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La conexión americana, producida por canalseisdejulio, con imágenes inéditas de la época

Revela documental injerencia de Estados Unidos en el conflicto estudiantil del 68

■ La CIA desplegó una campaña de que en México se gestaba una “revolución comunista”

Rosa Elvira Vargas y Gustavo Castillo García

Ampliar la imagen El máximo jefe de la CIA, Richard Helms, visitó a Winston Scott en México días antes de la matanza del 2 de octubre de 1968. El máximo jefe de la CIA, Richard Helms, visitó a Winston Scott en México días antes de la matanza del 2 de octubre de 1968. Foto: Fotograma de la cinta 1968 La conexión americana

Ampliar la imagen El encargado de la estación de la CIA en el país, Scott, durante su boda el lunes 24 de diciembre de 1962. El padrino de la ceremonia fue el presidente Adolfo López Mateos, después mencionado como uno de los Litempos; el testigo fue el entonces secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz El encargado de la estación de la CIA en el país, Scott, durante su boda el lunes 24 de diciembre de 1962. El padrino de la ceremonia fue el presidente Adolfo López Mateos, después mencionado como uno de los Litempos; el testigo fue el entonces secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz Foto: Fotograma de la cinta 1968 La conexión americana

En vísperas de cumplirse 40 años de la masacre de Tlatelolco, el canalseisdejulio entrega una nueva producción documental, 1968 La conexión americana, que pone al descubierto la intervención de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) en el conflicto estudiantil de aquel año y su interés porque el Ejército asumiera el poder en México.

Documentos e imágenes inéditas de esa época confirman, en el trabajo del cineasta Carlos Mendoza, la intromisión del gobierno de Estados Unidos en la política nacional, la cooptación de funcionarios y militares mexicanos por la CIA, así como el desarrollo de una estrategia propagandística encaminada a hacer creer que en nuestro país se gestaba una “revolución comunista”.

El documental 1968 La conexión americana, es particularmente ilustrativo del rol que desempeñaron entonces el embajador estadunidense, Fulton Freeman; el director de la CIA en México, Winston Scott, y otros integrantes de esa agencia, quienes además tuvieron participación en la ejecución de golpes militares en naciones de América Latina, como Guatemala, Perú y Brasil, en los años 60.

Las evidencias recogidas en la cinta destacan, como punto de partida, un artículo periodístico publicado en junio de 1967 en la revista U.S. News & World Report, donde el editor advierte que en México se preparaba una nueva revolución de corte comunista, la cual sería apoyada por la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), China y Cuba.

Con tal antecedente, el 18 de mayo de 1968, es decir dos meses antes del inicio de la revuelta en México, el director de la FBI, Édgar Hoover, declaró que grupos comunistas estaban preparando actos subversivos. Todo esto, además, en el contexto de los 19 Juegos Olímpicos.

Así, desde el inicio del conflicto estudiantil, tanto el gobierno mexicano como el estadunidense alimentaron en los medios de comunicación de la época, la falsa idea que de detrás de las protestas estaban agentes del comunismo internacional con sus aliados mexicanos.

Pero lo que el documental sí demuestra es que fueron reclutados por la CIA, los presidentes Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, así como Antonio Carrillo Flores, secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno de Díaz Ordaz; Fernando Gutiérrez Barrios, jefe de la Dirección Federal de Seguridad; Joaquín Cisneros, secretario particular de Díaz Ordaz; Emilio Bolaños, sobrino de Díaz Ordaz, y Humberto Carrillo Colón, agregado de prensa de la embajada de México en Cuba.

Inclusive, varios de ellos son identificados dentro de la red de informantes que Winston Scott creó desde 1956 en México y a la que denominó Litempo.

En 1968 La conexión americana, se menciona que agentes de la CIA como David Sánchez Hernández, Poter Goss, Barry Sill, Guillermo e Ignacio Novo Sanpol, así como Virgilio Rodríguez y David Philps, habrían realizado labores de desestabilización en México, ya que existen evidencias de que estuvieron en el país antes de que ocurriera el movimiento estudiantil. Además, todos ellos se vieron involucrados, asimismo, en golpes militares en naciones de América Latina.

Incluso se demuestra que cuatro días antes de la masacre de Tlatelolco, el jefe de la CIA, Richard Helms, estuvo en México, y que el embajador Fulton Freeman, le dijo al entonces secretario de la Defensa Nacional, el general Marcelino García Barragán, que contaba con el apoyo del Departamento de Estado de su país para que declarara un estado de sitio la madrugada del 3 de octubre de 1968, lo que aquél habría rechazado de manera rotunda.

A lo largo de los 60 minutos del documental se presentan informes en los que el jefe de la representación diplomática anticipa con precisión, en sus reportes a Washington, las acciones que el gobierno de Díaz Ordaz pondría en marcha para acabar con la revuelta estudiantil.

En todos los casos, una coincidencia fundamental entre los funcionarios estadunidenses, presuntamente involucrados en la represión estudiantil, y los altos mandos militares mexicanos, como los generales Luis Gutiérrez Oropeza, jefe del Estado Mayor Presidencial; Alfonso Corona del Rosal, regente del Distrito Federal; Mario Ballesteros Prieto, jefe del Estado Mayor de la Secretaría de la Defensa Nacional, y el entonces coronel Manuel Díaz Escobar, era su acendrado anticomunismo.

Esos militares, además, han sido identificados no sólo como creadores de grupos de choque; también se les ubica como piezas importantes en actos de provocación contra los estudiantes antes de la noche de Tlatelolco y particularmente en la represión del 2 de octubre de 1968.

Las hipótesis documentales son corroboradas y analizadas por especialistas como el académico de la UNAM, John Saxe Fernández; la historiadora Ángeles Magdaleno Cárdenas, y la directora del archivo Gregorio Selser, Beatriz Torres; el periodista Jorge Meléndez Preciado, así como por el ex agente de la CIA, Philip Agee.

Sin duda, 1968 La conexión americana se convertirá desde ahora en fuente imprescindible para todos aquellos interesados en llegar a la verdad histórica en los sucesos de hace cuatro décadas. Esto queda manifiesto en su riqueza iconográfica y documental y en el rigor de las fuentes consultadas.

 
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