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■ Confiamos en que las autoridades no nos digan después que “afeamos el barrio”

Habitantes de La Merced temen ser expulsados por remodelación

■ Se pretende crear una zona súper exclusiva, dicen

■ El acoso en algunos puntos ya empezó

Rocío González Alvarado (II y última)

Ampliar la imagen Imagen de la calle Santa Escuela, en el perímetro de La Merced, en donde se mezclan historia y modernidad Imagen de la calle Santa Escuela, en el perímetro de La Merced, en donde se mezclan historia y modernidad Foto: Roberto García Ortiz

Acostumbrados a vivir desde su infancia en medio de vetustos inmuebles, la mayoría de ellos catalogados como monumentos históricos o artísticos, residentes del barrio La Merced temen que la remodelación del Centro Histórico y su promoción como polo turístico aniquile el uso habitacional que aún se conserva en la zona.

“Sólo le diría a las autoridades que cuando concreten los corredores turísticos y culturales, no nos quiten, no vaya a resultar que después de tanta inversión, cuando estos predios estén muy cotizados, nos digan que afeamos la zona”, expresa don Javier Roca, oriundo del barrio y uno de los más destacados comerciantes de frutas y legumbres en la época de mayor bonanza.

Alto y corpulento, de piel morena, que denota su origen, el de la costa de Veracruz, de donde emigraron sus padres a la ciudad, recuerda que le tocó vivir la debacle de La Merced cuando los obligaron a trasladarse a la Central de Abasto.

“Fue un 20 de noviembre, generalmente para las fiestas cívicas se acordonaba la zona y no dejaban entrar o salir camiones, ya estábamos acostumbrados, pero en ese año hicieron el cordón y ya no lo quitaron. Automáticamente a todos los cargueros los mandaban a la Central de Abasto, a la fuerza. Tan es así que hubo enfrentamientos”, relata.

El cambio fue tremendo, agrega don Javier: “las calles parecían bombardeadas, hicieron zanjas por todos lados para impedir el paso de vehículos, todas las cortinas de los comercios estaban abajo, pero de la inconformidad de la gente nada salió en los periódicos, todos decían que estábamos de acuerdo. No queremos que esto ocurra de nuevo”.

Y expresa su temor: “ahora nos dicen que se busca retomar el uso habitacional del centro, pero creando una zona súper exclusiva, a la que no será fácil acceder. Se intenta atraer a artistas, a intelectuales, a un grupo de elite en el que a lo mejor el que ha estado luchando por conservar su barrio simplemente no tenga cabida”, anticipa.

De hecho, para algunos habitantes de la zona como la señora Laura López, el acoso hacia los residentes ya comenzó en calles paralelas a la de Pino Suárez hacia Anillo de Circunvalación, las cuales comenzaron a ser remodeladas.

“Se les olvida que todavía hay gente pobre viviendo aquí, saben que nuestros edificios no tienen estacionamiento y aunque no estamos sobre vías primarias, se llevan los vehículos, cuando para muchos es una necesidad. Tengo a mis papás enfermos, para mí es importante tener el coche, nos endrogamos para comprarlo, no es posible ahora este abuso de autoridad”, reclama.

A los nativos que crecieron entre festejo y festejo en las parroquias del lugar, dice: “nos ha tocado vivir con estos cambios otro momento histórico para el barrio, pero otra vez en la incertidumbre, porque se habla de rescatar inmuebles, pero en este que habitamos, catalogado por el INAH por ser Art Decó, vamos al Instituto de Vivienda del DF y nos dicen que no hay presupuesto”, afirma.

La desconfianza de los habitantes de este barrio no es del todo disparatada. El urbanista e investigador del IPN, Ricardo Tena, advierte que existe una tendencia mundial en la conservación de áreas patrimoniales, de hacer “zonas museos”, que se caracterizan por ser higiénicas, bonitas y sin pobres.

Pero de aplicarse en el Centro Histórico de la ciudad, advierte, sería contraproducente, porque a la larga resulta más caro el mantenimiento y se desestimula la cohesión social. “Qué bueno que lleguen los turistas, nadie está peleado con ellos, pero que esto no sea pretexto para sacar a la gente de ahí o de desestimular actividades que tienen un gran arraigo”, puntualiza.

 
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