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■ Cierre de 5 mil negocios y caída del turismo este año, otros efectos de la inseguridad

La violencia en Ciudad Juárez provoca éxodo de 3 mil familias

■ En este año van mil 350 homicidios y al menos 30 secuestros de empresarios, según informes

Rubén Villalpando (Corresponsal)

Ampliar la imagen Automóviles y camiones de carga forman largas filas para cruzar la garita del puente internacional Córdova-Américas, al oriente de Ciudad Juárez, Chihuahua Automóviles y camiones de carga forman largas filas para cruzar la garita del puente internacional Córdova-Américas, al oriente de Ciudad Juárez, Chihuahua Foto: J. Guadalupe Pérez

Ciudad Juárez, Chih., 16 de noviembre. La guerra entre narcotraficantes y la creciente ola de asaltos, amenazas, extorsiones y secuestros, aterrorizan a la sociedad juarense y durante 2008 ya desplomaron la actividad turística, hicieron cerrar unos 5 mil negocios y huir a 3 mil familias.

De 2003 a 2007 Ciudad Juárez tuvo mil 181 homicidios; pero sólo este año ya van mil 350, aparte de los 45 ejecutados que aparecieron en dos narcofosas. También hubo al menos 30 secuestros de empresarios, 82 asaltos bancarios, 15 mil vehículos robados y 30 negocios quemados por no pagar “cuotas” de protección. Pero en todo el estado la cifra de muertos es de casi dos mil, entre ellos 80 policías de diversas corporaciones, 61 en esta frontera.

El primero de abril pasado –cuando ya se computaban 210 homicidios tan sólo en Ciudad Juárez– los gobiernos federal, estatal y municipales pusieron en marcha el Operativo Conjunto Chihuahua, presuntamente con más de 2 mil militares y policías. Pero la delincuencia creció en mas de 500 por ciento, y todos los días cobra víctimas, que son en gran parte vendedores de drogas, aunque también policías, abogados, periodistas y personas con diversas actividades.

Según el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) de la localidad, Gabriel Flores Viramontes, el alto índice de violencia y la inseguridad imputables al crimen organizado conllevan un aumento de los delitos del fuero común como asaltos y robos a comercios y casas habitación, entre otros, y por efecto de todos en conjunto ya se rezagan la inversión extranjera y nacional, además de venirse abajo el turismo.

La situación es tan grave que “antes llegaban cientos de familias atraídas por el trabajo y ahora se van por miedo”, comenta. Sólo este año unos 2 mil 800 obreros y directivos de otras procedencias han dejado la ciudad, según la Asociación de Maquiladoras (AMAC); aparte de que unas 3 mil familias de doble nacionalidad prefirieron irse a vivir en El Paso, Texas.

El sector empresarial local reporta por lo menos 30 secuestros durante 2008, la mayoría desde que se inició el Operativo Conjunto Chihuahua, los cuales han sido denunciadas ante la Subprocuraduría de Justicia Estatal Zona Norte. La Unión de Yonkeros (comerciantes de refacciones usadas) asegura que en su sector ya hubo al menos 26 secuestros, entre ellos el de Érika Posselt, vendedora de vidrios y cuñada del congresista esta-dunidense Silvestre Reyes, presidente del poderoso Comité de Seguridad de la Cámara de Representantes.

Varios de estos negocios ya cerraron porque sus dueños fueron intimidados por un comando de indumentaria militar que les exige cuotas semanales de 500 dólares a cambio de no perjudicarlos. El yonke Jesan, al igual que El Júnior y el De Gala, que trabajan sobre avenida Manuel J. Clouthier, se cuentan entre los objetivos de los delincuentes que usan camionetas de reciente modelo y portan armas de alto calibre.

Los propietarios de cientos de negocios han sido extorsionados, y cuando se niegan a pagar les queman sus bares, cantinas o restaurantes.

Pero de mil 350 homicidios cometidos en la ciudad, sólo 18 fueron consignados con detenido ante las autoridades judiciales, en su mayoría por homicidios de mujeres.

Se acabó la diversión

Además, los propios lugareños ya tienen restringida la diversión. El tradicional atractivo de los bares, discotecas y vida nocturna juarense entre jóvenes estadunidenses radicados en la frontera y militares del Fort Bliss de El Paso, Texas, y Las Cruces, Nuevo México, también se extinguió.

En mayo pasado, el Ejército de Estados Unidos prohibió a su personal venir a la ciudad, y los elementos con familiares residentes ya deben pedir permiso para visitarlos.

A su vez, las universidades de Texas en El Paso (UTEP) y Estatal de Nuevo México (NMSU) advirtieron del peligro a su personal y alumnos en correos electrónicos enviados desde octubre por la rectora de la primera, Diana Natalicio; y el jefe de policía de la segunda, Jaime Chávez.

Según datos de inteligencia estatal y federal, los grupos de narcotraficantes que operan en Chihuahua tienen sus principales bases en la capital y los municipios de Guadalupe y Calvo, Ojinaga y esta frontera. Todos están ligados al cártel de Juárez, comandado por Vicente Carrillo Fuentes y Vicente Carrillo Leyva, que domina el estado desde hace más de 20 años, así como al de Tijuana, que dirigían los Arellano Félix, y al de Sinaloa, de Joaquín El Chapo Guzmán.

Los dos últimos pagaban al primero por cruzar droga a Estados Unidos hasta principios de año, cuando el tercero embistió, aliado a la pandilla de Los Aztecas, para apoderarse de la plaza.

Reportes de la Secretaría de Seguridad Pública estatal mencionan que el cártel de los Carrillo Fuentes controla unas 521 pandillas, pero sólo 90 son de alta peligrosidad, las cuales operan en 86 de las más de 800 colonias de la localidad, especialmente Juárez Nuevo, Tierra Nueva, El Granjero, Hacienda de las Torres, División del Norte, Ciudad Moderna e Hidalgo.

De hecho, Los Aztecas y Los Mexicles no son las bandas más peligrosas, sino las utilizadas como proveedoras de sicarios, cobradores y distribuidores de droga, entre ellas HBO, Madre del Silencio, Doble AA, Bufones y Cacos 90.

En una carta publicada hoy en los periódicos locales, la creciente preocupación fue plasmada y signada por 62 presidentes municipales, así como por los obispos José Fernández Arteaga, Guillermo López Soto y Gerardo de Jesús Rojas López, responsables de las diócesis de Chihuahua, Cuauhtémoc y Nuevo Casas Grandes.

También firmaron los rectores de la Universidad Autónoma es-tatal y la de Ciudad Juárez, Raúl Espinoza Chávez y Jorge Mario Quintana Silveyra; además de Silvia Romero, directora de la Normal.

Otros dirigentes como Heriberto González, de la Cofraternidad Ministerial Evangélica de Chihuahua; y Ernesto Hernández, del Consejo de Asociaciones e Instituciones Cristianas Evangélicas, junto con líderes empresariales y otras personalidades, exigen reorientar las estrategias contra el crimen organizado y convocar al gabinete de seguridad nacional para tomar medidas ante los momentos de violencia e intranquilidad que vive Chihuahua.

 
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