Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 28 de septiembre de 2008 Num: 708

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Las novelas del corazón
EDITH VILLANUEVA SILES

Ceniza del verano
NIKOS-ALEXIS ASLANOGLOU

Vida y poesía de Umberto Saba
RODOLFO ALONSO

Poemas
UMBERTO SABA

La librería de Umberto Saba
MARCO ANTONIO CAMPOS

La utopía de la Raza Cósmica
ALBERTO ORTIZ SANDI

El bardo poligenérico
RICARDO VENEGAS entrevista con RODOLFO HINESTROZA

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Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Poemas

Umberto Saba

Para un niño enfermo

En la casa paterna
tú rondabas silencioso
como un gato.

Sabías el nombre, pero
no la realidad del dolor.
Separado de tus comapañeros
en tus mejillas afiladas
palidecían las rosas.

Nacido de mi alma,
flor de la vida,
niño amigo.
Es tuya esta última
lágrima mía
que no puedes ver.

Vesión de Hugo Gutiérrez Vega
 

La cabra

Hoy le he hablado a una cabra.
Sola estaba en el prado, estaba atada.
De hierba harta, bañada
por la lluvia, balaba.
Aquel balido igual era fraterno
a mi dolor. Y respondí, primero
riendo, después porque hay dolor eterno,
tiene una voz, no cambia.
Sentía esa voz
gemir en una cabra solitaria.
En una cabra de rostro semita
sentía quejarse a cualquier otro mal,
a cualquier otra vida.

Palabras

Palabras,
donde el humano corazón se reflejaba
–desnudo y asombrado– en los orígenes; un rincón
busco en el mundo, el propicio oasis
para limpiaros con mi llanto
de la mentira que os ciega. Junto
con los recuerdos espantosos el cúmulo
se disolvería, como nieve al sol.
 

Boca

De la boca
que primera en mis labios
puso el rosa del alba,
todavía
expío el perfume en bellos pensamientos.

Oh boca juvenil, boca querida
de atrevidas palabras y que eras
tan dulce de besar.

Ventana

El vacío
del cielo sobre el color de purgatorio
de las tejas. Detrás, la maternal
línea de las colinas; la cuesta abajo donde
de las cornisas del teatro bajan
palomas; reverdece
un árbol que poca tierra nutre;
estatuas llevan alados en la lira;
niños con caprichosos gritos andan
corriendo.

Entelo

Para una mujer lejana y un muchacho
que me escucha, celeste,
he escrito, yo viejo, estos
poemas. Lo recuerdo,
como apacible en mí vuelvo a pensarlo, antiguo
púgil. Entelo era su nombre. Venció
la última vez en los borrascosos juegos
de Eneas, junto a las amenas
playas de Sicilia, huésped de Anceste.
Blancas se perseguían sobre las olas
espumas que en alta mar eran Sirenas.
Un corazón gallardo era y era un sabio.
“Aquí”, dijo, “los cestos, y aquí el arte depongo.”

Amé

Amé palabras simples que ni uno
osaba. Me encantó la rima flor
amor,
la más antigua difícil del mundo.

Amé la verdad que yace en lo hondo
como un sueño olvidado, que el dolor
amiga redescubre. Con miedo el corazón
se le aparea, y ya no lo abandona.

Te amo a ti que me escuchas y a mi buena
carta dejada al final de mi juego.

Ulises

Desde mi juventud he navegado
junto a las costas dálmatas. Islotes
a flor de agua emergían, donde raro
un pájaro acechaba atento a presas,
cubiertos de aguas, resbalando, al sol
bellos como esmeraldas. Cuando la alta
marea y la noche los cegaba, velas
a sotavento más caían al mar,
para huir de su insidia. Hoy mi reino
es su tierra de nadie. A otros el puerto
encendía sus luces; a alta mar
empujé todavía el bravo espíritu,
y de la vida el doloroso amor.

 

Selección y versiones de Rodolfo Alonso

 

Cuentito

Devastada la casa,
la casa arruinada.
Mil y una noches no la habitan ya.

Como un jardín su verde Alepo
una tierna madre recordaba.
Acogía a las amigas, palpitaba
por el hijo inquieto. Y el café
ofrecía, en tacitas, a la turca.

Devastada la casa,
la casa arruinada.
Mil y una noches ya no acoge.

La arruinó desde el cielo
la guerra,
en tierra
la devastaba el alemán. Lloraba
la gentil las suyas propias y las humanas
miserias. (No podía odiar.) El hijo
huyó a los montes, allí encontró a un querido
amigo suyo, con él jugó su vida.

Eran caros amigos, se maravillaban
recíprocamente, exageraban
un poco envidiosos, mujeres amores.
Eran caros amigos cuando romper
tú los veías horrorizado a golpes:
un mulo y un antílope.

Devastada la casa,
la casa arruinada.
Pero los dos muchachos viven todavía;
Vivas aún, un poco encanecidas, las madres.

Mediterránea

Pienso en un mar lejano, un puerto, ocultas
calles de aquel puerto; como en un día allí estaba,
y aquí estoy hoy, que a los dioses las palmas
implorantes elevo, no quieran castigarme
por una última victoria que suplico
(pero, por dulce, rige el corazón apenas);

pienso en sirena oscura
–beso ebriedad delirio–; pienso en Ulises
que allá abajo se alza de un triste lecho.