Usted está aquí: domingo 28 de septiembre de 2008 Opinión Costumbres y tradiciones mexicanas

Ángeles González Gamio
gonzalezgamio@gmail.com

Costumbres y tradiciones mexicanas

“En su sentido más amplio, la costumbre es el conjunto de comportamientos humanos habituales, o sea, el modo especial de proceder adquirido por repetición de actos iguales o semejantes que forman el carácter distintivo de una persona, un grupo o un pueblo.” Con estás palabras comienza José Rogelio Álvarez la introducción del libro que se presenta en tres pequeños y atractivos volumenes Costumbres y tradiciones mexicanas.

Este hombre notable que realizó esa obra magna e indispensable que es la Enciclopedia de México, compilando y rescribiendo a lo largo de 10 años los trabajos de cerca de 400 autores, ahora, en este delicioso libro, nos ofrece una selección de textos de escritores antiguos y contemporáneos, muchos de él mismo que, acomodados en nueve apartados, nos brindan un panorama selectivo de varias de las tradiciones más significativas, muchas que aún se conservan.

Muy bien editado por Editorial Everest, está ilustrado con imágenes a color que salpimentan el placer de la lectura. Con buen ojo el autor seleccionó los temas más representativos: Nacimiento, Matrimonio, Muerte, La devoción a María, Celebraciones decembrinas, La charrería, Peleas de gallos, Festividades religiosas, Fiestas patrias, Indumentaria y Tipología popular.

En las páginas vemos aparecer las palabras, frecuentemente llenas de humor de Guillermo Prieto, Pablo Neruda, Antonio García Cubas, Teresa Pomar, Hilarión Frías y Soto, Eduardo Matos y José E. Iturriaga, entre otros.

Como probadita voy a comentar partes del texto “Cuatro siglos de moda”, que escribió el jalisciense José R. Benítez en 1946. Inicia en el siglo XVI cuando Hernán Cortés se encuentra en Cozumel a Jerónimo de Aguilar, quien había estado dos años entre los nativos, y de inmediato ordenó que se le proveyera de ropa: camisa, jubón, zaragulles, caperuza y alpargatas “que otro vestido no había”, dice Bernal Díaz del Castillo. A partir de ahí nos va describiendo los atuendos que se usaron en Mexico a lo largo de cuatro centurias, en las distintas clases sociales. La minuciosa descripción nos permite apreciar con claridad como la moda es un reflejo de la mentalidad y valores de una época en determinadas sociedades.

En el siglo XVII trae a colación la obra de Tomás Gage, jesuita, después dominico y por último ministro presbiteriano, lo que le permitió casarse, ya que como vemos por sus crónicas, era muy atento a los atributos femeninos. Dice de las negras y mulatas: “su atavío es tan lascivo y sus ademanes y donaires tan embelesadores, que hay muchos españoles, aun entre los de la primera clase, que por ellas dejan a sus mujeres”, y a continuación describe a detalle su vestimenta y adornos.

También vemos la relación de la moda con la política, como la oposición de los novohispanos a usar la que imponía la influencia francesa por el matrimonio de Carlos II con María Luisa, sobrina del rey de Francia. Contraviniendo una prohibición, alargaron hasta el suelo las capas que antes usaban a la rodilla, para facilitar de esa manera el embozo y aun el disfraz.

Durante la Guerra de Reforma, los partidarios de uno y otro bando que no eran combatientes se identificaban por ciertos rasgos de su atuendo. El conservador usaba patillas, sombrero alto... “y pesare a quien pesare”, capa española. “El liberal cometería un crimen de lesa nación si renunciara al fieltro, sombrero democrático por excelencia... y la corbata roja”.

Durante el imperio de Maximiliano frente al sombrero de seda negra de los republicanos, los imperiales opusieron el sombrero blanco. En las mujeres se impuso la crinolina que alcanzó grandes proporciones, tanto, que es famoso que el conservador Miguel Miramón, en situación de inminente peligro, se ocultó bajo la amplia falda de su esposa.

Vamos a presentar el sabroso libro mañana a las 19 horas, en la Casa Lamm. Al concluir pueden aprovechar para cenar ahí o si quieren algo económico, a unos pasos están los Bisquets de Obregón.

 
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