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El real y el peso: duro despertar

Problemas monetarios en Brasil y México

Ampliar la imagen El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, durante una alocución a principios de octubre en Sao Paulo, donde abogó por un tratado de libre comercio global, lo cual es uno de los principales pasos para evitar que la economía mundial entre en caos, expresó El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, durante una alocución a principios de octubre en Sao Paulo, donde abogó por un tratado de libre comercio global, lo cual es uno de los principales pasos para evitar que la economía mundial entre en caos, expresó Foto: AP

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Hasta la quincena pasada, América Latina había evitado a crise, como los brasileños la llaman. Pero ya no. La semana que comenzó el 6 de octubre, el real brasileño y el peso mexicano se desplomaron (ver gráfica), igual que las bolsas de valores. Durante la semana siguiente tuvieron una modesta recuperación. Sin embargo, la confianza en la reciente estabilidad de la región ha salido perjudicada.

Ambos movimientos monetarios fueron inesperados y violentos, y provocaron la intervención de los bancos centrales de ambos países. En sólo unas horas, México tuvo que invertir 10% de sus reservas en apoyar al peso. Algunos inversionistas extranjeros comenzaron a vender activos latinoamericanos para cubrir sus pérdidas en casa. Una vez que comenzó, el deslizamiento monetario suscitó un nerviosismo colectivo que hizo que muchos buscaran seguridad en el dólar. Esto sucedió luego de varios años durante los cuales México trabajó para crear confianza en la estabilidad de la libre flotación del peso. “Lamentablemente, no se puede evitar un reflejo desarrollado a lo largo de décadas de crisis financieras”, dice Damian Fraser, de UBS, un banco de inversión.

El deslizamiento del peso se agravó por la venta de contratos de derivados que habían sido lucrativos mientras la moneda era estable. Comercial Mexicana, una gran cadena de tiendas, perdió 4 mil millones de dólares (mdd) en instrumentos derivados y el 9 de octubre decidió acogerse a la ley de quiebras.

Algo similar pasó en Brasil. Entre las exportaciones brasileñas se cuenta una amplia variedad de materias primas, así que los inversionistas comenzaban a ver en el real un abanderado del crecimiento económico global. Cuando comenzó a caer, se dispararon las pérdidas en derivados, igual que en México. El Grupo Votorantim, conglomerado industrial de exportaciones, utilizó los derivados como cobertura. Y ganó alrededor de 2 mil millones de reales (924 mdd a la tasa de cambio más reciente) durante los años anteriores, mientras el real subía. Pero a principios de este mes el real se desplomó por debajo de la banda especificada en los contratos, lo cual desencadenó la ejecución de cláusulas penales. El 10 de octubre, la empresa anunció que había erogado 2 mil 200 millones de reales para liberarse de contratos problemáticos.

Una hipótesis es que los movimientos cambiarios fueron tan bruscos porque a los agentes monetarios se les dificulta obtener crédito, como a todos los demás, lo que ha reducido el volumen de transacciones. Sea como fuere, la confusión monetaria tendrá efectos económicos. Hasta hace poco los brasileños se preocupaban de que el rápido fortalecimiento del real restara competitividad a sus exportaciones. Ahora se preocupan por lo contrario. Una moneda más débil podría significar una inflación más alta, porque las importaciones se encarecen.

Los bancos centrales, tanto en Brasil como en México, han trabajado mucho para lograr credibilidad en su combate contra la inflación. El año pasado ambos elevaron sus tasas de interés. Es probable que lo hagan de nuevo, ya que la recesión mundial, y la baja de los precios de materias primas, reducen el ritmo de sus economías, o bien deberán abandonar sus objetivos de inflación.

Hasta el mes pasado, la mayoría de analistas esperaba un crecimiento de 4.5% en Brasil y de 3% en México para el próximo año. A partir de entonces han recortado casi punto y medio porcentual esas cifras. Aun así, esto no indica un auge, sino una desaceleración. En el caso de Brasil, es saludable, ya que la economía no puede satisfacer la demanda doméstica (que ha crecido 8% este año) sin una inflación más alta, señala Arminio Fraga, administrador de fondos y ex presidente del banco central.

Incluso antes del desplome monetario las empresas de ambos países resentían ya las restricciones crediticias. Los bancos habían dejado de renovar líneas de crédito para financiamientos comerciales. El banco central de Brasil intervino para otorgar financiamiento a exportadores.

Ambos países tienen experiencias recientes de pánicos financieros. En consecuencia, sus sistemas bancarios son sólidos y se administran de manera conservadora. Al menos esta vez la debilidad monetaria no debería tener efectos devastadores sobre las finanzas públicas ni propiciar temores sobre su capacidad para pagar deudas. En la actualidad, ambos gobiernos pueden tomar prestado de sus propias divisas. La pregunta permanente es cuánto tiempo durará este ataque de inestabilidad monetaria.

Fuente: EIU

Traducción de texto: Jorge Anaya

 
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