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■ Realizan la séptima versión de la única bienal europea itinerante en el mundo

Artista austriaca dedica videoinstalaciones a CU y el movimiento del 68, en Manifesta

Alejandra Ortiz (Especial para La Jornada)

Trentino-Alto Adigio, Italia, 29 de octubre. Una vez transcurridos 110 días desde su apertura (el 18 de julio), el próximo 2 de noviembre concluirá uno de los encuentros europeos más prestigiosos dedicados al arte contemporáneo: Manifesta, única bienal itinerante en el mundo.

Manifesta nació en 1996 gracias a la iniciativa de la Fundación Manifesta de Amsterdam, que dirige Hedwig Fijen, en un momento de profundos cambios geopolíticos en el viejo continente: la eliminación del muro de Berlín (1989), la formación de la Unión Europea (1993), el fenómeno migratorio.

Manifesta –en su séptima versión– ha sido montada no en una ciudad, sino, por primera vez, en una región: el Trentino-Alto Adigio, al noroeste de Italia.

La posición relativamente periférica a los mayores canales de difusión artística, unida a la potencialidad cultural de la región, determinó la elección del lugar.

Manifesta 7 se aprovecha de toda esta riqueza y propone un programa ambicioso: la exposición se distribuye en un área de 130 kilómetros cuadrados, en seis sedes, presentes en cuatro ciudades. Cada urbe tiene su propio curador, quien ha escogido un título y un tema específico: Rovereto: Adam Budak, Principio esperanza; Trento: Anselm Franke y Hila Peleg, El alma; Bolzano: Raqs Media Collective, El resto de ahora, y Fortezza, Scenarios, donde participan los tres equipos curatoriales.

Las obras, en su mayoría site specific, reflexionan en torno del alma y la sique europea, usando un lenguaje efímero, conceptual y poco espectacular. Abunda el art video, el social art, el documental art, las instalaciones, el performance y las obras sonoras.

Los artistas que participan son 180, muchos de ellos jóvenes en su primera experiencia internacional o provenientes de áreas geográficas lejanas al mainstream.

La artista austriaca Heidrun Holzfein, quien ha participado en exposiciones colectivas en México –Reflex/ Reflejo, en 2002– presenta en la Fábrica de Tabacos de Rovereto, con curaduría del polaco Adam Budak, dos videoinstalaciones dedicadas a México.

La primera, CU (Ciudad Universitaria, 2007), está compuesta por 120 diapositivas proyectadas por dos aparatos sincronizados. La instalación profundiza el interés de Budak, en calidad de curador, por analizar la relación entre el espacio público y la memoria privada. Las imágenes solitarias de los diferentes rincones de la arquitectura modernista de CU hablan de un espacio social vivo que con el tiempo ha colmado la memoria y la historia del lugar.

La segunda, México 68 (2007), hace de pendant con la anterior, la historia de CU; como espacio arquitectónico está íntimamente ligado a la sociedad. Los sucesos colectivos de nuevo se contraponen a los privados: cuatro monitores muestran ocho testimonios de militantes del movimiento estudiantil del 68: Carlos, Mercedes, Rodolfo y María Fernanda cuentan sus experiencias; cada uno saca a la luz el trágico momento y lo muestra desde una perspectiva inédita, por ser una narración privada e íntima. Lástima que las entrevistas, en inglés, no tuvieran subtítulos en italiano; seguramente la mayoría de los italianos no pudo entenderlas.

La respuesta del público y sus conclusiones son contrastantes: por un lado la crítica y los periódicos más conservadores, ligados al arte figurativo y a la tradición, se han opuesto con vehemencia a Manifesta. Categórica ha sido la declaración del secretario de Cultura, Sandro Bondi, quien la ataca diciendo: “Un flop absurdo. No se pueden tirar 3 millones de euros de esta forma. Mejor gastarlos en una buena restauración”.

Una de las mayores fallas del sistema político e institucional italiano es justamente la falta de apoyo y promoción del arte contemporáneo. El anclaje al pasado impide la participación italiana en el debate internacional, además de que daña y limita el crecimiento de los artistas jóvenes que al encontrar un vacío se ven obligados a emigrar.

La respuesta del público a Manifesta 7 en cifras no es despreciable (más de 57 mil).

En este contexto, se incluyó el performance del mexicano Carlos Amorales, en colaboración con la estilista Carla Fernández y el músico italiano Claudio Simonetti, titulada Haunted House of Fashion, presentado en Trento el 17 de octubre por al museo Cívico de esa ciudad. Una crítica al mundo de la moda y sus clichés, reinterpretada en clave grotesca.

alejandraortiz@libero.it

 
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