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■ Afectan a 5 millones de usuarios, mientras los grandes consorcios reciben subsidios

Suben tarifas de Luz y Fuerza hasta 200% en un bimestre

■ En Profeco se presentan más de mil 300 quejas anuales contra la paraestatal por ese motivo

Carolina Gómez Mena e Israel Rodríguez

Ampliar la imagen El usuario Carlos Rodríguez muestra en la sucursal de LFC de la colonia Narvarte el cambio abrupto en el cobro de la tarifa eléctrica El usuario Carlos Rodríguez muestra en la sucursal de LFC de la colonia Narvarte el cambio abrupto en el cobro de la tarifa eléctrica Foto: María Luisa Severiano

Alrededor de 5 millones de usuarios de Luz y Fuerza del Centro (LFC) son afectados con incrementos constantes en sus facturaciones del consumo de energía eléctrica, las cuales tienen aumentos bimestrales que llegan a ser superiores a 200 por ciento, como resultado de la política gubernamental de retiros de subsidios a los consumidores domésticos, implantada desde hace seis años por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Esto contrasta con las subvenciones que ha otorgado y que han favorecido a los grandes consorcios comerciales e industriales.

Luz y Fuerza del Centro y el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) justifican que debido a lo anterior se dan los excesivos cobros a miles de usuarios.

Por su parte, los consumidores no tienen otra opción al reclamar que suscribir un convenio para pagar en parcialidades o abonar al contado para no perder el suministro eléctrico.

De acuerdo con datos de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) cada año se presentan mil 300 quejas en promedio en contra de LFC, de las cuales la mayoría son por los abultados precios del servicio.

Luz y Fuerza del Centro así como el SME señalaron por separado que a partir de febrero de 2002, Hacienda –que de acuerdo con la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica, es la encargada de fijar y modificar las tarifas eléctricas– determinó establecer cuatro tipos de cobro (dos de bajo y medio consumo y otros dos de alto consumo) diferenciados, en lugar de uno doméstico, como existía en el pasado, con lo que alrededor de 5 millones de usuarios domésticos resultaron perjudicados con incrementos que van desde 30 hasta más de 213 por ciento por el aumento en el costo del kilovatio-hora (KWh).

Todas las tarifas, desde las subsidiadas hasta las que no lo están, experimentan un alza mensual según a la inflación y el incremento en los precios de los combustibles, por lo que siempre la facturación irá en aumento.

Actualmente, en el consumo de uno a 75 KWh mensuales el precio es de 65 centavos y en los adicionales se eleva a 77 centavos, pero al consumir de 76 a 125 Kwh el precio es 1.07 pesos, y el adicional se duplica a 2.29 pesos por KWh. Pero si el consumidor tiene un consumo promedio mensual mayor a 250 KWh durante el último año se le aplica la tarifa denominada Doméstica de Alto Consumo (DAC), la cual no tiene subsidio, y el usuario deberá pagar 3.37 pesos por KWh, es decir, 213.37 por ciento más, según la tarifa establecida hasta octubre de 2008. Para dar una idea de la equivalencia de un KWh, éste corresponde a mil vatios o mantener encendidos durante una hora 10 focos de 100 vatios.

En este contexto se inscriben los cobros “exorbitantes” a usuarios de LFC por el consumo de energía eléctrica y que tienen como principal explicación el retiro del subsidio a las tarifas residenciales. Así, miles de usuarios presentan inconformidades por las abruptas variaciones en sus recibos, pero sólo les queda pagar o que se les suspenda el servicio.

Cascada de quejas

En un recorrido realizado por La Jornada en varias de las oficinas de LFC se constató que el mayor número de reclamos se realiza por los altos cobros que varían de bimestre a bimestre. José Luís López, habitante de la colonia Emiliano Zapata en la delegación Coyoacán, y obrero con una percepción salarial de 52 pesos diarios, de un bimestre a otro vio triplicarse su factura al pasar de 148 pesos a 446. Carlos Rodríguez, empleado jubilado, pagaba hasta el bimestre pasado 869 pesos y ahora deberá cubrir 2 mil 207 pesos, según expuso en su inconformidad en la sucursal Álamos.

Desde la modificación efectuada hace seis años se favoreció a los grandes grupos industriales y comerciales en detrimento de los consumidores domésticos, al establecerse una nueva política de subsidios en la que Hacienda determinó que a mayor consumo de electricidad de los hogares el subsidio sería menor y así se fijó la tarifa DAC.

En contraste, a lo derivado del cambio realizado por la SHCP en 2002 y que afecta a la mayor parte de la población de usuarios domésticos de LFC, ahora los industriales serán nuevamente beneficiados con el anuncio del presidente Felipe Calderón, efectuado el viernes pasado.

En el mismo se argumenta que para atenuar el impacto de la alta volatilidad en los precios de insumos, las industrias ahora podrán acceder a una tarifa de energía eléctrica a periodos anuales.

Las inconformidades del público usuario se multiplican, según confirman las estadísticas de la Profeco, las cuales revelan que en los últimos años el promedio de quejas en contra de LFC es de más de 2 mil 300 anuales, en su mayoría por cobros excesivos.

Por ejemplo: Enrique Basurto, administrador de un edificio en la colonia Viaducto, señaló que por el consumo eléctrico de la bomba de agua del inmueble donde trabaja pagaban en promedio 2 mil pesos, y ahora los condóminos enfrentan el adeudo de 4 mil 696 pesos bimestrales. “El año pasado se pagaban apenas mil 200 pesos por un consumo de 335 Kwh, luego pasó a 2 mil pesos y ahora nos quieren cobrar hasta 5 mil pesos”, señaló.

Sobre está problemática la secretaria de Energía, Georgina Kessel, declaró a este diario: “Hemos estado trabajando muy intensamente con la dirección general de LFC para asegurarnos de que la empresa pueda mejorar sus niveles de productividad y eficiencia. Tenemos un problema que yo diría que es relativamente serio, en el sentido de que no contamos con un sistema electrónico, no tenemos un sistema computarizado ni para manejo de recibos y registro de los consumos. Estamos buscando que se implante este sistema para mejorar la atención al usuario final”.

En coincidencia con lo anterior, Fernando Amezcua Castillo, secretario del exterior del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), reconoció que LFC carece de una herramienta informática, pero adelantó que ya se está trabajando con el Instituto Politécnico Nacional para que en pocos meses más se pueda contar con esta innovación. Esto permitirá pagar en cajeros automáticos, contar con un servicio en línea que se pueda pagar con tarjetas bancarias y atender al público de manera más eficiente.

Falta de tecnología en LFC, “fuente de errores y omisiones”

Al carecer de tecnología, los trabajadores de comercialización de esta empresa pública deben manejar 35 millones de documentos al año, entre quejas, contratos y aclaraciones, “con lo cual es lógico que ocurran errores y omisiones”, reconoció Amezcua Castillo, secretario del Exterior del SME. El sindicalista también advirtió que existe sobrecarga de trabajo, porque las 103 unidades comerciales fueron diseñadas para atender a entre 40 mil y 50 mil usuarios anuales, pero hoy atienden a una población tres o cuatro veces mayor. Incluso en algunas unidades como la de Nezahualcóyotl se atiende a más de 200 mil clientes.

Otra razón por la cual los recibos de consumo tienen fuertes variaciones de un bimestre a otro es porque al momento de que el personal acude a tomar la lectura de los medidores no es atendido o bien la falta de personal imposibilita la visita al domicilio y el consumo se registra en ceros. Sin embargo, luego se cobra todo lo adeudado, situación que –alegan los afectados– “no es nuestra culpa”.

También está el hecho de que LFC se percate de que le estaba cobrando menos a algún usuario y determine que debe cobrar todo lo que argumenta se le adeuda. Esto es lo que ocurre en ocasiones en que al consumidor le sube abruptamente el monto de su factura. Amezcua explicó que aunque los cambios en los subsidios ocurrieron hace seis años, cada cierto tiempo se hacen “revisiones” a los servicios y se detecta que el usuario no paga lo que debe.

“Por ejemplo, una persona viene pagando una determinada cantidad; manda la máquina a revisar y resulta que la lectura que tiene en ese momento no es la real, entonces el usuario reclama, y entonces la empresa nuevamente manda a revisar, si hay un error se modifica y al usuario se le cobra lo que se le tiene que cobrar, pero debo reconocer que también puede haber la posibilidad de que haya un error en la lectura, eso es cierto”.

A esta problemática se suman la faltas de control de calidad de los medidores adquiridos a una sola empresa, Industrias Unidas (IUSA), propiedad del empresario Carlos Peralta, dijo el representante gremial, quien explicó que en muchas ocasiones los medidores se instalan directamente sin pasar por el control de calidad que realiza el departamento de medidores-prueba. Por esta razón muchos de estos artefactos están mal calibrados, lo que incide en lecturas erróneas.

Acerca de los desperfectos que sufren algunos aparatos por las fluctuaciones en el suministro eléctrico, Amezcua Castillo explicó que se debe a que la mayor parte de las redes están sobrecargadas .

Según LFC, también los altos consumos de energía eléctrica tienen su origen en “problemas de la instalación eléctrica del domicilio, lo que ocasiona fugas de energía o bien porque se tienen electrodomésticos que por su antigüedad consumen mucha electricidad, o porque se utilizan calefactores altamente demandantes de este fluido”.

Fernado Amezcua explicó que las pérdidas anuales en LFC ascienden a “18 mil millones de pesos”, y de este monto “por lo menos 12 mil millones” tienen que ver con los servicios industriales que están en fraude, con los adeudos de municipios y los organismos operadores de agua, así como algunas secretarías de Estado. “Hay grandes corporaciones como Wal Mart, Bimbo, Cinemex y centros comerciales que están en fraude”, aseguró.

 
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