Usted está aquí: lunes 3 de noviembre de 2008 Cultura Gutiérrez Vega acercó a los cubanos al espíritu sarcástico del Día de Muertos

■ Homenaje en la isla a Nicolás Guillén y Andrés Henestrosa

Gutiérrez Vega acercó a los cubanos al espíritu sarcástico del Día de Muertos

■ “Me moriría con gusto, pero ahorita no tengo tiempo”, feliz anécdota

Gerardo Arreola (Corresponsal)

La Habana, 2 de noviembre. Cuando Andrés Henestrosa estaba ya muy enfermo, fue a ver al médico y éste le dijo: “Lo siento mucho, don Andrés, pero esto se acabó”. El escritor replicó: “Doctor, yo me moriría con todo gusto, pero ahorita no tengo tiempo”.

Cuenta la anécdota Hugo Gutiérrez Vega, polígrafo y diplomático, director de La Jornada Semanal, quien vino a La Habana y explicó a un auditorio de cubanos las tradiciones que nutren a la celebración mexicana del Día de los Muertos, chistes y burlas incluidos.

El altar de noviembre se ha vuelto también una tradición en Cuba, en el lugar dedicado a la cultura mexicana, la Casa Benito Juárez, de La Habana Vieja. Cada año se monta en homenaje a dos muertos ilustres, uno de cada país. Esta vez fue para el oaxaqueño Henestrosa (1906-2008) y el camagüeyano Nicolás Guillén (1902-1989).

Oficiante laico

La festividad coincidió con un día invernal, de un gris interminable, lluvioso. Como un oficiante laico, Gutiérrez Vega hizo historia y acercó a los cubanos al espíritu sarcástico del ritual: “A pesar de que eso afirmó Andrés, tuvo tiempo de morirse.

“Vamos a recordar su obra principal”, invitó el poeta jalisciense, hablando de Henestrosa, “Los hombres que dispersó la danza, en donde habla precisamente de su etnia, de los zapotecos, que todavía para nuestra fortuna conservan sus tradiciones y su hermoso lenguaje.

“Al lado de Andrés Henestrosa vamos a sentar y a recordar a Nicolás. A Nicolás Guillén, el grande de la poesía de la negritud. Hagan de cuenta que vamos a escuchar algún poema del Sóngoro cosongo o del Son entero o de Tengo, o que vamos a escuchar, con música de Silvestre Revueltas, Sensemayá, el baile para matar a una culebra y que estamos juntando esta tarde, en nombre de los fieles difuntos, a un cantante zapoteco y a uno afrocubano.

“En su memoria están estas calaveritas de azúcar y este recuerdo que mucho tiene de tristeza, pero sobre todo de gozo y de alegría, porque los recordamos, porque los tenemos en la memoria. Ya lo decía don Jorge Manrique en las Coplas por la muerte de su padre, que ‘aunque la vida perdió, dejónos harto consuelo su memoria’. Y eso es lo que nos dejan los muertos, el consuelo de su memoria.”

Invitado por la Casa de las Américas, Gutiérrez Vega había leído antes parte de su reciente Antología con dudas, de la cual, en la celebración de muertos, recordó sus versos dedicados a la calaca: “La luna de noviembre es un gran cráneo/ y el país entero llora de risa”. Henestrosa y Guillén quedaron rodeados de flores y velas, de jarros y comida, y a su lado la gente pudo comer pan de muerto con chocolate.

 
Compartir la nota:

Puede compartir la nota con otros lectores usando los servicios de del.icio.us, Fresqui y menéame, o puede conocer si existe algún blog que esté haciendo referencia a la misma a través de Technorati.