13 de noviembre de 2008     Número 14

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Impulsan barzonistas reservas estratégicas de alimentos

  • Serían eje para impulsar la producción interna: Ramírez Cuellar

FOTO: Enrique Pérez S.
/ Anec

Crear reservas estratégicas de alimentos, con una gestión compartida del Estado y de organizaciones campesinas, es la demanda central de El Barzón para el presupuesto rural 2009, pues considera que éstas “expresarían la decisión de sustituir importaciones sobre la base de incrementar la productividad de nuestro país”, al funcionar como incentivo de mercados regionales, regulador de precios y fuente de abasto para la población ante posibles crisis de desabasto. En alianza con instancias académicas, como la Universidad Autónoma Chapingo y el Colegio de Posgraduados campus Puebla, El Barzón realizó el 20 y 21 de octubre el foro “Reserva estratégica de alimentos”, y allí se escucharon los esfuerzos que la sociedad y los investigadores realiza para enfrentar la crisis alimentaria, y que se fundan básicamente en elevar la producción nacional, sobre todo desde la pequeña escala y en los cultivos propios de la dieta tradicional.

Allí Alfonso Ramírez Cuellar, dirigente nacional de El Barzón, precisó que esta agrupación está impulsando ante el Congreso de la Unión los rubros presupuestarios relacionados con la creación de infraestructura de riego y de caminos rurales; con inyección de financiamiento e impulso tecnológico, y con la constitución de mercados regionales, canales y centros de comercialización cercanos a los consumidores.

En esta última línea es que propone que se asignen al menos 5 mil 500 millones de pesos al propósito de creación de sendas reservas estratégicas de granos y de alimentos (para emergencias de desabasto), donde participarían varias secretarías de Estado, incluidas Agricultura y Economía, y para la rehabilitación de bodegas y almacenes de granos que antes manejó la extinta Boruconsa y para construcción de centros de acopio de los productores.

Entre los objetivos están que el Estado “mexicano vuelva a intervenir y responsabilizarse de la suficiencia y seguridad alimentaria de la población” y que los campesinos cuenten con la infraestructura necesaria para comprar de forma consolidada sus insumos, para que almacenen y pignoren sus cosechas. Ello estimularía mayor productividad y esfuerzos campesinos, hoy más que justificables considerando la tendencia alcista de los precios de los alimentos y que los pobres deben dedicar más de 70 por ciento de su ingreso a la compra de éstos.

Estrategias sociales. Entre las respuestas que da la sociedad a la crisis, destacó en el foro la expresada por Isidro Aquino, de la Unión de Productores de Maíz de Oaxaca. Comentó que este estado –donde está presente el mayor número de las 59 razas de maíz que tiene México– enfrenta un déficit anual de 250 mil toneladas del grano blanco, para consumo humano, que debe adquirir de otras entidades de la República. Sin embargo, la Unión ha iniciado un programa tecnológico que elevará rendimientos y oferta para Oaxaca.

Explicó que en 95 por ciento las parcelas maiceras del estado son menores a tres hectáreas y carecen de tecnología. Se trabaja con el sistema de la milpa (con maíz, frijol y calabaza), lo cual permite a los campesinos sufrir menos que la población urbana frente al encarecimiento de alimentos, pues logran un abasto propio y diversificado aunque, es cierto, insuficiente.

La Unión está poniendo en marcha pequeñas sembradoras de precisión, que permitirá elevar la densidad de los cultivos. Sin ésta se pueden tener 35 mil plantas de maíz por hectárea y con la máquina 42 mil o 45 mil. Además los campesinos están comenzando a usar biofertilizantes (a base de hongos y bacterias), que permiten bajar sustancialmente los costos de producción por hectárea (de hasta mil 500 pesos con fertilizantes químicos a sólo 200 pesos con esta novedad). Con ello, más otros mecanismos sencillos, como la elección adecuada de las semillas, los oaxaqueños van a elevar en 50 o 60 por ciento sus rendimientos. En principio se enfocarán en tres mil 500 hectáreas. Isidro Aquino dijo que por ahora no aspiran a generar reservas estratégicas, pero sí fortalecer sus oferta estatal y con ello reducir la vulnerabilidad ante la carestía alimentaria global (LER).

1968-2008

Las Campanas de Topilejo Convocan al Pueblo

Lourdes Edith Rudiño


Doña Antonia García Vega

Lo ocurrido en aquel septiembre y octubre de 1968 cuando jóvenes de la UNAM se solidarizaron con el pueblo de San Miguel Topilejo, para exigir indemnizaciones a la línea de autobuses México-Xochimilco –por un accidente que provocó 10 muertos y 32 heridos– fue algo más que la llamada fusión estudiantil popular.

Se sembró una semilla que ha fortalecido la unión de este poblado al sur de la ciudad de México. Así lo percibe Antonia García Vega, mujer de 75 años que registra en su memoria con detalle los acontecimientos que han marcado a Topilejo, y que sonríe al decir que el repique de campanas de la iglesia –estratégico en aquel 1968, pues sirvió para convocar a la gente a la plaza ante cualquier riesgo represivo, dado que los estudiantes estaban secuestrando autobuses en la carretera– sigue siendo la vía para llamar a discutir los problemas comunes, problemas que hoy, igual que en todo el ámbito rural, tienen que ver con la incertidumbre en la tenencia de la tierra, con la urbanización, con la falta de agua.

En seguimiento a un artículo de Antonio Vera publicado en el número 13 de este suplemento (14 de octubre de 2008) sobre los acontecimientos de Topilejo en 1968, doña Antonia relata que fue su sobrino Alberto Barrera García quien llevó a los estudiantes de la UNAM al pueblo, luego de que el 3 de septiembre ocurriera el accidente de tránsito. “Eran como 20 muchachos. La señora Josefina García vive en la bajadita del puente, camino al rastro, y ella prestó su casa para que allí se hospedaran. Quienes teníamos voluntad, les llevábamos comida: botes de elote, chiquihuites de tortillas, café, atole... En ese tiempo había hartos elotes, teníamos mucha cosecha.

“Nunca antes se había hecho un movimiento así. Gracias a los estudiantes logramos que se apoyara a la gente afectada por los accidentes, y que se modernizaran los autobuses. Pero a lo mejor sí quedamos espantados, pues una mañana, después del 2 de octubre, salimos y toda la calle Morelos estaba llena de militares; creían que todavía estaban aquí los estudiantes, pero días antes una señora había escuchado en San Ángel el rumor de que iban a venir por ellos, y quienes pudieron los llevaron a esconder a sus ranchos (...) Mi sobrino Alberto, que estudiaba ingeniería, fue suspendido en la universidad, estuvo viviendo aquí y murió hace tres años del corazón”.

La modernidad y el campo. Doña Antonia usa rebozo, pues le gusta preservar la tradición. Sale a la calle y todos la saludan. Es de las más respetadas del pueblo y participa en bailables promovidos por el “club del abuelo”. En 1950, cuando se instaló la energía eléctrica, ella, junto con otras jovencitas de la época, llevaban alimento a los trabajadores de la compañía de luz y amadrinaron el primer poste. Ella también atestiguó la construcción de la carretera México- Acapulco, y ha visto con orgullo cómo los jóvenes del pueblo han progresado, pues tienen estudios, y ve positivo que hay cada vez más comercio.

Con cuatro hijos, Maria Luisa, Salvador, Leandro y Antonia, ocho nietos y un bisnieto, ella persiste en lo que le gusta: el trabajo en el campo. Con jornadas que inician a las cinco de la mañana, produce maíz, avena y algo de verdura –ésta para el autoconsumo– y su esposo desde hace 55 años, es tlachiquero, “trabaja lo de los magueyes”. En el campo, en sus siete hectáreas, “vamos a seguir hasta que llegue la muerte”, dice, y aspira que su familia asuma después la responsabilidad, pues deplora el avance los alimentos procesados no nutritivos.

“Gracias a Dios todavía comemos lo que se siembra en el campo. Estoy acostumbrada a tener elotes, calabacitas, les hago a mis hijos su atole, sus goditas de elote que se llaman tlaxcales, calabazas en dulce. Todo es sano porque viene del campo”.

Pero también escucha con tristeza a su hija María Luisa, maestra jubilada que está presente en la entrevista y comenta que “echando lápiz, hemos visto que no sacamos ni lo que invertimos. Le digo a mi mamá que no tiene caso que sigamos sembrando”.

Doña Antonia considera que Topilejo es un pueblo unido; dice que en las reuniones que ocurren a partir del llamado de las campanas de la iglesia, se ha logrado frenar proyectos con los que la gente no está de acuerdo, aunque en muchos casos al final de cuentas no ganen. Hace unos años por ejemplo, el gobierno del DF impulsó la instalación de una trituradora de asfalto, a lo que el pueblo se opuso. Negociaron con el gobierno para dar luz verde al proyecto a cambio de un compromiso de mejoras en el pueblo; el resultado fue que se instaló la trituradora en el pueblo vecino de Parres pero no se cumplieron las mejoras.

Riesgos con las tierras. A doña Antonia y a su hija les preocupa el futuro de sus tierras y del pueblo en general, pues hay una situación caótica en la tenencia de la tierra. En 1974 o 1975 gente del lugar realizó un censo de las tierras comunales (10 mil hectáreas) y anotaron allí a peones que venían de diferentes estados y a otras personas ajenas, y dejaron fuera a los verdaderos comuneros. Así, “hay 460 personas anotadas en esas listas, y muchas cedieron sus derechos pero sin que tengan un metro de tierra. Van y dicen este terreno está bonito. Lo agarran, lo lotifican, dicen vamos a dividirlo y lo venden muy barato (predios de 200 o 300 metros cuadrados a 20 mil pesos de enganche y anualidades de 500), y no hay papeles, no entra notario. Y los verdaderos comuneros tampoco tenemos papeles”, dice María Luisa, quien participa en el Consejo del Pueblo.

Actualmente están enfrentando el problema de que la delegación Tlalpan pretende permutar tierras ecológicas que están siendo ocupadas por quienes compran terrenos de los supuestos comuneros. La permuta es por lotes en un terreno llamado Tetengo, pero el Consejo del Pueblo se ha opuesto porque Topilejo enfrenta escasez de servicios y no soportaría una sobrepoblación: el agua es escasa, sólo la tienen los del centro, y la periferia debe abastecerse con pipas muy caras; asimismo el hospital del pueblo tiene 40 años de existencia, y las escuelas han permanecido sin mejoras ni ampliación desde hace dos décadas.


INDIA

Educación Ambiental

Emma Cosío Villegas

La India es un enorme país (tres millones 288 mil kilómetros cuadrados), con una inmensa diversidad racial, lingüística, geográfica, económica... Hay una gran brecha entre la minoría rica y la pobre y muy pobre en una población de más de mil millones de personas. Muchos apenas tienen agua, pero hay una meta gubernamental de integrar cada año a 20 millones a condiciones básicas de higiene para así cumplir, en 2015, “las metas del desarrollo del milenio”.

En una evaluación de los textos escolares que se realiza a escala nacional, se encontró que el contenido sobre medio ambiente es bastante pobre y que no tiene efecto en el conocimiento ni en la vida de los estudiantes. Hay nueva información adecuada que se está incluyendo en los libros de ciencias, ciencias sociales y lengua.

Surgen discusiones respecto de si la educación debe ser sobre el medio ambiente o sobre el desarrollo sustentable, y pesa esta última idea pues abarca más aspectos básicos, como el crecimiento económico, el desarrollo social, los derechos humanos, la equidad de género, paz, diversidad cultural, el ataque a la pobreza y más.

Educación y práctica. En este marco, el gobierno y organizaciones no gubernamentales (ONGs) han emprendido ambiciosos proyectos, como programas dirigidos a la educación ambiental en escuelas urbanas. Uno, que dura ocho meses del año escolar, es “Conoce tu campus”; allí se estudia la biodiversidad, el agua, la tierra y los desperdicios sólidos. Previo al trabajo de campo hay un amplio proceso de lecturas, y se usa el campus como laboratorio para experimentar alternativas y obtener un verdadero cambio que incida en la sustentabilidad. Los alumnos difunden y comparten sus experiencias por medio de “eco clubes” y otras instituciones.

Los eco clubes tienen de 30 a 50 estudiantes con supervisión de un maestro especializado. El gobierno financia un máximo de 250 clubes por distrito. La meta era establecer al menos 50 mil en el país, pero hasta 2007 el número había crecido a 91 mil.

Los niños realizan tareas como manejo de desperdicios y su reciclaje, producen vermicompostas, construyen cisternas en la escuela o la comunidad, atienden jardines públicos o escolares, levantan censos y clasifican árboles y plantas medicinales y hacen el inventario de fuentes contaminantes. También registran información en bosques, pantanos, reservas de la naturaleza, minas, etcétera, y organizan marchas, teatro callejero o exposiciones para crear conciencia sobre la conservación del medio ambiente.

En Ahmedabad, capital de Gujarat, existe una institución de excelencia, dependiente del Ministerio de Medio Ambiente y Bosques: el Centro para la Educación Ambiental, que desarrolla programas innovadores y materiales educativos que estimulan actitudes, estrategias y tecnologías sustentables. A los maestros les ofrece cursos a distancia para ampliar sus conocimientos. También publica revistas locales y un periódico internacional.

Los Cuerpos Verdes Nacionales es un exitoso programa impulsado también por el Ministerio de Medio Ambiente. Unas 90 mil escuelas y más de tres millones de niños participan. El plan, con el lema de “reverdecer la Tierra”, pretende centrar la educación sobre el medio ambiente en los niños de cinco a 14 años de edad, para lograr un efecto cascada en la sociedad. Desarrollan habilidades de observación, experimentación, investigación, análisis y razonamiento y promueven el pensamiento lógico con perspectiva local, nacional y global. Este entrenamiento permitiría un enfoque analítico continuo desde la edad preescolar y para el resto de la vida.

A los grandes grupos de campesinos todavía no les llegan estas noticias, pero se está empezando a usar la televisión para capacitarlos y que ellos desarrollen programas con base en sus intereses colectivos, por ejemplo de manejo de basura.

Aprender para ser. En el plan Década de la Educación para el Desarrollo Sustentable (2005-14), se proponen cinco líneas fundamentales de conocimiento: aprender para saber, aprender para hacer, aprender para ser, aprender para vivir en comunidad y aprender para transformar a uno mismo y a la comunidad.

Siendo la falta de agua un grave problema en la India, se han creado equipos que trabajan en la captación, limpieza y conservación del recurso, Por ejemplo, Water Aid, junto con otros grupos, restaura sistemas de agua ya existentes y entrena a la población para que se ocupe de continuar el trabajo. Hasta ahora han ayudado a 2.8 millones de personas para recibir agua potable, y apoyan a mil escuelas para tener agua limpia e impartir educación en higiene y salubridad a 80 mil alumnos.

Se involucra a toda la comunidad formando grupos de autoayuda. Sus miembros pagan una cuota casi simbólica para realizar las obras que necesitan. Una de ellas es la construcción de letrinas. Hay un programa muy amplio e internacional, Water Awarness Program, dirigido a niños y jóvenes, para crear conciencia de la conservación y limpieza del agua. Es sencillo, a base de fotos y videos, y busca provocar reflexiones y generar propuestas.

La World Youth Water Alliance, otra organización internacional, a la que India se ha unido, aspira asegurar, con el apoyo de la niñez y la juventud, la sustentabilidad ambiental, revertir los daños, reducir a la mitad el número de personas sin acceso al agua potable y lograr para el 2015 una mejora considerable de al menos cien millones de desposeídos. También realiza discusiones y reflexiones sobre la contaminación del agua, así como los potenciales y cercanos conflictos por su posesión.

Estos ejemplos nos dan una idea del dinamismo con que la India está emprendiendo tareas vitales a muchos niveles; sin embargo, su industria es de las más contaminantes. Esperamos que prevalezcan las corrientes aquí mencionadas.

La empeñosa estudiante de secundaria Marina Roy opina que mientras los jóvenes de muchos países occidentales se dedican a la televisión y el nintendo, ellos se preparan para ser ciudadanos útiles y responsables. ¿Será por esto que hay tanto científico de la India trabajando por el mundo entero?


Todas las voces por la
soberanía alimentaria

Rosario Cobo

Después de intensas jornadas de trabajo realizadas en más de la mitad de los estados de la República, hoy se dice NO a un modelo que nos condena al hambre, a la pobreza, a la migración, que no toma en cuenta el esfuerzo y la persistencia de millones de familias campesinas, que cultivan los alimentos básicos de nuestro pueblo. Pero también se dice SÍ. SÍ a la salvación del campo y los campesinos que haga de México un país más justo y soberano.

El esfuerzo ha sido grande: desde el Río Bravo hasta el Suchiate el lema Sin Maíz no hay País. Alimentos Campesinos para México. ¡El Hambre no Espera!” se gritó, y se gritó bien fuerte para que todos lo oyeran, y la voz llegó hasta Centroamérica, donde muchos hicieron suya la campaña, exigiendo alimentos campesinos para Mesoamérica.

Porque más de 200 organizaciones campesinas, indígenas, de maestros, de mujeres, de derechos humanos, de ambientalistas, de cooperativistas, de colonos, de profesionistas, académicos, estudiantes, trabajaron duro para llegar a la Asamblea Nacional por la Soberanía Alimentaria.

Porque en varias regiones de Morelos, en Tierra Caliente, La Montaña, Costa Grande y Costa Chica, Zona Centro, Sierra y Acapulco de Guerrero, en la Tarahumara y en otras zonas de Chihuahua, en Acayucan y Jalapa de Veracruz, en Zacatecas, en el Valle de México, en San Luis Potosí, en el Istmo y la Mixteca Alta de Oaxaca, en Chiapas, en Michoacán, en la Costa Sur de Sonora, en Hidalgo, en Puebla se han desarrollado reuniones y asambleas comunitarias, municipales, regionales, estatales; mesas redondas, foros de discusión, un foro nacional sobre reservas estratégicas de alimentos, un seminario sobre mujeres del campo, ferias campesinas, fiestas del maíz y el frijol, marchas, elotizas y hasta frijolizas en plazas públicas, campañas de rescate y reproducción de maíces nativos, bancos vivos de granos, ceremonias prehispánicas, obras de teatro, pinturas murales, conferencias de prensa, programas de radio, pronunciamientos, desplegados, volantes, pintas, pegas y mil otras maneras de difundir y llamar a la población a sumarse a la campaña.

Para impulsar un nuevo modelo de país se presentaron más de 200 propuestas sobre producción, resguardo y conservación de semillas nativas, crédito, infraestructura, mercados, valorización del trabajo de mujeres, atención a jóvenes y migrantes, educación y asistencia técnica adecuadas, por una nueva relación campo-ciudad, de políticas públicas por un desarrollo rural sustentable que revitalice la producción campesina asegurando trabajo, ingreso y una vida digna para los habitantes del campo; múltiples demandas para que el Estado modifique la política agroalimentaria y cumpla con su responsabilidad social.

Instituto Maya

Oportunidad histórica

  • Factible, recuperar la agricultura tradicional

El momento actual, de crisis alimentaria mundial –con reducción de oferta, pero también con una vulnerabilidad de la población ante encarecimientos provocados por tácticas especulativas en las lonjas de materias agrícolas–, abre la oportunidad de que la sociedad en México presione en pro de políticas públicas que favorezcan a los productores de pequeña y mediana escala, donde hay un potencial muy grande para lograr autosuficiencia en el abasto y reducir las importaciones.

Blanca Rubio, académica del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, planteó esto en la Asamblea Nacional por la Soberanía Alimentaria, y afirmó que, igual que en los años 70s se presentó la “viabilidad histórica para golpes de Estado en América Latina, la época actual abre la viabilidad para modelos alternativos nacionalistas”, donde la búsqueda del fomento a la producción doméstica con participación campesina y miras a la soberanía es prioridad.

Vuelta de hoja. Y para ello debe ponerse fin al modelo de producción actual –que concentra riqueza en las trasnacionales– y que pretende seguir con las mismas recetas a pesar de la crisis: monocultivo, impulso a los agrocombustibles, concentración de la tierra y de los recursos naturales, además de fomento a los cultivos transgénicos.

Su discurso empalmó con los de Armando Bartra, director del Instituto de Estudios para el Desarrollo Rural “Maya” y coordinador de La Jornada del Campo, y de Cristina Barros, especialista en gastronomía tradicional de México, quienes propusieron explorar la riqueza cultural campesina para dar respuestas a la crisis de alimentos, pues, dijo Bartra, el modelo neoliberal del monocultivo del agronegocio y de la especialización irracional extrema por “ventajas comparativas” no funciona, no es sostenible.

Sabiduría milenaria. Cristina Barros y Bartra exaltaron la sabiduría económica, ecológica, social y nutricional de la milpa, en particular, dijo Barros, de la cuarteta maíz, frijol, chile y calabaza, que contiene las proteínas, minerales y vitaminas necesarios para la nutrición humana. “Los agricultores con visión comercial menosprecian los rendimientos del maíz de temporal, pero cometen un error que proviene de la ignorancia o de la mala fe. Es posible que sólo se recojan en una milpa así dos toneladas de maíz en vez de las 12 que se generan en un sembradío comercial, pero se olvida que en la milpa no se recoge sólo maíz (...) Cuando sumamos todos los productos que a lo largo de nueve meses puede recoger el campesino (muchas plantas alimenticias, medicinales y de ornato), los rendimientos aumentan de manera notable” y sus resultados en dinero superan a los del cultivo extensivo, señaló Barros y destacó que la sociedad tiene la tarea urgente de fomentar este conocimiento, pues es sinónimo de alimentos sanos, frescos y nutritivos.

El hambre pesa. Los tres hablaron en un panel de la asamblea sobre las respuestas de la sociedad a la crisis de alimentos. Allí participó también Carlos Morales, de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (CNOC) de Guatemala; habló del contraste entre el gran movimiento comercial de alimentos en el orbe –de más de 500 mil millones de dólares anuales– y el hambre que padecen regiones y países pobres. (LER)