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■ Su más reciente trabajo, en el Festival de Teatro de Calle, en Zacatecas

Por amor al arte, técnicos crean la magia en la calle

■ Levantan estructuras metálicas a grandes alturas para el lucimiento de los artistas

■ A veces tenemos que crear nuestras propias herramientas, dicen

Arturo Cruz Bárcenas (Enviado)

Ampliar la imagen El teatro de calle es en sí un gran truco de magia, en donde de la nada aparecen circunstancias y nosotros hacemos que aparezcan, dice Vicente Rodríguez, director técnico del festival. En la imagen, dos técnicos en lo alto de la tramoya usada para el montaje de la obra La Luna El teatro de calle es en sí un gran truco de magia, en donde de la nada aparecen circunstancias y nosotros hacemos que aparezcan, dice Vicente Rodríguez, director técnico del festival. En la imagen, dos técnicos en lo alto de la tramoya usada para el montaje de la obra La Luna Foto: Fátima Sánchez

Zacatecas, Zac. Construyen escenografías que parecen imposibles, del tamaño que sea, a la altura que la imaginación ordene, elevando toneladas a 40 metros, o más; meten cables en túneles donde corren ratas, o en las azoteas, entre el revuelo y corucos de palomas. Todo a contrarreloj, porque si no está a tiempo tal solicitud el programa sería un fracaso. Casi sin dormir, sin comer y por una paga exigua. Son los héroes vestidos de mezclilla y paño al cuello que trabajan cuando al finalizar un espectáculo el público está ya tomando un café o durmiendo.

Al otro día, los titulares en los periódicos hablan del logro, del éxito de tal o cual funcionario o equipo pensante, que ganan muchas veces más que todo el equipo de artífices de lo inmediato. Se repite la metáfora del faraón: él solito hizo la pirámide donde sus restos reposarán por los siglos de los siglos. Él solito.

En esta ciudad la infraestructura técnica y operativa para festivales y conciertos se ha hecho superando reto tras reto. Un ejemplo: en su reciente presentación en la Plaza de Armas de esta ciudad de López Velarde, Bob Dylan, leyenda viviente de la música moderna, ante la plaza rodeada de miles de zacatecanos pidió un helicóptero para llegar al escenario.

Otro artista, del que varios de los técnicos prefirieron no decir su nombre porque “es mejor así”, exigió una limusina para llegar al mismo escenario, pero comprendió que dado el trazo de las calles, un vehículo de esa naturaleza no podría dar la vuelta en varias esquinas.

El miércoles pasado, en la presentación de la obra de teatro de calle de gran formato llamada La campana, de la compañía inglesa Periplum, donde destaca el uso de fuego, los creativos llegaron inclusive sin pólvora, que no es cualquier pólvora, pues debía prender de cierto modo “y no tanto”.

En entrevista, Vicente Rodríguez, quien ha participado en los siete festivales de teatro de calle de la ciudad y en numerosos espectáculos y conciertos, y quien hoy es director técnico del festival en el Instituto Zacatecano de Cultura, expresó que el grupo Trans Express presentó el pasado sábado, en la inauguración del séptimo Festival de Teatro de Calle, un acto que requirió dos días y medio de trabajo.

Dos días y medio de trabajo continuo. “El espectáculo duró 55 minutos. Movimos equipos técnicos, estructuras, aparatos, vehículos. Todo para lograr la magia de 55 minutos.

“El teatro de calle es en sí un gran truco de magia, en donde de la nada aparecen circunstancias y nosotros hacemos que aparezcan. Los buenos festivales, los que progresan y se mantienen, se dan cuando trabajan el equipo técnico con el artístico de manera conjunta; es decir, cuando se trabaja incluso la cuestión institucional. Deben trabajar juntos, sobre todo en festivales complejos. Cada uno de estos lenguajes artísticos requiere una preparación particular. Hay espectáculos donde se habla, otros donde no; en otros se baila o se vuela; en algunos más se requieren aparatos.

“En un festival pasado tuvimos que elevar un tráiler para cambiarlo de posición, para introducirlo a un espacio de acceso imposible, pues había escalones. Usamos dos grúas en una maniobra muy delicada. Si una compañía no trae su producción se la tenemos que fabricar rápidamente.”

–¿Por qué aceptan trabajar en esas condiciones?

–Si hay una buena relación entre la parte institucional y la artística y operativa, todo funciona perfectamente. Cuando se desarticulan comienzan a surgir problemas que alguien debe solucionar. Eso regularmente lo hacen los equipos operativos, la gente que no duerme y que trabaja las 24 horas.

“Tenemos la experiencia de que aquí la gente –edecanes, tramoyistas, choferes, soldadores– lo hace con mucho cariño, pues quiere a su festival. En la cuestión técnica, para esta séptimo edición, están trabajando 50 personas; en la cuestión logística 250.”

Hay accidentes, “cosas sencillas, resbalones, quemaduras leves por la pirotecnia. A veces, por haber tanta gente, hay quienes no respetan las indicaciones y saltan las vallas, y éstas caen sobre las personas. Nada grave.

“Por las características de la ciudad es complicado usar vehículos de carga pesada. Se deben establecer operativos rápidos para detener el tránsito. Se realiza una reunión operativa interinstitucional y discutimos con las autoridades las propuestas para evitar contingencias. Tránsito maneja vialidad y la policía la seguridad.

“Claro que después de lo de las granadas en Morelia hay que extremar medidas de seguridad. Hay inseguridad entre el público para asistir a un espectáculo que se hace todo en la calle. Sin embargo, confiamos en que la cultura sea respetada. Se trabajó un operativo para estar al tanto.”

–¿En Zacatecas existen todas las herramientas que se han requerido?

–Siempre hay sorpresas y no siempre tenemos todo. El 25 por ciento del trabajo técnico operativo se resuelve utilizando herramientas no propias, sino alternativas. Iluminación y audio son básicos y son fáciles de conseguir, pero ciertos efectos no se han hecho en México. Lo tenemos que inventar. Para apagar la luz de la Catedral, para ciertos espectáculos, el control está dentro del mismo templo y tenemos que pedirle permiso al sacristán.

–¿El salario?

–A nivel nacional no hay mucha conciencia sobre la importancia del trabajo operativo. Los equipos hacen el trabajo más bien por amor al arte.

 
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