Usted está aquí: lunes 6 de octubre de 2008 Opinión Panglós contra Jeremías

León Bendesky
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Panglós contra Jeremías

Los mercados financieros en Estados Unidos están prácticamente paralizados: el papel comercial que emiten les empresas no se compra ni se vende y hay grandes problemas de refinanciamiento de las deudas que están por vencerse en los próximos meses; no hay acceso al crédito de corto ni de largo plazos; el mercado interbancario, que es esencial para que funcionen las instituciones financieras, ha cesado de funcionar. Los activos financieros y físicos, como ocurre con las viviendas, no tienen precios válidos en los mercados que están trabados.

Se advierten corridas contra los bancos. No sólo se retiran depósitos, sino también fondos de coberturas. Muchos bancos están en situación de extrema fragilidad y unos quiebran; centenares de empresas dedicadas a los préstamos hipotecarios han cerrado. Todos demandan la mayor liquidez posible para no comprometer más el valor de sus inversiones. La solución individual complica la condición general.

El multimillonario plan de salvamento propuesto por el gobierno en una segunda ocasión fue finalmente adoptado en el Congreso. Pero no es suficiente para frenar la crisis financiera. La Reserva Federal tendrá que inyectar miles de millones de dólares adicionales al sistema para tratar de que no se sequen por completo los mercados de crédito.

El Tesoro deberá separar los negocios malos de los bancos de los buenos, con lo que se quedará con los “activos tóxicos” de millones de hipotecas. La deuda pública crecerá con respecto al producto.

Y todo eso deberá restaurar alguna confianza en el sistema financiero, precisamente cuando la confianza es el bien más escaso y se eleva su precio. Por eso es que ahora no hay crédito y nadie se puede mover.

La situación es grave. Hay, por supuesto, fuertes implicaciones políticas respecto a cómo se llegó a esta situación. Ya se verá cómo se procesan. También las hay hacia delante y marcarán la acción del gobierno de Bush para superar la crisis y qué hará el nuevo en unos meses.

La estructura financiera y el sistema de crédito han cambiado de manera completa. Además, la presión crecerá sobre la actividad productiva como se ve en el caso de la industria automotriz, y se complica con pérdida de empleos.

El recuento de estos hechos parece la crónica de la versión dramatizada que hizo por la radio Orson Welles en 1938 de La guerra de los mundos, de H. G. Wells. Pero ésta sí hay que creerla.

La visión triunfadora del orden neoliberal y neoconservador –salida de Washington– de que el mundo tal como ella la ofrecía era el mejor posible, está acabada. Panglós ha sido derrotado y a cambio muchos proponen la versión de un Jeremías.

Ya se verá en qué situación queda todo esto, pero las repercusiones se van a extender por mucho tiempo.

Los efectos de la crisis se transmiten a lo largo del sistema financiero. En Europa ya hay bancos, hipotecarias y aseguradoras en serios problemas, y empezó la intervención de los gobiernos. Los miembros de la Unión Europea han decidido no actuar de manera conjunta, sino sólo coordinada. La incertidumbre es cada vez más grande. Japón se contagia. Falta aún por ver cómo se afectan las economías en desarrollo y si resisten China e India.

Las evidencias de la crisis deberían hacer saltar aquí como por un toque eléctrico a la Secretaría de Hacienda y al Banco de México. El secretario Carstens conduce su ministerio en automático. Eso fue lo que dejó ver con el Programa Económico para 2009 que mandó al Congreso el 8 de septiembre. Las proyecciones del comportamiento de la economía para el cierre de este año y para el siguiente no tenían nada que ver con lo que está pasando en Estados Unidos y de cuya economía es tan dependiente la nuestra.

En los Criterios Económicos se propuso una tasa de crecimiento del producto de 2.4 por ciento este año y de 3 en 2009, con un aumento del consumo privado de 2.9 y 3.1 por ciento, respectivamente; para las exportaciones, tasas de 3.4 y 6.3 por ciento, y para la inversión privada 3.7 y 5.6 por ciento. En el campo financiero se proyectaban tasas de inflación de 5.5 por ciento en 2008 y 3.8 en el entrante; las tasas de interés al final de cada año en 8.2 y 8 por ciento y el tipo de cambio en promedios anuales de 10.4 y 10.6 pesos por dólar.

Hay en todo eso cuando menos una sobre valoración de la fortaleza actual de la economía mexicana y de su capacidad de resistencia. Éste es, sin duda, un asunto que conviene discutir ampliamente y pronto sobre las perspectivas económicas. Igual debe hacerse con la gestión monetaria y cambiaria del banco central.

En todo caso, Hacienda anunció que mandará otro proyecto económico a los legisladores que tendrán que tomarse su trabajo bastante en serio y junto con el gobierno de Calderón ver más allá de las tentaciones electorales de 2009.

Carstens tendrá que revisar el modo de conducir de su dependencia y no vaya a ser que al cambiar de velocidad se atasque el embrague. Aquí también ha prevalecido por largo tiempo el ánimo de Panglós y no se trata de pasar sin cortapisas al escenario de las calamidades de tipo Jeremías. Lo que no se puede posponer es definir alguna estrategia y definir los márgenes de acción que realmente existen.

 
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