Usted está aquí: jueves 23 de octubre de 2008 Opinión México SA

México SA

Carlos Fernández-Vega
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■ Números buenos y malos de Pemex

■ Los cinco jinetes que la descapitalizaron y endeudaron

Si no hay cambios de último momento, hoy se concretaría la “reforma” a Petróleos Mexicanos, la cual habría privilegiado, dicen sus promotores, la propuesta del Frente Amplio Progresista, minimizado la priísta de Manlio Fabio y prácticamente enterrado la privatizadora de Calderón, que en los hechos fue cadáver desde muchos meses atrás, pero insepulto. Como saldría “por consenso”, de acuerdo con la versión oficial que circula en el Senado de la República, es de suponer que algunos perdieron, otros ni se enteraron, algunos más resultaron ganadores y todos contentos, tras una batalla que se prolongó por alrededor de ocho meses.

No se conoce el detalle de su contenido, salvo por algunas limitadas filtraciones, pero es de suponer que si políticamente la “reforma” alcanzó para todos y a todos sus arquitectos dejó tranquilos, la “solución consensuada” no parecería lo suficientemente sólida como para resolver la enorme cuan añeja problemática de la paraestatal, ni la creciente dependencia que las finanzas nacionales tienen del ingreso petrolero.

Pemex, aparentemente, sería liberado de ciertas cargas financieras para poder atender, así sea de forma parcial, sus requerimientos de infraestructura e inversión en áreas prioritarias como exploración y producción, pero hasta donde se sabe el asunto tributario no reportaría mayores modificaciones de fondo como para obligar a la heroica clase política a entrarle a un tema que sólo de mencionarlo les provoca terror ciego, a grado tal que lo evade un día sí y el otro también: la reforma fiscal integral, de fondo, que corte de tajo los privilegios para el gran capital, incremente el padrón de contribuyentes, combata la elusión y evasión, y obligue a pagar impuestos a quienes hasta ahora gozan de cualquier cantidad de “estímulos” en detrimento de la equidad tributaria y, obvio es, del país.

Allá por febrero del presente año, el inicio formal de la batalla por el petróleo, los promotores de la privatización aseguraban que la “reforma energética” (como la llamaban entonces) del inquilino de Los Pinos resultaba “tan buena” y de “tan larga mira” que con su aprobación “en dos décadas se superará lo hecho en 70 años” en materia petrolera. Desde entonces, discursos aparte, quedó claro que el verdadero reto para la nación era, es, arreglar lo que cinco gobiernos neoliberales dejaron de hacer en 26 años, y en este sentido queda la impresión –aunque hay que conocer el detalle de lo aprobado– que la “reforma” que hoy festejan por mucho queda corta para concretar dicho reto.

Por inanición, los gobiernos neoliberales (de Miguel de la Madrid a Felipe Calderón) pretendieron desaparecer a Petróleos Mexicanos, para vender la idea, como insistentemente intentaron, de que el cadáver estaba tan muerto que sólo su privatización le devolvería la vida a la paraestatal y la felicidad a los mexicanos.

El “no hay dinero” (para inversión, infraestructura, tecnología, exploración, etcétera, etcétera) se convirtió en lugar común en las cinco administraciones neoliberales, para justificar el deterioro financiero de la gallina de los huevos de oro negro y conducirla a la privatización, al tiempo que los cinco jinetes fortalecieron la descapitalización y el endeudamiento de la paraestatal hasta sacarle chispas. Algo les falló, porque el supuesto cadáver está más vivo que nunca a pesar de todos los intentos en contrario, que no han sido pocos.

Ahora, “de la nada”, como por arte de magia, “aparecen” los “guardaditos”, entre ellos unos cuantos miles de millones de pesos para construir una refinería, los que brotan del sombrero del mago con casi 30 años de retraso, los mismos que han transcurrido sin que ninguno de los cinco gobiernos invirtiera un solo peso en una planta de esas características, y los mismos, también, a lo largo de los cuales no dejaron de lamentar “lo mucho que estamos importando de gasolina y otros petrolíferos”.

En fin, mientras se conoce el detalle de lo que, se supone, hoy aprobará el Senado de la República, va un recuento de lo que en años recientes el “cadavérico” Pemex ha significado para las finanzas nacionales: de 1997 a 2007, los ingresos presupuestales aportados por el petróleo acumularon un monto equivalente a 70 por ciento del producto interno bruto a precios actuales. Casi 6.8 billones de pesos, de los que poco más de 4 billones (cerca de 60 por ciento) correspondieron al sexenio foxista, y 880 mil al primer año del calderonista. Entre ambos, gozaron de 73 por ciento de esos dineros, mientras apresuraban la zozobra financiera de la paraestatal.

Por impuestos, derechos y aprovechamientos pagados por la paraestatal durante el sexenio de Fox y el primer año de Calderón, el gobierno federal obtuvo casi 3.7 billones de pesos (a precios del año pasado). Sólo en 2007 el gobierno federal se quedó con 676 mil millones de pesos generados por Pemex, es decir el total de las ganancias más 16 mil millones que la paraestatal cubrió por medio de endeudamiento.

Esos los números buenos. Los malos: en igual periodo se desplomó la inversión programable en Petróleos Mexicanos (de 40 por ciento del total en 2000, a 2.8 por ciento en 2007 casi 15 veces menos en el periodo), a la par que los Pidiregas crecieron en forma explosiva (de 60 por ciento en 2000, pasaron a 97.2 por ciento en 2007). El resultado de tales prácticas lo resumió la Auditoría Superior de la Federación: “Pemex hipoteca sus ventas a futuro” para pagar ese esquema de “inversión”, y a estas alturas “no existen recursos monetarios o reservas líquidas para cubrir esas obligaciones”.

Lo anterior, en el contexto de los más elevados precios internacionales para el crudo mexicano y el mayor volumen de excedentes: más de 220 por ciento aumentó el precio de la mezcla de 2001 a 2007, dineros que bien a bien nadie sabe dónde quedaron. Cuando menos no en el fortalecimiento de Pemex.

Y para vigorizar el optimismo, no dejan de fluir las reservas internacionales para “defender” la moneda nacional. Pero algo falla: dicen que esos recursos se inyectan para frenar la caída del peso, aunque algunos insisten en que se destinan a ciertas empresas privadas para garantizarles el acceso a los dólares. Por los resultados, todo apunta a lo segundo. Ya quemaron alrededor de 12 mil millones en reservas, y la devaluación se ensancha: ayer, 14 de los nuestros por cada verde.

Las rebanadas del pastel

Si de magos se trata, allí está el secretario del Trabajo, Javier “el pianista” Lozano, quien en plena escalada inflacionaria, con el desempleo más alto del sexenio, el poder adquisitivo a pique y el PIB en igual sentido, aseguró ante diputados que “México está mejor preparado para hacer frente a la crisis financiera internacional, y prueba de ello es que se generan más empleos, hay menor inflación y la planta productiva está en activo”. El conejo del sombrero no dejó de reír.

 
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