Usted está aquí: martes 21 de octubre de 2008 Opinión Entre Luvina y Pénjamo

Vilma Fuentes
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Entre Luvina y Pénjamo

El festival Belles Latinas, organizado por Januario Espinosa y Olga Barry, invita en diferentes ciudades de Francia a escritores latinoamericanos para presentar sus obras al público francés. Hoy, la moda es multitudinaria. Como todo mundo es escritor o, más bien como cada individuo cree necesario publicar un libro, un cuadernillo, un opúsculo, un catálogo, un prospecto, un tract, los invitados eran numerosos. Tarea imposible para los organizadores y el público: entre lo mejor y lo peor, ¿qué lector puede no perderse en esa selva?

Al tomar el tren para Lyon, eramos dos viajeros: Sami Tchak, un hombre muy simpático, nacido en Togo, quien escribe en francés, un extranjero extraño, como él se califica, y yo. Su novela, Filles de Mexico, sucede entre México y Colombia. Salimos para St-Etienne, donde nos recibió Christian Roinat, profesor en la universidad, ante una centena de estudiantes que nos escucharon durante dos horas. Después, nueva presentación en la mediateca.

Al día siguiente, salida a Roanne, ahora con Susana Lastreta, actriz, directora de teatro y quien escribe sus obras. Amable como Sami, me hizo el favor de cargar mi veliz, pues me dolía la cadera. Apenas una escala en Roanne, a pesar de que ahí está el famoso restaurante Les frères Trois Gros, tres estrellas de la guía Michelin, que señala “vale la pena el viaje”. Pregunté, ingenua, si íbamos a comer ahí. El presidente de la asociación que nos recibió (en Francia, los presidentes abundan, como en México los licenciados) se me quedó mirando como si le pidiera que me llevara a Marte. Nos condujo, de paso por Ambierle: “ya vamos llegando a Pénjamo, ya brillan allá sus luces”, a un gite rural: tres cuartos de huésped en un bosque desierto, con la excepción de dos vacas. Susana reía encantada viéndolas.

De ahí, nos llevaron a un banquete (los desplazamientos incesantes dan a la promoción de un libro el aspecto de una gira electoral), donde Susana y yo éramos la atracción de esa cena, cuyo derecho a participar debían pagar los aficionados. La organizadora invitó a éstos, el público, a leer sus poemas. Era necesario comprender, en ese momento, que si los escritores invitados eran ya demasiado numerosos, este número iba a volverse ilimitado. Se nos explicó que la meta es resucitar Ambierle, pues de 18 cafés queda uno y de habitantes quedan mil 800: los jóvenes huyen y no van quedando sino los viejos. Por la mañana del día siguiente, el recuerdo de Luvina, ese fascinante cuento de Juan Rulfo, se me vino encima cuando sentí los rayos del sol quemándome la piel en una calle en cuesta entre los muros enmohecidos de las casitas. No hay polvo, el aire es puro, la vegetación crece, pero el sentimiento de soledad, de aislamiento, de pueblo abandonado, es el mismo que sentí al leer Luvina.

En la cripta del museo, las personas escucharon atentas, rieron incluso cuando leí uno de los capítulos de Châteaux en enfer, la traducción al francés de Jean-Marie Saint-Lu de mi novela Castillos en el infierno. El cuento de Susana me hizo reír: la protagonista era una vaca. Entendí por qué reía al ver las vacas. Sorpresa: firmé numerosos libros.

De ahí, a Roanne, nueva presentation en un liceo, y nuevo desplazamiento.

En el anfiteatro de la Ópera de Lyon tuvo lugar una celebración con motivo de los 30 años de Actes-Sud, donde los libros y la literatura hallaron por fin su lugar. El eminente traductor, crítico y catedrático Claude Fell, sin duda uno de los mejores especialistas en la literatura de América Latina, analizó nuestros libros con lucidez y, al menos el mío, con una rara profundidad. De Erick de Armas, escritor “cub-belga”, como él se denomina, pues nacido en Cuba vivió en Bélgica, Fell hizo hincapié en el sentido del humor de su novela Elena est restée... et papa aussi.

Belles latinas es una experiencia difícil e interesante, inclusive si todos sabemos que el camino que conduce a la lectura será siempre el más misterioso de los viajes.

 
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