Usted está aquí: miércoles 8 de octubre de 2008 Economía Califican de simulación el código de autorregulación en publicidad

■ Es insuficiente para detener impacto negativo en la alimentación

Califican de simulación el código de autorregulación en publicidad

Julio Reyna Quiroz

Un código de autorregulación en publicidad, firmado hace dos semanas por empresas de alimentos industrializados y anunciantes, es una “simulación” y será insuficiente para detener el impacto negativo de los anuncios sobre los malos hábitos alimenticios de los niños, además de que permite a las compañías seguir abusando de la “inexperiencia y credulidad” de los menores, coincidieron este martes legisladores, académicos y organizaciones defensoras de los derechos del consumidor.

El código “no aporta nada que no esté previsto en las leyes mexicanas y es demasiado permisivo. Va en contra de los criterios de interpretación de no abusar de la buena fe de los niños”, acusó Fernando García Sais, especialista en publicidad y catedrático en derecho del consumidor en el Instituto Tecnológico Autónomo de México, en conferencia de prensa junto con dirigentes de organizaciones no gubernamentales y dos diputados, uno del PRD y una del PAN.

El académico señaló las deficiencias del PABI (Código de Autorregulación en Publicidad de Alimentos y Bebidas Infantil), signado el 22 de septiembre y comenzará a operar partir de enero de 2009 bajo la vigilancia del Consejo de Autorregulación y Ética Publicitaria (Conar), conformado por los propios empresarios del sector.

El PABI fue promovido por empresas de alimentos industrializados y agencias de publicidad para propiciar hábitos alimentarios sanos en los niños y fue catalogado como un “esfuerzo paralelo” al gobierno para proteger a la infancia.

No obstante, el diputado federal perredista Alejandro Sánchez Camacho, denunció que las empresas actúan con una “doble cara” al organizar ese tipo de campañas, pero a la par cabildea en el Congreso para evitar la aprobación de legislaciones que prohíban la publicidad engañosa y la venta de alimentos chatarra en las escuelas.

El catedrático del ITAM argumentó que el PABI permite que los anuncios de comida rápida y otro tipo de alimentos ofrezcan premios u ofertas, y avala el uso de personajes ficticios o reales muy cercanos a los niños. Estos aspectos están prohibidos en otros países como España, cuyo código de autorregulación habría sido la base para dar forma al PABI, según los propios empresarios.

Criticó que el Conar funja como juez y parte en cualquier demanda de presunta difusión de publicidad engañosa, y que prescinda de autoridades como la Profeco o las secretarías de Salud y de Gobernación.

En el PABI, añadió, no existen sanciones económicas a las empresas que causen un daño con publicidad y mucho menos se trasparentan las resoluciones de la Conar; es decir, nadie puede saber a quién se sanciona, cómo y por qué.

En su oportunidad, el diputado perredista denunció el cabildeo de los empresarios para detener por lo menos la aprobación de 20 iniciativas legislativas tendientes a combatir la obesidad y el sobrepeso.

La mayoría de las propuestas, añadió, prohíbe la venta de alimentos chatarra en escuelas primarias, donde existe un “mercado cautivo con jugosas ganancias” de 20 millones de estudiantes, 80 por ciento de los cuales porta dinero para adquirir productos en las cooperativas.

 
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