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Marco Rascón
marcorascon@alcubo.com

Drogas y recesión

Primero te la ofrecen por teléfono. Tú les dices que no y cuelgas. Ellos insisten a toda hora diciéndote que te la entregan en tu domicilio o en el lugar que tú les digas.

Un día, acosado por los problemas, la tensión, las presiones… aceptas, pero adviertes que sea poco. Contigo mismo, haces el compromiso y tomas la decisión de sólo probarla cuando estés presionado y en pequeñas cantidades. Lo cierto es que te gusta, te sentiste más aliviado y te diste cuenta de que no te hizo mucho daño… un poco cansado por la euforia, pero sólo eso.

Con un poco más, no pasa nada y ellos ya dejaron de molestarte (por el momento). Tu vida ha empezado a cambiar y te das cuenta de lo importante que ha sido para ti el consumo: ahora sientes cosas que antes no sentías; tienes nuevas sensaciones, te sientes, cómo te diría… más ligero, activo, y te parece que los que te advertían antes y ahora no saben de lo que se pierden. Ahora me río, me suelto y no tengo que dar cuentas a nadie; bueno, es relativo, porque me doy cuenta de que se me está acabando lo que me dieron al principio y por ahí me mandan un recado para que les dé algo, lo mínimo, o si no, no me dan más.

Vuelven a llamar y me ofrecen otra, pues ya empezaba a sentir presión y falta de seguridad. Reconozco que me hice aprensivo, pero sólo al recibir el paquetito sentía alivio y bajaba la tensión, regresando al estado eufórico del principio, aunque por tiempos más cortos. Ahora te ofrecen de todo y que les pagues de a poquito.

Así nos enganchan, pues. Luego, cuando más la necesitamos, te empiezan a presionar y a dejarte recados a toda hora, en la madrugada, en la tarde, la noche. Se enteran de tus teléfonos, de la casa, del trabajo y el celular, y te vuelves contradictorio, pues por una parte quieres más, la necesitas y ya no te importa nada, y por otra, cuando contestas, te ofrecen más y otras te amenazan, primero, con ellos mismos y luego diciéndote que darán el encargo a otros y esos sí son muy malos y no sobrevivirás a su manera de cobrar.

No lo reconoces, pero ya eres adicto y no puedes vivir sin ella. Estás comprometido y buscas desesperadamente ingresos para pagar, y ahora a los viejos problemas se suman los nuevos. En la calle andas temeroso, en todos los lugares te rechazan y ahora andas pidiendo a otros, porque a ti te presionan, no dándote y a la vez exigiéndote que les pagues. Las amenazas suben de tono, les dices que mañana, la otra semana les pagas y les pides que te den un poco más, pues sin ella ya no funcionas. Llegan otros y te dan, pero ahora tú quieres cambiar tu deuda y te pones a vender un poco de lo que te han dado y te das cuenta de que no hay que consumir todo, sino que hay que vender, y así empiezas a trabajar para ellos, y todo empezó cuando un día levantaste el teléfono y las presiones te hicieron aceptar.

El gobierno sabe en la que estoy metido, pero en vez de ayudarme a mí y rehabilitarme, los protege a ellos y a mí me criminaliza. El gobierno sabe dónde están y quiénes son ellos; conoce a los que me amenazan y saben las consecuencias de mi adicción.

Hoy tengo ocho tarjetas de crédito, que no sé cómo voy a pagar. Ya no contesto el teléfono, veo los emails y los borro, pero luego no me dejan morir y me ofrecen más y más.

No hay duda: éste es un país que vive de las drogas y los que me llevaron a esto hoy me amenazan con el terror, con unos sujetos tipo zetas, llamados El Buró, de hacer públicas mis adicciones y acabar con mi prestigio para siempre. Ellos tienen sucursales, en el Golfo, en el Pacífico, Tijuana, Ciudad Juárez, Matamoros, en la capital, y somos ya millones endrogados, atados a su cartera vencida, hacinados en sucursales. ¿Podemos vivir sin drogas?

La recesión

La palabra “crisis” ha sido sustituida por recesión. Ya no saldremos de la crisis, porque no hay, sino de la recesión.

Ella sólo significa que todo se volverá más lento y esto producirá agobio, tensión. En la recesión del 29 en Estados Unidos, muchos se tiraban desde las ventanas, cuando se les acumularon las drogas o los capitales se les esfumaron de un día para otro por la caída de los valores de sus riquezas y hasta levantaron la prohibición de la venta y consumo de alcohol. Esto hizo de golpe nuevas riquezas.

Hoy aquí en México, nuestro gobierno, como política contra la recesión, prohíbe el consumo de tabaco, cuando en los bares y cafés más se necesita hablar; hace obras y pone cemento a diestra y siniestra sin que sepamos si son necesarias. El país inundado, miles son decapitados y ejecutados como tarea de los malos para acabarse ellos mismos y las mentiras públicas son el recurso más importante para mantener el país a flote y con estabilidad. ¿Cómo será México si alguna vez salimos de la recesión, las mentiras y las drogas?

 
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