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Ciudad Perdida

Miguel Ángel Velázquez
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■ La ex jueza Campuzano vuelve a las andadas

■ El fantasma de Rodolfo Félix ronda la PGJDF

¿Quién que sienta un poco de vergüenza por lo que pasa con la ley en la ciudad, y en el país, no recuerda a la ex juez Claudia Campuzano?

Sí, la misma que dejó salir de la cárcel a El Chucky, consciente de que el individuo era un asesino confeso, y que recibió por ello una severa acusación del entonces procurador del Distrito Federal, Samuel del Villar, que la tuvo al borde no sólo de perder el empleo, sino de ir a la cárcel.

Bueno, ¿sabe usted quién la salvo entonces, con un amparo bien amañado –según nos cuentan–, de enfrentar su proceder a todas luces irregular con la justicia? Por supuesto, sí, usted le dio al clavo. Ni más ni menos que Rodolfo Félix Cárdenas, el ex procurador más protegido del país, por eso de que el ex funcionario viaja con un grupo especial de guaruras que, hasta donde sabemos, le mantienen el aparato administrativo de la misma PGJDF, y, desde luego, el actual procurador.

Y no nada más. El bueno de Rodolfo Félix Cárdenas, sabedor de los cadáveres que la Campuzano guardaba en el armario, decidió seguir echándole la mano y la transfirió del Reclusorio Oriente, que se había convertido en la cueva donde ejercía la señora, y la llevó a la procuraduría, claro, a un lugar donde se mantuviera oculta de las acusaciones y de la mirada de los medios de comunicación.

Por eso fue a dar a un área considerada “intrascendente” en la misma procuraduría: rezago de expedientes de la zona oriente. Allí se mantuvo hasta la salida de Félix Cárdenas, quien según nos cuentan, pidió al nuevo procurador que la elevara al rango de fiscal, donde hoy ejerce, y donde ya tiene en su contra a la mayoría del personal ministerial de la “fiscalía de procesos penales sur”.

Esto, según la denuncia que hacen los trabajadores de esa fiscalía, que la Campuzano tiene en sus manos desde el primer día de agosto de este año, mismos que advierten que, al no dejarse “manipular corruptamente” por la fiscal, han sido severamente reprimidos. Explican, por ejemplo, que al no conceder las facilidades contrarias a la ley que la fiscal exige, se les somete a horarios de trabajo injustos, no se les permite abandonar el lugar de trabajo hasta altas horas de la madrugada, sin que les asigne ninguna tarea.

Ha llegado a tanto la venganza de esta señora en contra de los empleados de la fiscalía, que al iniciar octubre pretendió sacar a todos los trabajadores de su área, siguiendo, según dijo, instrucciones de la subprocuradora Martha Almaráz, quien al enterarse de los enjuagues de la Campuzano dejó sin efecto la intentona.

Tal vez Miguel Ángel Mancera no esté al tanto de lo que pasa con su fiscal, pero se ha levantado todo un rumor de escándalo en el Reclusorio Sur por supuestas o reales conductas de corrupción de la fiscal hacia un grupo de jueces, pero la situación ya es intolerable.

Ya son muchas las que debe la dupla Félix Cárdenas-Campuzano, así es que el procurador, que tan buen paso ha seguido hasta la fecha, debería pensar en sacudirse, de una vez, al fantasma de Rodolfo Félix antes de que le estalle un problema mayor en la dependencia. ¿O qué, le debe algo?

De pasadita

En el PRD de la ciudad la decisión está tomada: nada con la presidencia espuria y todo el apoyo a López Obrador. Pero esto parece no importarle a Alejandro Encinas, que va de un dirigente a otro en busca, dicen, de consensos, aunque más bien parece que trata de encontrar las voces que lo apoyen para irse a refugiar a la secretaría general de ese partido, donde, él lo sabe, no le dejarán meter las manos en nada, y menos en el dinero que tanto apura a quienes le ven algo de vida a ese PRD herido de muerte. Todavía el viernes Encinas se reunió con líderes de las corrientes que lo apoyaron en la candidatura para la presidencia perredista, y esa misma noche tuvo una reunión con el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard. ¿Qué, a Encinas ya se le olvidó que la política es cuestión de convicciones y no de triquiñuelas? ¡Que alguien se lo recuerde!

 
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