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■ Pronostican que se aprobará el nuevo texto constitucional el próximo 25 de enero

Genuino y nacido desde abajo, el movimiento renovador de Bolivia, dicen líderes populares

Blanche Petrich

Ampliar la imagen Fidel Surco y Leonida Zurita, líderes bolivianos, acompañados del embajador Jorge Mancilla (en el centro) Fidel Surco y Leonida Zurita, líderes bolivianos, acompañados del embajador Jorge Mancilla (en el centro) Foto: Yazmín Ortega Cortés

Enfilados hacia la votación nacional que habrá de someter a la aprobación el nuevo texto constitucional de Bolivia, el 25 de enero próximo, dos dirigentes de la Coordinadora Nacional por el Cambio (Conalcam), Leonida Zurita y Fidel Surco, señalan que, a diferencia de otros procesos transformadores de América Latina –como el venezolano o el ecuatoriano, por señalar sólo los dos más afines–, el proyecto de modificación constitucional que encabeza el presidente Evo Morales ha nacido “desde abajo, del movimiento popular” y ha contado con su apoyo y acompañamiento a lo largo de todo su tortuoso camino.

“Porque un proceso que busca refundar al país, construir un socialismo popular comunitario y que avanza a contracorriente del imperialismo y el neoliberalismo no puede ser de otra manera”, asegura Surco, que preside la Coordinadora Nacional para el Cambio. Este frente, que agrupa más de 140 organizaciones de los sectores obrero, minero, campesino, magisterial, indígena y de mujeres, protagonizó la marcha que a mediados de octubre cruzó el país desde Oruro hasta La Paz, con la asistencia del propio jefe de Estado, para exigir al Congreso la aprobación de la convocatoria al referendo sobre el proyecto de la nueva Constitución Política del Estado.

Luego de arduas negociaciones con la oposición conservadora y con los grupos secesionistas del oriente del país se alcanzó un acuerdo que implicó “arreglos” e importantes concesiones de la bancada oficialista. Entre otros, el Movimiento al Socialismo aceptó modificar el artículo que permitía la relección del presidente por tres periodos, de modo que Morales Ayma sólo tendrá opción a ser relecto una vez, en los comicios generales de finales de 2009.

Pese a ello, aseguró Leonida Zurita, líder nacional de las bartolinas (la Federación Nacional de Mujeres Campesinas, que lleva el nombre de Bartolina Sisa, compañera del legendario Tupaj Katari), “estamos satisfechos con el resultado de la negociación porque avanzamos mucho en nuestros objetivos”. Los “arreglos” –avalados por la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), la ONU, la OEA y la Unión Europea– permitieron la redacción de un proyecto de Carta Magna concertado. Por eso “va a arrasar, porque convenció a todos, hasta a los seguidores del Tuto Quiroga y de los cívicos de la Media Luna”, aseguran.

Zurita y Surco estuvieron en días recientes en México. El presidente de la Conalcam, Fidel Surco, es hijo de una de las figuras históricas del movimiento quechua, Jacinto Surco. Después de pasar por el internado y el cuartel, como tantos hijos de campesinos, Fidel se forjó en las organizaciones populares, desde los cargos comunitarios más modestos, primero en el oriente y después en el norte de La Paz.

Leonida, hoy senadora suplente en la Asamblea Constituyente, originaria de la comunidad Central Mariscal Sucre, en el selvático Chapare, donde Evo Morales inició su liderazgo al frente de los campesinos cocaleros, fue fundadora de ese proceso. “Con Evo hemos estado en las buenas y en las malas, llorando y riendo, a veces recogiendo heridos y otras veces parando con nuestros huesitos en la cárcel”, refiere al recordar el trayecto que han recorrido juntos –ella y el presidente– desde principios de los noventa, “cuando nadie creía en nosotros”.

De esa experiencia de lucha, Leonida ha aprendido a graduar expectativas, a reconocer lo que se ha avanzado y lo que falta por andar, porque con Evo presidente “sólo tenemos la silla presidencial, no el poder”.

La aprobación de una nueva constitución para Bolivia ha polarizado a esta nación andina. El texto que será sometido a votación es la salida política encontrada hasta ahora al conflicto, ya que se encontraron puntos de acercamiento incluso en terrenos tan espinosos como el de las autonomías.

Dice Leonida Zurita: “En el proyecto de los grupos de la Media Luna, la autonomía es para los grupos económicos, una autonomía de facto para los departamentos que ellos controlan. Nosotros lo que queremos es una autonomía para los pueblos. Con los arreglos la autonomía va para los municipios, las regiones y los pueblos indios y es compatible con la autonomía departamental. Pero, sobre todo, Bolivia se reconoce como nación plurinacional. Finalmente se ha entendido que eso no significa que el país se vaya a dividir en 36 naciones. Nosotros estamos satisfechos”.

Otros artículos abordan la administración de las reservas federales del Banco Central, que es, dicen los dos líderes, la preocupación central del mandatario. Evo Morales recibió el país endeudado y con las arcas vacías. Por el cambio de régimen en la administración del gas y otros recursos, que pasaron a manos del Estado, ahora hay reservas por 8 mil millones de dólares. El nuevo texto constitucional propone que estos fondos puedan ser aplicados al desarrollo.

Justicia comunitaria y la tenencia de la tierra son otros de los aspectos donde se avanzó en el sentido de las luchas históricas, con las leyes de saneamiento y de tierra y territorio.

Explica Surco: “Por la falta de una reforma agraria, en el país se dan casos como el de Pando, donde el prefecto Leopoldo Fernández posee en propiedad la mitad de las tierras de todo el departamento. Esto se va a acabar mediante la normatividad del latifundio. Las grandes propiedades, si no cumplen una función social, van a ser reconvertidas. Se pueden tener extensiones hasta de 5 mil hectáreas para la agricultura y 10 mil hectáreas para la ganadería. Se va a acabar esa Bolivia en la que una vaca vale más y tiene, más tierra para ella que un indio”.

Pese a los acercamientos logrados, persisten temas que todavía polarizan a las fuerzas políticas representadas en la asamblea. La nacionalización de los recursos naturales es una de ellas. Los oficialistas y el movimiento popular defienden la rectoría del Estado sobre las empresas de explotación de los recursos y la asociación con empresas extranjeras “únicamente en calidad de socios, no de dueños”. La oposición de derecha promueve la apertura incondicional y el retorno al modelo anterior, que regía durante el gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada.

“Negociar con ellos –explica Leonida– es casi imposible porque su razón de ser es obstaculizar todo lo que proponga el Evo. Es una línea que aplican a rajatabla.”

Así enfrentaron, por ejemplo, la reforma constitucional que proponía la relección presidencial por tres periodos de cinco años. “Y fue Evo (Morales) quien nos dio la instrucción de ceder y dejarlo en una sola relección. Nos dijo que él no quería ser obstáculo para un acuerdo.”

 
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