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■ Con Grítenme piedras del campo dio principio a su concierto en el Metropólitan

Romántica y combativa, Eugenia León presentó Puño de tierra

Dos palomas, Vámonos y La bruja, parte de ese homenaje de la cantante a Juan Rulfo

■ Con su potente voz y cadencioso baile arrancó el cálido aplauso de sus viejos y nuevos amigos

Jorge Caballero

Ampliar la imagen Eugenia cerró con El fandango aquí Eugenia cerró con El fandango aquí Foto: cortesía de la producción

Con un concierto delicado y emotivo, que se encaminó por surcos románticos, furiosos y combativos, Eugenia León satisfizo a su animoso público de siempre y a sus nuevos amigos, reunidos en el teatro Metropólitan la noche del sábado para celebrar la aparición de su disco número 25, Puño de tierra, en el que rinde homenaje al escritor Juan Rulfo, desde el Bajío al norte de México, pero que también resultó una especie de banda sonora ontológica de los mexicanos, que nos identifica como pueblo.

Pasaditas las ocho de la noche, vistiendo un conjunto color vino y enrebozada, apareció del lado izquierdo del escenario María del Rosario León Vega, Eugenia para su público, lanzando las primeras estrofas de Grítenme piedras del campo para calmar los ánimos del respetable, que ya se mostraba impaciente, y acariciar sus tímpanos con su potente voz.

Siguieron Dos palomas y Vámonos, en las que Eugenia coqueta jugó con el rebozo y paseó feliz, con cadecioso movimiento de caderas, a lo largo del escenario. La recompensa: una enorme ovación…

La siguiente en la lista fue La bruja, que el público susurró como queriendo retenerla, guardarla, para que no se fuera a otro lado. Luego Eugenia dio la bienvenida: “Nos da mucho gusto estar aquí a pesar de todos los problemas; aquí nadie se echa para atrás” y soltó Mi gusto es, para seguir con Échame a mí la culpa, compendio de corte fino de la música popular mexicana de colofón aterciopelado con un dejo de festiva melancolía, que Eugenia se rifó bailando, de izquierda a derecha, de atrás hacia adelante, jugando con el rebozo, usándolo de capote.

Después entabló una complicidad con alguien que estaba sentada en las primeras filas y, a la sin susto, de pronto, sobria y tajante, dijo: “Ésta es para ti, Carmen”. Sólo unos pocos sabían para quién era la dedicatoria, pero varias Cármenes seguro se apuntaron. El tema en cuestión fue Puño de tierra, que da nombre a su más reciente producción y presentación; resultó una de las canciones más celebradas con aplausos y silbidos jubilosos destinados al taconeo de punta a punta con el que se discutió Eugenia.

La primera parte del concierto concluyó con Los magueyes, Cucurrucucú paloma, La cautela, en la que la voz se fundió con un rabioso violín, para culminar con Sol redondo, que cantó a capella y en compañía de un coro de 12 personas con 12 mil ojos atestiguando el reclamo incesante de justicia divina a Tonatiuh contenido en la canción escrita por Carlos Gutiérrez Cruz, cuyo inicio dice: “Sol redondo y colorado/ como una rueda de cobre,/ de diario me estás mirando/ de diario me miras pobre”. El colofón: “Sol redondo de este día/ que dicen todo lo sabes,/ dinos quiénes asesinan/ a nuestras niñas de Juárez”, lo que provocó ovaciones en cascada.

Luego de un breve intermedio, en el que se dejó correr un pensamiento en lengua totonaca, traducido al español en forma simultánea, la cantante regresó al escenario, ahora luciendo un conjunto color rosa y con la compañía de un músico más. “Eres un mango, Eugenia”, se escuchó desde la anónima oscuridad; agradecida soltó Aquí me quedo, prolongada/hilvanada por Corazón gigante, Color morena, Los pájaros perdidos y Yo vengo a ofrecer, en la que refirió: “Hay que amar nuestro idioma, así como nuestra música”.

Con dedicatoria para Mastretta

La siguiente pieza también tuvo dedicatoria; fue para Ángeles Mastretta: Arráncame la vida, que da título a una de las novelas de la escritora y a la reciente versión cinematográfica, dirigida por Roberto Sneider, en la que Eugenia interpreta a Toña La Negra. La cantó acompañada solamente del acordeonista, con lo que exaltó el frenesí desbordado de los asistentes.

El padre de la música chicana, Lalo Guerrero, fue recordado con su tema Chucos suaves, corte dedicado a los pachucos. La remembranza de Esteban Navarrete llegó con el rolononón Cuidado con la mesera, momento en el que la cantante mostró sus dotes de actriz, ya que mientras interpretaba el tema simulaba ser una lasciva y concupiscente mesera. Gabilondo Soler Cri Cri estuvo presente con El ratón vaquero.

Pero las sorpresas no acaban y, con una versión bluseada de Fallaste corazón, de Cuco Sánchez, Eugenia estrujó más el corazón. El compendio avalancha continuó con Cuando el destino, Preludio para el 3001, Mucho corazón, Lo mismo que usted, Llegando a ti, La tirana, Como yo te amé, para concluir definitivamente en un verdadero desmadre/delirio desenfrenado con El fandango aquí, su primer gran éxito, que la noche del sábado fue el último, 25 años después.

 
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