centros del poder financiero internacional.)

La figura de Allende se agiganta en los terrenos de la cultura de la nacionalización de los recursos naturales, para garantizar su uso en servicio del pueblo y los valores de la independencia y la libre determinación. Fue muy claro, en su discurso de Gudalajara, el llamado a los estudiantes para que cultivaran “una conciencia revolucionaria y antiimperialista”. Sobre este tema afirmó que “no hay querella de generaciones: hay jóvenes viejos y viejos jóvenes, y en estos me ubico yo”.

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