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Gabriela Rodríguez
gabriela_afluentes@prodigy.net.mx

Desequilibrio

Veo una enorme sombra violenta que me marea y desequilibra. Ya no puedo distinguir entre terroristas y narcos, se me confunden funcionarios corruptos con especuladores y empresarios, líderes sindicales, políticos y capos con secuestradores.

A veces parece que esta crisis económica, social, cultural y de inseguridad es la peor expresión de la ambición y la avaricia. Con esos términos calificaba John Jeannot al neoliberalismo; el activista recién fallecido, originario y vecino del Área Central, ciudad de Seattle, decía que hay que pensar globalmente y actuar localmente: “Se trata de la avaricia de Bush, de los escándalos de los especuladores. Es la búsqueda por la dominación económica a toda costa, en la cual se confunde democracia con capitalismo, libertad con búsqueda despiadada de ganancias y máxima ganancia con valores familiares”.

Pese a la fulminante caída económica, pienso que nunca sería tan trascendental que ganara en noviembre el candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos. Por primera vez escucho a un candidato que conducirá un puesto central para el planeta, a Barack Obama, afirmar contundente: “la crisis se debe en parte a la codicia y la irresponsabilidad en Wall Street (...) Dijeron que querían que los mercados funcionaran con libertad, pero en lugar de eso dejaron que se descontrolaran y al hacerlo pisotearon nuestros principales valores de justicia y equilibrio y responsabilidad para con los otros, y debido a esto estamos afrontando una crisis financiera que no se veía desde la Gran Depresión. En consecuencia, sus trabajos, sus ahorros, su seguridad económica, ahora están en peligro”.

Ya vienen calificándolo como sujeto peligroso. Sabíamos que los publicistas de los republicanos asesoraron a Calderón, y que fue efectivo sembrar el odio para imponerse en México, ¡qué más evidencia que el espot publicitario en que intercalan mensajes sobre Obama con un virulento discurso de Chávez en el que el mandatario venezolano lanza expresiones ofensivas como “Yanquis de... (la palabra fue eliminada) váyanse al... (la palabra fue eliminada) cien veces”.

Allá también saben usar el sexo y el aborto para asustar y mover al electorado. A principios de este mes la campaña de John McCain acusa a Obama de ser un candidato pro aborto y de pretender llevar educación sexual integral a los niños de kínder “¿Aprender sobre sexo antes que aprender a leer? Obama está equivocado en la educación y es incorrecto para tu familia”.

Ni qué decir de la compañera de fórmula de McCain, Sarah Palin. Una mujer orgullosa de pertenecer a la Asociación Nacional del Rifle, así como de defender el derecho a usar armas y educar a los jóvenes para que las utilicen.

Palin aprueba la pena capital y la discusión sobre el “creacionismo” en las escuelas. Se opone al matrimonio en parejas del mismo sexo y se identifica como pro life; considera que el aborto es “una atrocidad” inclusive en casos de violación e incesto.

Pese a ser antifeminista, pertenece al grupo Feminists for Life, cuyo nombre fue expropiado al auténtico feminismo para beneficiarse del prestigio popular que han cobrado los derechos de las mujeres. Es también defensora de la educación sexual que se enfoca en la abstinencia hasta el matrimonio, estrategia cuya ineficacia quedó demostrada en el reciente embarazo de su propia hija de 17 años, a quien están por casar con su novio de la misma edad, porque, tal como Palin declaró : “ella no aprobaría el aborto ni aunque su hija fuera violada o estuviese en riesgo de morir”.

Apenas en junio pasado, la gobernadora de Alaska declaró en una ceremonia de graduación de los estudiantes del ministerio de la Asamblea de la iglesia de Dios: “Roguemos por este país, por nuestros líderes, los soldados enviados afuera para realizar una tarea de Dios. Eso es por lo que tenemos que rezar, porque hay un plan y ese plan es el plan de Dios”.

Yo, como Cioran, prefiero el pensamiento de los antiguos: “Los antiguos desconfiaban del éxito porque temían la envidia de los dioses, pero también del peligro del desequilibrio interior causado por cualquier éxito como tal. ¡Qué superioridad sobre nosotros demuestra haber comprendido ese peligro!”

 
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