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■ Su libro La paz en Colombia fue presentado en La Habana por el ex diplomático José Arbesú

Revela Fidel Castro que discrepa con las FARC por su estrategia militar y los plagios

■ Afirma el ex mandatario que admira la “firmeza” y la disposición a luchar de Manuel Marulanda

Gerardo Arreola (Corresponsal)

Ampliar la imagen Ejemplares del libro La paz en Colombia son exhibidos en La Habana, donde Fidel Castro explica sus diferencias con las FARC Ejemplares del libro La paz en Colombia son exhibidos en La Habana, donde Fidel Castro explica sus diferencias con las FARC Foto: Ap

La Habana, 12 de noviembre. Fidel Castro reveló que no sólo discrepa con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) por su trato a los prisioneros y los secuestros de civiles, sino también por su estrategia militar, pero dijo que admira la “firmeza” y la “disposición a luchar hasta la última gota de sangre” del desaparecido jefe de ese grupo guerrillero, Manuel Marulanda Vélez.

Los comentarios de Castro, junto con documentos inéditos, desclasificados de los archivos cubanos, aparecieron aquí hoy en el libro La paz en Colombia.

El ex presidente cubano, de 82 años de edad, alejado de la vida pública por enfermedad desde julio de 2006, ya había tocado el punto en un artículo publicado el pasado 5 de julio.

En el volumen abrió sus expedientes y, además del caso colombiano, abordó otros asuntos, como las experiencias guerrilleras de Centroamérica y la invasión estadunidense a la isla de Granada en los años 80 del siglo pasado.

En la presentación del libro intervino un personaje que fue decisivo en las relaciones cubanas con el hemisferio, el veterano operador político José Arbesú, ex jefe de la Sección de Intereses en Washington, quien dirige desde hace dos décadas la Sección América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

“Lo más importante es que en este libro se aborda algo que ha estado oculto”, dijo Arbesú. “El papel de Cuba en favor de la paz en Colombia”.

Arbesú es el ejemplo típico del funcionario que trabaja fuera de los reflectores. Casi no tiene actividades públicas y con otra nomenclatura ocupa el cargo que tuvo durante tres décadas Manuel Piñeiro Losada, el legendario comandante Barbarroja, muerto en 1997 y por cuya oficina virtualmente pasaron generaciones enteras de líderes y activistas de la izquierda latinoamericana.

Hace tres décadas que Cuba favorece una solución negociada y pacífica al conflicto colombiano, dijo Arbesú, con voz apenas audible. “Ni el ejército puede derrotar al movimiento guerrillero ni el movimiento guerrillero va a derrotar al ejército”.

Subrayó que, aunque Cuba ha mantenido relaciones con los rebeldes colombianos, no les ha facilitado armas o financiamiento.

En el libro, Castro dedicó varios tramos a construir su juicio sobre Marulanda, con quien dijo que compartía una circunstancia común al comienzo de sus respectivos movimientos revolucionarios: la falta de una ideología revolucionaria y de un programa.

“No cuestiono en lo más mínimo su honradez ni la del Partido Comunista de Colombia”, señaló el ex mandatario. “Por el contrario, merecen respeto, porque fueron revolucionarios, luchadores antimperialistas”.

Relató que discrepaba de Tirofijo “por el ritmo que asignaba al proceso revolucionario de Colombia, su idea de guerra excesivamente prolongada” y la tesis de crear primero un ejército de 30 mil hombres.

Las FARC “por sus concepciones operativas, nunca cercaron ni obligaron a la rendición a batallones completos con el apoyo de artillería, unidades blindadas y fuerza aérea a su favor”, apuntó.

“Es conocida mi oposición a cargar con los prisioneros de guerra, a aplicar políticas que los humillen o someterlos a las durísimas condiciones de la selva. De ese modo nunca rendirían las armas, aunque el combate estuviera perdido. Tampoco estaba de acuerdo con la captura y retención de civiles ajenos a la guerra”.

“Debo añadir que los prisioneros y rehenes les restan capacidad de maniobra a los combatientes”, añadió el líder cubano. “Admiro, sin embargo, la firmeza revolucionaria que mostró Marulanda y su disposición a luchar hasta la última gota de sangre”.

En su comentario de julio, Castro recordó que, después de respaldar a las guerrillas latinoamericanas, se manifestó contra la lucha armada en la región, tras el hundimiento de la Unión Soviética y en condiciones “muy diferentes a las de Cuba, Nicaragua y otros países en las décadas del 50, 60 y 70 del siglo XX”.

El 24 de julio de 1993, año y medio después del derrumbe soviético, Castro habló por primera vez en público de rectificar la vía armada. Fue en La Habana, en la clausura del Foro de Sao Paulo, el frente de partidos latinoamericanos de izquierda.

“Les está hablando alguien que participó en la lucha armada y que apoyó al movimiento revolucionario armado, de lo cual no nos arrepentimos”, dijo entonces el líder cubano. “Pero vemos con claridad que ahora, en este momento, en estas circunstancias, no es el camino más prometedor”.

Cuando Castro dijo esas palabras ya se habían firmado los acuerdos de paz en El Salvador, se abrían negociaciones en Guatemala y hacía una década se había iniciado la primera de varias rondas de encuentros entre las FARC, otros grupos guerrilleros y los sucesivos gobiernos colombianos.

Paralelamente, desde que reanudó relaciones diplomáticas con Colombia en 1991, Cuba ha mantenido fluido diálogo político con los gobiernos de César Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrana y Alvaro Uribe, una de cuyas piezas fundamentales ha sido el respaldo a los intentos de negociaciones de paz, que incluyen a los del Ejército de Liberación Nacional.

 
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