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■ Al menos hasta diciembre habrá escasez de alimentos, dice asociación de agricultores

No hay razones para especular una situación de hambruna en Cuba: ministro de Economía

■ Es posible que los huracanes Ike y Gustav hayan dejado a la isla como en 1994, estima analista

Gerardo Arreola (Corresponsal)

Ampliar la imagen El paso de huracanes en Cuba provocó escasez de alimentos, encarecimiento de combustibles y la destrucción total de más de 63 mil viviendas y unas 444 mil con daños diversos; la imagen fue captada el 24 de septiembre en una zona devastada en Pinar del Río El paso de huracanes en Cuba provocó escasez de alimentos, encarecimiento de combustibles y la destrucción total de más de 63 mil viviendas y unas 444 mil con daños diversos; la imagen fue captada el 24 de septiembre en una zona devastada en Pinar del Río Foto: Reuters

La Habana, 13 de octubre. ¿Cuba está regresando a los durísimos primeros años de la década pasada, cuando estalló la crisis llamada “periodo especial”?

La pregunta aflora en la calle, impulsada por la escasez de alimentos, los pronósticos de que el fin de año será peor, el alza en algunos productos, aun antes de los recientes ciclones, y el súbito retroceso en el nivel de vida de cientos de miles de personas que por el desastre sufrieron fuertes daños o perdieron totalmente sus viviendas y sus bienes.

La respuesta es complicada porque hay que precisar semejanzas y diferencias entre ambas etapas. “Pero si hay que decirlo en pocas palabras”, dijo un analista que pidió no ser identificado, “es posible que estemos como en 1994 o 1995. No es así de exacto, pero el retroceso es de ese tipo”.

Según el más reciente informe de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), antes de los huracanes Gustav y Ike, la producción de alimentos había crecido en los primeros ocho meses del año en productos como la papa y la malanga (un tubérculo de gran consumo popular), la carne de vaca, de puerco y de búfalo, huevos y leche de vaca. Pero se había reducido en boniato y yuca (similares a la malanga), plátano, calabaza, pepino, maíz, arroz, frijol, cítricos y carne de aves, de conejo y de ganado ovino y caprino.

El desastre natural agravó violentamente la baja en la producción y la convirtió en escasez. El gobierno estimó daños en casi un tercio de los cultivos. En septiembre sólo salió a la venta la quinta parte de los alimentos que se ofrecían en agosto y así seguirá al menos hasta diciembre, indicó Adolfo Alvarado, del Buró Nacional de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, que reúne a cooperativas y campesinos privados.

Pero el ministro de Economía y Planificación, José Luis Rodríguez, precisó que el país sigue empleando sus reservas e importará este año más de dos mil millones de dólares en alimentos, por lo que “no hay razones para especular ni despertar expectativas sobre una situación de hambruna”.

Hasta ahora el gobierno ha mantenido la canasta básica, que se vende en forma racionada y a precios subsidiados, pero que alcanza para menos de una quincena. El resto del consumo mensual depende de varios tipos de mercados, todos reducidos a su mínima expresión. Como las siembras posteriores a los ciclones no se cosecharán antes de diciembre, todavía no se puede comparar el abasto con el de la década anterior.

Además de la escasez de alimentos, su encarecimiento durante el primer semestre y las alzas en otros productos, como los combustibles, la comparación con los orígenes del “periodo especial” surge por el impacto de los ciclones en la vivienda. Más de 63 mil casas se perdieron y más de 444 mil tuvieron daños diversos, lo que se suma al déficit anterior, que puede rondar las 400 mil unidades.

La gran diferencia entre ambos momentos es que, al derrumbarse la Unión Soviética, Cuba perdió de golpe casi todo su comercio y fuentes de financiamiento, incluyendo el suministro de petróleo, mientras que ahora tiene a Venezuela.

Cuba ha colocado en Venezuela la parte principal de su venta de servicios (médicos, deportivos y asesorías profesionales), que son su mayor fuente de divisas. De ese país recibe petróleo con facilidades financieras y el resto de su consumo sale de sus propios yacimientos. Además, para la isla un efecto favorable de la crisis mundial es la caída de los precios del crudo.

Fuera de esos componentes de su retaguardia económica profunda, que también incluye la venta de fármacos, los principales indicadores de la isla afrontan presiones: ha caído el precio del níquel (principal producto de exportación) y aún es incierto el impacto mundial en el turismo. Es previsible que el crecimiento de 2008 quedará por debajo del pronóstico oficial de 8 por ciento (medido con un añadido del valor de los servicios públicos).

Aunque el país lograra mantener su ingreso por servicios, cerca de 8 mil millones de dólares, según la Comisión Económica para América Latina (Cepal), sin considerar alguna merma por el turismo, sólo la diferencia de precios del níquel reducirá la captación por exportaciones (3 mil 800 millones de dólares, de acuerdo con la misma fuente).

En la columna contraria, Cuba tiene importaciones que el año anterior llegaron a 10 mil millones de dólares y una deuda externa de 8 mil 900 millones de dólares, según la Cepal, sin contar otra parte congelada del débito, de 7 mil 500 millones, en su mayor parte ante el Club de París, a lo cual hay que agregar por lo menos los 5 mil millones que muy conservadoramente (“a precios históricos”, dice el gobierno) pueden haber costado los huracanes.

En un año que ya el ministro Rodríguez había previsto con déficit en la balanza de pagos, queda claro que el flujo de caja será uno de los renglones más vulnerables de la economía cubana este año.

El país no está paralizado, como quedó a principios de los 90, por lo que el paralelismo con el arranque del “periodo especial” es una percepción subjetiva. Pero no hay duda de que el impacto de un retroceso económico lo siente la población a flor de piel. Lo que aún falta por conocerse es la estrategia oficial para salir del bache.

 
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