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■ En un año se triplicó la participación en el Desfile de Alebrijes Monumentales

Coloridas quimeras recorren las calles del DF; generan sonrisas y admiración

■ Desfilan sobre ruedas, tirados por cuerdas o sobre los hombros agobiados de sus creadores

Arturo García Hernández

Ampliar la imagen El contingente de la zoología fantástica tardó más de dos horas en completar su recorrido sobre Paseo de la Reforma El contingente de la zoología fantástica tardó más de dos horas en completar su recorrido sobre Paseo de la Reforma Foto: Yazmín Ortega Cortés

Por segundo año consecutivo, extrañas criaturas de misteriosa procedencia invadieron algunas de las principales calles de la ciudad, sembrando a su paso sonrisas y admiración, entre la muchedumbre.

Fue el segundo Desfile de Alebrijes Monumentales que partió al mediodía de la esquina de 20 de Noviembre y República de El Salvador, rodeó el Zócalo y enfiló por 5 de Mayo y avenida Juárez hasta la Diana Cazadora en Paseo de la Reforma.

El año pasado fueron 37 las coloridas quimeras que ostentaron el ingenio y la destreza de sus creadores. Este año, el número de participantes –de acuerdo con los organizadores– llegó a 100. Y, a juzgar por la respuesta de la gente en las calles, es probable que el siguiente desfile registre otra explosión demográfica.

Expresión neta del arte popular mexicano, la zoología fantástica tardó algo más de dos horas en cubrir el trayecto. Unos sobre ruedas o tirados por cuerdas, otros empujados o en bicicletas diseñadas ex profeso, algunos maltrechos dejando algunas de sus partes en el camino e, incluso, varios iban sobre los hombros agobiados de sus creadores.

Desde los más espectaculares y sofisticados, hasta los más sencillos, todos recibían a su paso aplausos y aclamaciones de la entusiasta concurrencia, conformada en su mayor parte por familias. “¡Ay, qué bonitos!”, dijo una mujer recargando la cabeza en el hombro de su novio. “Ese está hermoso, hijo, ve, tiene dos colas además”, explicó una señora con su crío de la mano. “¡Exceleeeente, güey!”, le dijo una muchacha vestida toda de negro y maquillaje a granel, a su par masculino de mirada lánguida. “¡Oooorale que chido está esto!”, dijo el adolescente guasón que expresaba su admiración pitorreándose de todos los que pasaban.

Por delante de cada alebrije, iba una edecán con un estandarte en el que se leía el nombre de la criatura y de su progenitor.

Entre los que más llamaban la atención estaban Alebrijansen, Por si las moscas, La Caracola, El monstruo de mi vida, Viaje alegre al viento, Hermoso venenoso, La Pollodrila, El Jejele.

A partir de un sueño

El colectivo Uroborus, grupo de trabajo “surgido de las tripas del Faro de Oriente” trajo cuatro piezas, entre ellas Alebrijansen. Hace un año quedaron en segundo lugar, hoy – dice Hugo Peláez, “venimos por el primero.”

Hasta 45 personas trabajaron en las criaturas de Uroborus. Dice Peláez que desde 1996 hacen alebrijes: “empezamos a partir de un sueño, como Felipe Linares; soñamos que nuestra vida podía ser fructífera a partir de la imaginación.”

–Oiga, ¿el suyo qué es?–, preguntó un despistado al comparsa de una bestia mezcla de ave, pez, insecto, reptil.

–Pues un alebrije, ¿qué no ve?–, le respondió y siguió su camino.

Tras el desfile, los alebrijes permanecerán en exposición en ambas aceras de Paseo de la Reforma, entre el Ángel de la Independencia y la Diana Cazadora, hasta el 2 de noviembre.

El desfile de alebrijes es organizado por el Museo de Arte Popular (MAP), en colaboración con la Secretaría de Cultura del Gobierno del D. F., el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA) y la Asociación de Amigos del MAP, A. C.

 
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