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José Cueli

El llanto de La llorona

De nuevo La llorona, impregnada su imaginación de una intensa melancolía, lanza una tempestad de tinta desleída sobre el sureste mexicano.

La llorona, vieja conocida de los moradores de este país, suelta en el sureste riadas de destrucción, mientras los rostros se humedecen de llanto y el alma de los damnificados se inunda de congoja.

La llorona en estos nublados días, con cielos encapotados, nos parece más honda, más negra, más dramática, tanto más cuando el agua, intempestiva y cruel, barre y destruye todo lo que encuentra a su paso. Todo parece llanto en gotas negras semicirculares, delineadas alrededor de sus ojos negros resaltando sus hondas pupilas sin exageraciones ni engaños, recreando lagos y ríos anegados de dolor, abandono y olvido.

Vivir oscuro, sin deseos, sin combinaciones, tan sólo angustia y desesperanza, sin que nadie se percate de nada, todos enlodados detrás de un “no se qué”, allí donde el soplo vital se extingue lentamente.

Después de mirar el conjunto del sobrecogedor cuadro resulta imposible reproducir con palabras lo visto y menos aún describir la desesperanza, tan sólo afloran descoloridos balbuceos, emociones sin posible conexión con las ideas que chocan con las desgarradoras imágenes que nos impactan y nos paralizan la razón, debido al sentimiento que provocan. La impresión de la muerte y la desesperación acechando esas comunidades es consternadora.

Las embestidas de La llorona y su amenaza aún no cesan y se ciernen sobre escombros y sombras con su estela de dolor.

Las aguas, con su desmedida voracidad siguen amenazando, la situación es aún crítica, y la incertidumbre y la zozobra aumentan proporcionalmente a la desesperación. Nos preguntamos cómo podrán enfrentarse las consecuencias de este desastre ante la grave situación que afecta el país en todos los ámbitos.

La realidad es que nos “llueve sobre mojado”. Este desastre se nos presenta cuando los mexicanos vivimos amenazados por todos los frentes. Crisis económica severa, inseguridad extrema, una violencia desmedida que acumula 3 mil 300 muertes en lo que va del año, y ahora hasta narcoterrorismo.

El panorama nacional pinta más negro que las ojeras de La llorona y sus lamentos se unen a la de millones de mexicanos que en la desesperanza extrema languidecen y se desesperan sin ver la luz al final del túnel. Todo se tiñe de incertidumbre y zozobra y aparecemos en los diarios del extranjero como una noticia preocupante en extremo con las patéticas imágenes de los cadáveres que se producen una y otra vez en los meses recientes. Ni qué decir del atentado terrorista de Michoacán.

Apenas abiertas las heridas de muchos de los miles de secuestrados con el lamentable y sonado caso de la familia Martí, sobreviene el hecho del 15 de septiembre, mientras aún el miércoles por la noche veíamos las imágenes de un secuestrador que escapó impunemente del hospital de Xoco, en tanto una de sus víctimas se encontraba aterrada al saber el peligro que en estas condiciones lo acechan a él y su familia.

Con la poca energía que nos resta y la desesperación que nos embarga, decimos todos los mexicanos ¡Ya basta!

 
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