Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 2 de noviembre de 2008 Num: 713

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Bolivia: selección de poesía reciente
JUAN CARLOS RAMIRO QUIROGA

Voces de la joven dramaturgia regional
JUAN MANUEL GARCÍA

Narcotráfico: una propuesta
ROBERTO GARZA ITURBIDE

La lidia del pensamiento
JOSÉ BLANCO REGUEIRA

El arte sin riesgo ideológico
ESTEVE PLA CASANOVES entrevista con MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ

Leer

Columnas:
Señales en el camino
MARCO ANTONIO CAMPOS

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Moreliana (IV Y ÚLTIMA)

Uruguaya de origen y afincada en México desde hace años –fue aquí donde estudió cine, en el Centro de Capacitación Cinematográfica–, Diana Cardozo también es egresada de la carrera de Ciencias sociales por la Universidad Dámaso Antonio Larrañaga, y además de una trayectoria cinematográfica que suma casi una década, ejerció como periodista en secciones internacionales durante casi tres lustros. No es que la minibiografía se imponga, pero en este caso los haberes académicos y profesionales extracinematográficos resultan útiles para aquilatar adecuadamente y mejor comprender la calidad, el valor, la fuerza y la importancia que tiene el documental Siete instantes (2008), primer largometraje de Cardozo, misma que, en calidad de cortometrajista, además de otras tres cintas, es autora del bien recordado y ganador de varios premios La luna de Antonio (2003), protagonizado por Ernesto Gómez Cruz.

Como no muchos cineastas –y aunque aún esté por verse un hipotético largometraje de ficción de su autoría–, con Siete instantes Cardozo ha dado muestras claras no sólo de ser capaz de transitar eficientemente, sin mermas, de la ficción al documental, sino de hacerlo precisamente en ese sentido y no, como es habitual, en sentido contrario: que el documentalista, sin importar la elongación de sus producciones, o bien el cortometrajista, pasan respectivamente a la ficción y al largometraje, dejándose en alguna parte el talento y las cualidades profesionales que los animaron a probar suerte en nuevos formatos y géneros.

Lo que el espectador pudo ver durante el más reciente Festival Internacional de Cine de Morelia –lo mismo que quienes tuvieron la suerte y el tino de hacerlo en el más reciente Festival de Cine en Guadalajara (donde Siete instantes obtuvo el premio Fesai), o en el cuarto Festival de Acapulco, o bien al celebrarse el vigesimoctavo Foro Internacional de la Cineteca–, es la demostración plena de que hay dos ejercicios profesionales que pueden llevarse a cabo simultáneamente sin menoscabo uno del otro y, muy al contrario, enriqueciéndose de manera recíproca. Se habla aquí, desde luego, de la cinematografía y del periodismo. En cuanto a este último oficio, la elección misma del tema delata a una periodista aguda y valiente, ya que sin dicho par de atributos es imposible ser uruguaya y proponerse hablar a fondo de qué fue, cómo fue y qué circunstancias históricas le tocó enfrentar al uruguayo Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), conocido histórica y mediáticamente bajo el último vocablo.


Escena de Siete instantes

En tanto guionista –además de haber colaborado en la edición–, Diana Cardozo es responsable absoluta del contenido que el documental despliega, es decir, de las vías temáticas ya ineludibles, ya sugeridas, ya indicadas tanto por el trabajo previo de investigación –que se advierte amplísimo–, como por el enfoque determinado por la propia Cardozo en tanto directora. Dicho enfoque consistió, lo cual explica el título de la obra, en privilegiar el testimonio de siete mujeres que formaron parte del MLN-T y hacer de sus memorias, de la evocación en voz viva de aquellos tiempos, es decir desde mediados de los años sesenta hasta entrada la siguiente década, el hilo conductor a través del cual asistimos a la conformación paulatina de un mosaico histórico en el que se reflejan el horror, la barbarie y el miedo siempre implícitos en la represión de un movimiento político. Empero, a Siete instantes no le faltan equilibrio ni ponderación; aquí no se trata de una apología ciega de los movimientos revolucionarios surgidos hace cuarenta y pico años, sistemática y eficientemente aplastados sobre todo en América del Sur, sino de un repaso, diríase entre absolutamente personal y sorprendentemente objetivo, desapegado en ciertos casos –tal vez en función del tiempo transcurrido–, de lo que fueron las motivaciones, las expectativas, las esperanzas pero también los modos de proceder, a veces incomprensibles o inaceptables por sus consecuencias, de un movimiento guerrillero que por un flanco sostenía reivindicaciones sociales de todo punto plausibles, y por otro era capaz de recurrir a métodos que podían poner en entredicho la bondad intrínseca del movimiento todo. En cualquier caso, siempre, innegablemente, no sólo reprimido sino convenientemente estigmatizado, precisamente para provecho de la represión.

Quien sienta deseos de enfrentarse a sus propios prejuicios –negativos o positivos, da igual–, respecto de los movimientos armados que en el siglo pasado y en éste han tenido lugar del río Bravo hacia abajo, hará bien en echarle un ojo atento a estos Siete instantes .