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Adolfo Sánchez Rebolledo

La maestra. Puntos suspensivos

Al faroleo de la impunidad se sobrepone la mentira. Alegarán que no hay delito a perseguir; que los sindicatos son autónomos, que si la ley no gusta, pues que se cambie. Gracias a razonamientos semejantes, la compra de conciencias (mediante Hummers y otras bagatelas), la manipulación del patrimonio de los trabajadores, formado por las aportaciones obligatorias que éstos entregan a la organización que debe representarlos y defenderlos, escapa a toda verdadera legalidad democrática, a la más mínima fiscalización y transparencia. Sin mecanismos que aseguren la rendición de cuentas a sus afiliados, el sindicato en México se convierte así en una enorme bolsa al servicio de los líderes, la cual puede ser utilizada a su antojo sin que eso implique corrupción alguna. Gracias a eso, el SNTE funciona como un poder dentro del Estado, autónomo, pero vicario.

Ganarse la lotería de la maestra es el premio a los más fieles, a esos que ya se preparan para demostrar su fuerza contra la movilización morelense y en defensa de la intocable Alianza por la Calidad de la Educación. Los que velan armas para 2009. Son ellos, los que inventaron la venta de plazas, las comisiones pagadas para hacer política, la improductividad como autodefensa, los agraciados que obtienen privilegios vitalicios de sus cargos sindicales, los que ahora dicen, rasgándose las vestiduras, tener la misión de borrar del mapa las pequeñas corrupciones, los usos y costumbres en torno a las plazas con la misión superior de aplicar un plan que sacará la educación del país del marasmo en que se halla. ¿Puede alguien creerles una pizca siquiera? El presidente, agradecido por los votos recibidos en 2006, compra a precio de oro el “oficio y el colmillo” que le vende la maestra. Pero las cosas no marchan en la educación nacional, como cualquiera puede constatarlo desde hace años.

Por lo pronto, se anuncian tiempos peores. A la represión contra los pobladores de Xoxocotla, Morelos, con la indefendible intervención del Ejército, se unen ahora las amenazas de la maestra envueltas en promesas, revelaciones sobre conjuras, chantajes a la autoridad, autoritarismo despojado de toda legitimidad, en fin, mitomanía instantánea tras el juego de imposturas: “¡Se me cebó, lástima!”, exclamó al conocer la respuesta de los maestros morelenses a sus ofrecimientos. Es el mismo guión de siempre. Sólo que esta vez la despiadada retórica de la maestra ha ido demasiado lejos (“no aprendí a ser reptil, me gusta ser ave, y de las plumas que se manchan, además”). En una alocución sin desperdicio, la jefa del SNTE responsabilizó del estallido magisterial (de Morelos) a la titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Josefina Vázquez Mota (que en previsible respuesta guarda silencio y cierra las puertas a toda negociación en espera del respaldo presidencial), y a los perredistas Graco Ramírez y Carlos Navarrete. Luego, según la crónica de La Jornada, advirtió: “el único ganón en una revuelta de este tipo es Andrés Manuel (López Obrador), y no sé si le convenga gobernar un país de escándalo” (sic). Para remachar diciendo: “no se vale que esos perredistas tan de izquierda, tan soñadores, se sienten con la secretaria de Educación a armar un movimiento en contra del sindicato.” Y ya en el delirio informó que el narcotráfico “penetra los movimientos de izquierda” y que en Morelos “se registra que estaban las Fuerzas Armadas de Liberación de Colombia (sic) y gente de Hugo Chávez”. Así, de un plumazo, la maestra define el cuadro como el comienzo de una revuelta movida por intereses ocultos pero de suyo reprimibles. Mucho ojo. Para final de fiesta ya es mucho, incluso tomando en cuenta los niveles de aguante de la opinión pública mexicana, acostumbrada a que los políticos jamás prueben sus dichos. Bajo la bandera de la libertad de expresión se redita el tópico del “peligro para México” que los llamados a la “unidad nacional” lo hacen aún más visible.

A la vista de lo que está en juego, el momento nacional resulta deprimente por donde se le vea. La Presidencia no reacciona; habla mucho, pero elude atender los problemas dialogando con las partes interesadas. El tiempo se le escurre entre las manos y no se ve la luz en el túnel. Los cambios no llegan. La “normalidad” hace aguas. En esas condiciones, la gente común, atribulada por la situación de violencia y crisis, busca dónde ponerse a salvo, pero las respuestas no llegan y la desesperación aumenta. La izquierda, por desgracia, practica el viejo juego de la división que tan bien conoce y despilfarra su fuerza, mientras otros sonríen con una mueca de cinismo y desprecio esperando que la pieza caiga de nuevo en sus redes. Una chispa puede incendiar la pradera, decía un clásico. Y quemarnos a todos, añadió el otro.

Es hora de exigir al gobierno federal que asuma su responsabilidad, escuche todas las voces y ponga sobre el tapete del diálogo y la reflexión nacional la Alianza por la Calidad de la Educación. El otro camino lleva a la represión, a la parálisis, a una incierta tierra de nadie donde nadie gana. Estamos a tiempo de atender el llamado de Morelos.

 
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